Margarita Stolbizer: "Con Lavagna vuelve el duhaldismo"

La rebelde dirigente del radicalismo enfrenta por igual a los radicales kirchneristas y a los nuevos radicales lavagnistas, entre ellos Raúl Alfonsín y el jefe de la UCR, Roberto Iglesias
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11 de junio de 2006  

Margarita Stolbizer, número dos del radicalismo nacional, está de acuerdo con que últimamente su partido se parece a un paciente bipolar: si hace quince días se debatía en la depresión, hoy nada sobre olas de euforia, desde que un sector del radicalismo -el que no está con K- impulsa una coalición con el peronismo disidente posduhaldista encabezada por Roberto Lavagna. Los radicales lavagnistas -¿podríamos llamarlos también radicales D, por Eduardo Duhalde?- son casi la totalidad de la cúpula radical, más las figuras de mayor peso institucional del partido, más Raúl Alfonsín y sus herederos: Federico Storani, Leopoldo Moreau, Jesús Rodríguez.

Stolbizer no está ni con unos ni con otros. Tampoco quiere romper con el partido ni irse con Lilita Carrió, según jura durante una entrevista con LA NACION. "Muchos radicales celebrarían que yo me vaya; me quieren empujar con Carrió, así les queda un partido pequeño, funcional a sus intereses, y con más cargos para repartir entre pocos", dispara esta abogada que saltó a la fama en la elección de 2003, cuando resucitó a su partido en medio del naufragio en que lo había dejado De la Rúa. En aquel año, y como candidata a gobernadora en territorio bonaerense, cosechó medio millón de votos -el 11 por ciento-, contra pronósticos que le auguraban un uno o un dos por ciento como máximo.

Aquella revelación le dio autonomía y, también, chapa de rebelde. Ahora se resiste a las soluciones mágicas y se resiste, también, a discutir una candidatura como si fuera una tabla de salvación. Y Lavagna hoy es justamente eso para la UCR, según dictamina Stolbizer. E ironiza: "Si hubiera que fijar hoy una posición en la UCR, no se podría anticipar quiénes ganan: si los que quieren irse con Kirchner o los que quieren irse con Duhalde. Yo no tengo ese cálculo".

Pero tiene otro: calcula que es un error estratégico y electoral la nueva coalición en ciernes hacia la que marcha, eufórico, su partido.

- ¿Por qué?

-Porque nosotros, con Roberto Iglesias [el jefe de la UCR], veníamos ejerciendo una oposición dura y definida con respecto al gobierno nacional. De manera que, en términos de estrategia, no parece muy lógico elegir para confrontar con Kirchner a quien fue el ministro estrella de Kirchner. Creo que el radicalismo debe primero discutir un proyecto político y luego buscar una coalición que coincida con esa visión de país. Quienes defienden una misma visión buscarán los candidatos que mejor la expresen. Pero aquí está pasando exactamente lo contrario. Se busca una persona de prestigio, como es Lavagna, a modo de tabla de salvación, y yo no estoy más dispuesta a discutir estrategias de supervivencia de un partido que agoniza. Y otro de los efectos de este intento de coalición es que se legitima a aquellos radicales que buscan un acuerdo con Kirchner y que ahora se sentirán liberados para hacerlo. Porque, en definitiva, quienes alientan un acercamiento con Lavagna están siendo funcionales a esa división. Unos con Kirchner; otros con Duhalde.

- Los duhaldistas cuentan que Duhalde respalda silenciosamente a Lavagna pero que mantedrá su bajo perfil para no perjudicar sus chances de antemano.

-Esta semana les dije a los que estuvieron en esa reunión que Lavagna no viene solo, con Lavagna vuelve el duhaldismo: su base política es el duhaldismo bonaerense. Ahora también han salido los menemistas a decir que la candidatura no está tan mal, y en cualquier momento se nos aparece (Luis) Patti, que está conectado con los duhaldistas. Por eso, yo digo que el radicalismo tiene que discutir internamente. Por ejemplo, cuáles son los límites de esta alianza. Hay que fijar límites, de lo contrario Lavagna terminará siendo la locomotora del tren fantasma. Más allá de esto, nosotros hemos hecho una oposición muy fuerte al duhaldismo en la Provincia. Denunciamos el vaciamiento del Banco Provincia, las contrataciones y compras de manera no transparente, el uso menos claro todavía del fondo del conurbano, los indicadores más altos de indigencia y de pobreza que son la consecuencia de muchos años de gobierno peronista. ¿Cómo salgo yo ahora a explicar que todas las cosas que dije las borro con el codo sentándome a acordar con los mismos a los que denuncié?

- ¿Y cómo va a hacer? Rondan versiones de que se iría con Elisa Carrió.

-Me parece horripilante

- ¿Carrió o la versión?

-La versión; creo que tienen ganas de empujarme a que me vaya con Carrió, que es diferente. Se ha dicho, incluso, que quiero ser candidata a gobernadora de ARI, otra idea descabellada: nunca lo sería. Hace unos seis años que no hablo con Lilita, no tengo relación personal con ella y, por el contrario, tengo muchas diferencias, sobre todo en cuanto a la construcción política.

- ¿Cómo cuáles?

-Le reconozco a Carrió un liderazgo moral y coincido con muchos de sus planteos políticos. Pero la verdad es que no me parece un mecanismo muy democrático señalar con el dedo quiénes son los buenos y quiénes los malos.

- Pero, Margarita, usted hasta hace poco propiciaba una alianza de la UCR con Carrió y el socialismo, ¿cómo se explica?

-No, lo que yo planteaba, que también enojó mucho a los radicales, era hacer una coalición amplia, que reconociera liderazgos de otros partidos. Eso excede a Carrió y al socialismo.

- ¿Le dolió que Carrió dijera que con el radicalismo no iba ni a la esquina?

-Por supuesto que sí; me duele la descalificación permanente que ella hace de mi partido. Tiene comportamientos muy embromados Lilita. Pero no me quiero meter en eso.

- Volviendo a Lavagna, ¿es un nuevo Pacto de Olivos esta alianza de radicales y duhaldistas?

-No; creo que las condiciones son distintas. El Pacto de Olivos fue el principio de nuestra decadencia política y electoral, pero sigo reconociendo que en ese pacto hubo una intencionalidad patriótica y honesta en su impulso, más allá de sus malos resultados.

- ¿Y cómo lo ve ahora a Alfonsín, que casi vistió a Lavagna de candidato?

-Para empezar, tengo por Alfonsín un afecto y un respeto enormes; yo fui fanática alfonsinista en los ochenta. Pero después de eso, creo que se enredó en cuestiones domésticas que no lo ayudaron a construir el liderazgo superador que debió haber tenido. Y, definitivamente, en los últimos quince años orientó al partido hacia decisiones equivocadas. Creo que Alfonsín tiene hoy un liderazgo que usa y aprovecha, y además creo que la culpa es también de todos aquellos que, muchas veces, lo utilizan a él.

- ¿Se refiere a sus herederos, Leopoldo Moreau, Jesús Rodríguez, Federico Storani?

-Sí, claro Pero, además, hoy tengo una posición distante de la conducción de Iglesias porque ellos avalaron el acercamiento a Lavagna, sin consultarme, y yo soy la secretaria general del partido. A mí nadie me informó esta semana sobre la reunión en la que participaron cuatro miembros de la conducción de la UCR y los jefes de bloque.

- ¿Y cómo vivió esa exclusión?

-Mal Se me excluyó porque todos sabían que pensaba distinto.

- ¿Cómo quedó, entonces, su relación con Iglesias, otro de los promotores del acuerdo?

-Le planteé que su actitud de no informarme es una ruptura de las reglas de juego para quienes vinimos acá con la intención de cambiar algunas cosas; y que esto demuestra que no cambiamos nada. Pero hay otro punto, igual de grave: el Gobierno está impulsando un apresuramiento desmedido en el tema de las candidaturas y creo que nuestro partido no debería prestarse a ese juego. Esta discusión anticipada distrae la atención de los problemas de la Argentina y provoca una crisis no sólo de representación sino de confianza. Aquí nadie parece darse cuenta de que hay un sistema político que ha colapsado y que no se reconstituye con candidaturas.

- ¿Y no se plantea si no será usted la equivocada al rechazar una coalición con Lavagna? Le pregunto porque usted planteó hace poco que la UCR está desorientada. Supongo que usted se incluye.

-Si, por supuesto: todos estos días me he estado preguntando si no seré yo la equivocada. Pero después escucho que los radicales que están defendiendo este acuerdo vienen con este argumento: "Y por ahí con Lavagna podemos tener más diputados; mantener las intendencias " Lo mismo que se dice con Kirchner. Realmente, todos los radicales que defienden hoy un acercamiento con Lavagna lo hacen para ver si mejoramos nuestras chances electorales. También me dicen: "Pero Margarita, a la gente le gusta Lavagna". Y yo digo: y también le gusta Kirchner, y antes le gustaba Menem. Pero no se puede hacer una coalición porque a la gente le gusta Lavagna; hay que debatir ideas. Y en relación con el mareo en el que estamos todos, creo que está definitivamente desorientado un partido de oposición que se plantea integrar el oficialismo.

- Ironizando sobre esta remozada sociedad de peronistas y radicales, Kirchner aconsejó tener buen sueño para no toparse con los fantasmas del pasado...

-[Se ríe a carcajadas] El muerto se asusta del degollado. Justo él, con todos los muertos vivos que carga en sus espaldas

-Sin embargo, hay algo que sigue sin quedar claro: si se hubiera dado esta discusión de proyecto que usted reclama, ¿entonces sí lo aceptaría a Lavagna?

-Si acá hubiera habido una definición en términos de ideas y programas y eso define que Lavagna es el emergente, podría haber sido Lavagna.

- Entonces, no descarta integrar finalmente esta coalición.

-Soy una persona bastante orgánica, a pesar de lo que digan de mí.

- Dicen que usted es la rebelde. ¿Se puede ser rebelde y orgánica al mismo tiempo?

-Digo lo que pienso; además, estoy harta de que otros tomen decisiones por mí. Por lo tanto, lo que voy a hacer es promover todos los espacios posibles de discusión adentro del partido, porque estoy convencida de que mis reservas son las de muchos radicales que se fueron a su casa.

El perfil

El perfilinicios

Margarita Stolbizer nació en Morón en 1955. Es abogada y empezó su militancia en la juventud radical. En el 85 fue elegida concejal y, en ese período, tuvo una actuación destacada en la primera destitución de Juan Carlos Rousselot.

Revelación

En el 89 dejó la actividad pública y tuvo tres hijos. En el 97 fue elegida diputada nacional y reelegida por el período 2001-2005. En 2003 se convirtió en una revelación electoral. Actualmente, es la número dos de la UCR nacional.

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