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Falleció Molinuevo, avezado jinete y dirigente ejemplar

Tenía 95 años, era el padre del multicampeón del mismo nombre, Argentino, y ganó la admiración mundial
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4 de junio de 2006  

A los 95 años falleció en Buenos Aires Argentino Macedonio Molinuevo, un multifacético hombre ligado a la hípica de todas las formas posibles y que, por su calidad deportiva y su criterio administrativo cuando le tocó ocupar un lugar de dirigente, se ganó la admiración de sus pares. Era el padre del destacado jinete Argentino Molinuevo. Sus restos fueron inhumados en el cementerio Memorial, de Pilar.

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Con la desaparición del coronel Argentino Macedonio Molinuevo se va, ante todo, una figura de gran prestigio que llenó muchos espacios en el ámbito hípico argentino e internacional. Nacido en la provincia de Buenos Aires el 20 de mayo de 1911, fue siempre un activo participante de numerosos concursos locales y también foráneos. Cerró su carrera como dirigente de las instituciones de mayor relieve de la especialidad, inclusive en forma simultánea, lo que confirmó de alguna manera, su gran capacidad para la conducción.

Entre las funciones que lo tuvieron detrás de un escritorio, sobresalieron la presidencia de la Federación Ecuestre Argentina, ocho años al frente del Club Hípico Argentino y también la de director de la Escuela Militar de Equitación. Pero fue, más allá de todo, un eximio jinete que siempre se familiarizó con los puestos de avanzada, tanto en su país como en el exterior.

Su nombre ganó la consideración general cuando en 1952 fue nombrado jefe e integrante de un equipo que realizó una brillante gira por el Viejo Mundo, en la que conquistó cuatro de las siete Copas de Naciones que disputó. Números al margen, esos logros los obtuvo en los centros hípicos de la más elevada fama mundial.

Tal vez una actitud que lo pinta de cuerpo entero la protagonizó en los salones del Club Hípico, en 1959. Molinuevo había sido designado una vez más jefe de un equipo que debía competir en Viña del Mar. Antes de partir, se organizó una reunión a la que fueron invitados los periodistas de equitación y él, personalmente, se encargó de recoger cada sugerencia de éstos con el fin de sacar del estancamiento en el que se hallaba a la disciplina. Siempre estaba atento a las sugerencias para crecer, para sumar.

"Un dirigente de honestidad cabal, un gran soldado y sólo después, un gran jinete. Sus cualidades en la vida, para mí, llevaban ese orden", dijo Ernesto Molinuevo, su sobrino y ahijado. Un ciudadano preocupado, podría agregarse. Así lo testimonia una Carta de Lectores de LA NACION de 1988, en la que el propio Molinuevo pedía, preocupado, "una solución por el alocado transporte colectivo de pasajeros de nuestra ciudad". Todo pasaba por su aguda óptica. Desde sus cargos, cubiertos de responsabilidades, también se hacía eco de los problemas del ciudadano común. Y lo dejaba sentado, en forma de airado reclamo por algo que no consideraba ni lógico ni justo.

Como jinete, dirigente o coronel, en todos los ámbitos atrajo siempre la atención de quienes por un motivo u otro, tuvieron la suerte de tratarlo. Hoy es su hijo Argentino quien, en las pistas de salto, le da continuidad a la pasión que supo abrazar con tanto ahínco y por tantas temporadas.

  • Siempre peleó por la unidad bien entendida

    Lejos de los actuales cruces mediáticos que se profesan dirigentes de todas las áreas, cada vez que Molinuevo asumía una función, su primera acción era despedir con un aplauso a los miembros de las anteriores comisiones y pedirles públicamente que, de cualquier modo, siguiesen ligados a la entidad que le tocaba regir a él desde ese momento.
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