Pironio pasó a ser "siervo de Dios"

En una emotiva ceremonia, la Iglesia exaltó las virtudes del cardenal argentino
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24 de junio de 2006  

ROMA.- En una ceremonia solemne, en la que se habló en latín y se entonaron el Himno de los Apóstoles y el Magnificat, el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, abrió ayer el proceso de beatificación del cardenal argentino Eduardo Pironio.

En el primer piso del Palacio Apostólico del Laterano, decorado con frescos espectaculares, Pironio (1920-1998), una de las figuras más importantes de la Iglesia latinoamericana, pasó formalmente a ser "siervo de Dios".

Así lo explicó a LA NACION monseñor Gianfranco Bella, juez de la causa y presidente del tribunal diocesano de esta ciudad, que comenzará a recopilar testimonios sobre la vida de Pironio. "No se puede prever el tiempo que pasará [antes de que el recordado obispo argentino sea elevado al honor de los altares]", aseguró, ante una pregunta.

Luego de un ritual en latín, que incluyó la lectura y firma de distintas actas por parte del postulador de la causa, el monje benedictino don Giuseppe Tamburino, el cardenal Ruini leyó en italiano un breve perfil del nuevo "siervo de Dios", que definió como un "hijo ilustre de la tierra argentina", y un hombre que "amó apasionadamente a la Iglesia, que vivió la Iglesia y que sintió a la Iglesia".

Destacó como de "buen auspicio" el hecho de que su proceso de beatificación se abriera durante la jornada en la que se celebra la solemnidad del Sagrado Corazón, y recordó la "milagrosa" historia de su madre, a quien a los 18 años, después de haber dado a luz a su primer hijo, le habían advertido que podía morir si tenía más niños. La mujer, muy religiosa, vivió hasta los 82 años, y tuvo 22 hijos.

Ruini habló de la "santa vida" de Pironio. Evocó su formación, su ordenación sacerdotal en Luján en 1943, su participación como perito en el Concilio Vaticano II, su designación como obispo de Mar del Plata en 1972 y su elección como presidente del Consejo Episcopal Latinoamericana (Celam), "una experiencia muy fecunda". Sin mencionar las persecuciones que sufrió en la Argentina por ser considerado muy cercano a la izquierda, recordó que Pablo VI en 1974 lo llamó a Roma para predicar los ejercicios espirituales de la Curia; luego lo designó al frente de la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada y lo creó cardenal en 1976.

Ruini también mencionó que, en una entrevista de 1995, Pironio dijo: "Me parecía haber retrocedido a un cargo de serie B", cuando Juan Pablo II lo nombró en 1984 presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, pero que más tarde se había dado cuenta de que eso había sido una promoción, "porque los laicos son la mayoría del pueblo de Dios".

Los expertos en cuestiones vaticanas ubican a Pironio -papable durante los dos cónclaves de 1978- en el sector progresista (era muy amigo del obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero y del padre general de los jesuitas Pedro Arrupe) y estiman que su designación al frente del dicasterio de los laicos había significado para él un virtual destierro.

Ruini destacó el papel de Pironio en la organización de las primeras Jornadas de la Juventud, su dedicación y amor hacia los jóvenes, y su entereza a la hora del sufrimiento y la enfermedad. Tras padecer cáncer de huesos, Pironio murió en Roma el 5 de febrero de 1998, a los 77 años.

"Fue un hombre de profunda cultura teológica y espiritual. Las tres palabras que marcaron su vida fueron cruz, silencio y oración", agregó. Y citó las palabras de Juan Pablo II en sus funerales, el 7 de febrero de 1998, en la basílica de San Pedro: "Fue un testigo de la fe valiente que sabe confiar en Dios".

Monseñor Fabriciano Sigampa, arzobispo de Resistencia, delegado por el Episcopado argentino, destacó el "genuino aporte" del cardenal Pironio a la Iglesia universal. "La Iglesia necesita hoy de estos testimonios que ayudan a la evangelización", expresó.

Un largo aplauso, lleno de fervor, invadió entonces el imponente salón del Palacio del Laterano, al lado de la basílica de San Juan de Letrán. Como la mayoría de los presentes, padre Fernando Vérgez, un religioso español que durante 23 años fue secretario personal de Pironio, no ocultó su emoción. "Es una inmensa alegría ver que se da este paso", dijo a LA NACION Vérgez, que contó también que existen varias gracias y curaciones por intercesión de Pironio, pero que aún no se han hecho los estudios como para que puedan resultar milagros.

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