Versiones y perversiones

El rock recurre cada vez más a covers, mash-up y tributos. Crisis compositiva y nuevos modos de creación.
Ernesto Martelli
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1 de agosto de 2006  

La enumeración sería ociosa porque, seguramente, todos tienen algún álbum de esta categoría en la colección personal, pero en el último tiempo lo que podía leerse como tendencia se ha vuelto tanto un signo recurrente como una clave de época. Podemos preguntarnos: ¿es producto de un agotamiento creativo o la reverencia por los próceres es siempre bienvenida en el mundo del rock?

Apuntemos sólo dos casos, bien actuales, bien visibles. Por un lado, la llegada del fenómeno Bossa n’ Stones al Gran Rex. Craneado como criatura de diseño por Music Brokers –fue uno de los casos destacados de la temporada 2005 en el Anuario RS– , dejará de ser un proyecto anónimo encerrado en un disco compacto y destinado a musicalizar bares y oficinas para devenir en un artista en vivo que debutará en uno de los teatros porteños más prestigiosos. Por el otro, el impecable disco que Will.I.Am –productor de Black Eyed Peas– construyó alrededor de la figura y las canciones de Sergio Mendes, hitero compositor del lado pop de la música brasileña de los 60. El álbum, Timeless, suma a Mendes con invitados de la nueva generación de la música negra, como John Legend, Jill Scott o India.Arie para dar forma a versiones contundentes y sabrosas.

A eso se pueden sumar desde un álbum de versiones célebres de temas de los Rolling Stones (Paint it Black) hasta el suceso que las bandas-homenaje obtuvieron emulando a artistas como Queen, Pink Floyd –en sus distintas épocas– o AC/DC.

El antes prolífico Andrés Calamaro es uno de los protagonistas de este boom. En sus últimos dos discos de estudio, El cantante y Tinta roja, repasa un repertorio de canciones ajenas y populares. Y ahora le toca que, en Calamaro querido, el rock nacional le rinda tributo a él. Resultados a la vista: en la tercera semana de julio, el ranking de la cadena Musmimundo tenía a El Salmón ocupando el primero, segundo y noveno puesto.

Atrás quedó el fenómeno del remix, como recurso de adaptación a la cultura bailable, de todos y cada uno de los hits. Ahora, los mash-ups dejaron de ser una novedad del underground dance para ser alto recurso creativo. Algo de eso se puso en escena en la fiesta por las 100 ediciones de ROLLING STONE: en vivo, Arbol armó un gran tema mezclando versiones de La Renga, Metallica, Intoxicados y más; en las bandejas, Villa Diamante sorprendió con sus versiones de bastard pop. Con formato similar, Kapanga cautiva festivales rockeros y Zuker resalta en el contexto dance con su proyecto XP.

Cierto es que la cultura rock está asociada a las versiones desde los primeros gritos de los Rolling Stones tributando a los bluseros. También, que la idea de songwriter –la figura coincidente de autor e intérprete– tardó en aparecer e imponerse tanto como la idea de álbum de larga duración por sobre el hit o el single. Pero la música, envasada digitalmente y de fácil almacenamiento, así como las posibilidades de manipulación, alteran el modo de producción, circulación y consumo de música de un modo incesante. Así las cosas, escuchar versiones novedosas de melodías familiares, disfrutar perversiones irrespetuosas de temas famosos o detectar cruzas bastardas de clásicos fácilmente reconocibles es un modo de experimentar la música que mezcla partes iguales de homenaje al pasado e irreverencia creativa.

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