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Lilian Thuram, el intelectual que no deja pensar a sus rivales

Juan Pablo Varsky Para LA NACION
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6 de julio de 2006  

MUNICH.- El 8 de julio de 1998 cometió dos errores y puso a Francia en la final de un Mundial. Ante el triunfo parcial de Croacia, decidió proyectarse permanentemente por el lateral derecho y facturó el inolvidable doblete que dio vuelta aquella semifinal de París.

"Me equivoqué dos veces en el mismo partido", dice siempre sobre su obra más importante. Nunca antes había marcado un gol con la selección y nunca más volvió a marcar. Con 120 funciones, es el futbolista con más partidos internacionales en la historia de los Bleus . Y sólo esos goles, sus dos errores

Lilian Thuram es uno de los futbolistas más requeridos por la prensa francesa. Compulsivo lector, se preocupa por fundamentar cada respuesta con frases bien elaboradas y con riqueza de vocabulario. "Habla mucho mejor que la mayoría de nosotros", me dijo un periodista televisivo que lo conoce bien. Desde tratados de filosofía clásica hasta la edición diaria de Libèration, el periódico fundado por Sartre, Thuram consume todo el material que lo ayude a pensar.

No son pura pinta las gafas que usa fuera de la cancha. Sus compañeros lo reconocen como un intelectual. En octubre de 2005, se animó a opinar sobre las revueltas juveniles en los suburbios que tanto complicaron a Dominique de Villepin. Al escuchar su reflexión que intentaba comprender a los agitadores y contextualizar los incidentes, el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, lo convocó para un intercambio de ideas.

Tutu nació en la Isla Guadalupe y desde las Antillas francesas llegó a París a los 9 años. Se crió en un barrio con desempleo, pobreza y delincuencia. Nunca se olvidó de su infancia e impulsó la creación de escuelas formativas para los chicos de la calle. Los cazatalentos lo descubrieron enseguida y a los 20 comenzó su carrera profesional en Mónaco.

Debutó en la selección el 17 de agosto de 1994, un amistoso contra la aún Checoslovaquia. Le tocó marcar a Thomas Skuhravy, el "Gigante del Este" que se había destapado con cinco goles en Italia 90. Un delantero duro de domar, ideal para la primera página de su currículum. Francia estaba armándose para su Mundial después de las frustrantes ausencias en Italia y en EE.UU.

Ese día también se estrenó con los Bleus un tal Zinedine Zidane. El domingo 9 de julio, respetarán su promesa y se despedirán del seleccionado tras una gloriosa carrera que, por ahora, registra una Copa del Mundo (1998), una Eurocopa (2000) y una Copa Confederaciones (2003). Todo lo hicieron juntos hasta un retiro con regreso entre la Euro 2004 y Alemania 2006. No está nada mal despedirse de la selección en la final del Mundial.

Pero mientras ZZ deja el fútbol, Thuram le dice au revoir al equipo nacional. Ni él sabe dónde seguirá su carrera. Por el escándalo de las apuestas, Juventus puede descender a la Serie C aunque cuente con ocho futbolistas en la final del Mundial. Se abrazará con Buffon y Cannavaro, amigos desde Parma. Allí jugó desde 1996 a 2001, ganó la UEFA en el 99 y compartió planteles con muchos argentinos: desde Ortega a Verón, pasando por Sensini y Crespo. Para Hernán es el mejor defensor del mundo.

En la Vecchia Signora, ganó cuatro títulos de liga, con los últimos dos en duda por el affaire de los partidos arreglados. Estuvo a punto de pasar a Lazio, pero se enteró de que la dirigencia había roto un contrato con el israelí Rosenthal por la presión de los ultras. "No juego para fascistas". Al ángulo.

Comenzó el Mundial tan vacilante como el equipo. Dudó en una pelota cruzada y le permitió al coreano Park empatar el partido. Tras ese 1 a 1, hubo terapia de grupo en el castillo del Barón de Munchausen.

Thuram llevó la voz cantante en esa reunión clave para entender la resurrección de este equipo. Cuando le preguntan por lo más importante del fútbol, no habla ni de táctica ni de estrategia. "Este juego es un asunto de solidaridad entre compañeros".

Anoche estuvo imperial con 20 recuperaciones de balón: 2 cruces, 7 cierres y 11 interrupciones. Jugó el partido perfecto: seguro, firme, bien ubicado y marcando por presión a Pauleta.

Dentro del campo, el intelectual no deja pensar a sus rivales. Todo cierra en su carrera. El 5 de julio de 2006, Lilian Thuram no cometió ningún error y nuevamente puso a Francia en la final de un Mundial.

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