En memoria de Assunçao, un señor gaucho

El notable investigador uruguayo, que falleció a los 75 años, se destacó, entre otras cosas, por su vocación de indagar archivos documentales y su aporte en el estudio del folklore
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22 de julio de 2006  

El 3 de mayo pasado falleció, en San Pablo, Brasil, el estudioso uruguayo Fernando Octavio Assunçao. Había participado de un congreso reunido por la Unesco en Portugal, patria de su familia paterna, y, tras visitar el pueblo de donde ésta era originaria y encontrarse con sus parientes, se disponía a volver a Montevideo cuando, en el aeropuerto de San Pablo, mientras esperaba para hacer trasbordo, lo sorprendió la muerte.

Pese a los homenajes que se le han tributado, tal vez ni la República Oriental del Uruguay ni la Argentina se han dado cuenta aún, en su verdadera dimensión, de la gran pérdida que aqueja, con su desaparición, al sector más entrañable de nuestra cultura histórica y presente.

Fernando O. Assunçao fue, en el Río de la Plata, el último gran representante del tradicionalismo de pensamiento, de palabra y de obra. Sus profundos sentimientos patrióticos excedían los límites uruguayos para abarcar también a la Argentina, al Paraguay y a los estados del sur de Brasil, y se nutrían de las raíces ibéricas que le brindó la fuerte herencia lusitana de su padre.

El primer objeto de su interés fue el estudio del gaucho, al que a partir del trabajo inicial, Génesis del tipo gaucho en el Río de la Plata (1957), dedicó libros fundamentales e insoslayables para la comprensión de su conformación en el tiempo y en el espacio y de su destino social. Sentía palpitar dentro de sí mismo a ese tipo humano rioplatense y eso lo llevaba, hasta los últimos meses de su vida, a montar a caballo, a lucir para ello prendas de vestir propias del jinete ganadero, a participar en desfiles patrióticos y nativistas junto a su familia, como un auténtico patriarca. Porque predicaba que el ser gaucho no es facultad de una raza ni de una clase social: es una actitud ante la vida.

La historiografía fue su mayor vocación como investigador. Gran indagador de archivos documentales, lector dedicado e inteligente de todo lo que se ha escrito sobre los temas de su interés, estas prácticas intelectuales no quedaban reflejadas solamente en sus numerosos y fundamentales libros y tratados, sino también en obras públicas tan importantes para su país como la reconstrucción y restauración de la ciudad de Colonia del Sacramento y la creación del Museo del Gaucho de Montevideo, modelo en su género, así como la organización y planeamiento de muchos otros museos, y de muestras de colecciones de objetos de significación histórica o tradicionalista, realizadas con las técnicas museológicas más actualizadas.

Fue un coreólogo excepcional y, lo mismo que su esposa, Margarita Corallo, un gran intérprete de la danza tradicional rioplatense, tanto rural como urbana. Dedicó varios libros al tema de los bailes campesinos, terreno en el que realizó aportaciones originales. Sus descubrimientos continúan la labor del argentino Carlos Vega y la de su discípulo oriental Lauro Ayestarán, en cuanto a la aplicación de la teoría de Curt Sachs sobre descenso y ascenso de los bailes sociales, y las completa con datos nuevos, sobre todo por sus investigaciones sobre la influencia azoriana en el folklore coreográfico uruguayo, que comprueban transculturaciones de "pueblo a pueblo" que no habían podido demostrarse tan claramente en el caso de la herencia de España y de lo que George Foster llamó "cultura de conquista". En este sentido, sus trabajos sobre "La Firmeza", "La Chamarrita" y "El Caranguiyo" son fundamentales, lo mismo que sus observaciones sobre la influencia proveniente de las islas Canarias en muchos aspectos de la cultura popular de la República Oriental del Uruguay.

Al tango le dedicó un libro notable por sus facetas anecdóticas unidas a las que surgieron como consecuencia de una cuidadosa investigación. Se titula "El tango y sus circunstancias", fue publicado por El Ateneo de Buenos Aires y en su segunda edición contiene un CD ilustrativo.

Poeta, maestro, ensayista

Caballero de vasta cultura, había realizado en su juventud estudios de medicina y había adquirido su especialización histórica y antropológica en Montevideo y en Buenos Aires, donde había trabajado con el doctor Augusto Raúl Cortazar, que tanto lo apreciaba y de quien Assunçao se consideraba discípulo. Conocía cinco idiomas y era un notable artista plástico. Amaba la música y cultivaba la poesía como que, además de ensayista de fuste, fue también autor de una muy interesante obra poética, el "Romancero oriental", así como de letras de tangos y canciones. Ejerció la docencia en entidades de educación media, superior y universitaria del Uruguay, de la Argentina y otros países, y participó en casi innumerables congresos y reuniones técnicas. Fue uno de los estudiosos que acumularon más distinciones por su labor intelectual, tanto en Uruguay como en el orden internacional: premios, condecoraciones, altas designaciones académicas y en la función pública de proyección cultural de su país. Debo destacar que era presidente del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, el equivalente a nuestras academias de Historia y de Geografía y miembro distinguido del Rotary Club Internacional. Fue, en todas partes, un excepcional embajador de las esencias culturales del Uruguay y, por extensión, de toda el área rioplatense donde cosechó en muchas personas sentimientos de la admiración y del afecto.

No es posible reseñar en pocas líneas, sin empobrecerla, una vida tan plena de realizaciones. Y, sobre todo, no es sencillo reflejar con palabras el espíritu que impregnaba todos los actos de Fernando Assunçao, sus fervorosas convicciones, su apasionada contracción al trabajo, su generosa manera de brindarse, su finura crítica y su perspicacia interpretativa, su humor bueno de caballero criollo, elegante, "decente", medido, pero pleno de la alegría retozona que surge en los ojos de quien tiene un alma limpia, una intención recta.

Nada será igual en la cultura rioplatense desde la partida de Fernando Assunçao. Con él se ha ido a la casa del Padre el espíritu del último señor gaucho del Río de la Plata, a quien he tenido el privilegio de tener como entrañable amigo.

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