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Inflación reprimida

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16 de agosto de 2006  

Aunque las últimas estadísticas oficiales indiquen que el nivel general de precios está aumentando a un ritmo menor y proyecten una inflación minorista levemente inferior a los diez puntos, no sólo asistimos hoy a un control de precios, sino también a una suerte de control del índice de precios que dificulta percibir la inflación reprimida.

Desde antes de la llegada de Néstor Kirchner al poder, el congelamiento de las tarifas públicas y la introducción de derechos de exportación fueron los instrumentos aplicados inicialmente para amortiguar los efectos de la devaluación. Aún hoy, después de cuatro años, siguen vigentes. También contribuyeron a reducir el traslado de la devaluación a los precios, la fuerte recesión y el alto desempleo que caracterizaban aquellos momentos. Ni los comerciantes deseaban afectar sus ya reducidas ventas, ni los trabajadores y empleados presionaban sobre los salarios, sino más bien por retener sus puestos. Luego de un primer impulso en los índices de precios, a partir del segundo semestre de 2002 y hasta mediados de 2004, la inflación se redujo apreciablemente. Además, por efecto de los congelamientos tarifarios, el retraso salarial y la disminución de los márgenes de comercialización, se produjo un desfase entre la evolución de los precios minoristas y los mayoristas. Los primeros habían aumentado el primer año un 53 por ciento mientras que los segundos crecieron más de un ciento por ciento.

La reactivación económica determinó que, desde fines de 2004, la capacidad instalada se empleara más intensamente y el mercado laboral tendiera a normalizarse. La política de sostenimiento de un tipo de cambio alto determinaba una expansión monetaria que dejó de ser absorbida por el público. Por otro lado, el gasto público mostraba un significativo crecimiento. La inflación reapareció en niveles crecientes que, aunque todavía limitados, pusieron el problema en primer plano y requieren soluciones.

El Gobierno optó por actuar sobre las consecuencias antes que sobre las causas. Se introdujo el control de precios con la denominación eufemística de acuerdos, abarcando un número creciente de artículos y sectores de actividad. La designación en la Secretaría de Comercio Interior de un funcionario afecto a fuertes mensajes de palabra o de acción creó un clima de temor que dio cierta efectividad al control. Se apeló además a medidas tan extremas como la prohibición de determinadas exportaciones. Se puede afirmar que hay ahora inflación reprimida, evidenciada en la persistencia de fuertes distorsiones en los precios relativos.

Aquel desfase entre precios minoristas y mayoristas no se ha corregido. El propio índice de precios minoristas del Indec marca la diferencia entre precios regulados y no regulados, pero incluyendo en los primeros sólo las tarifas públicas. No se expone, sin embargo, el grado de represión de la inflación debido a los llamados acuerdos que abarcan ítems que tienen una importante ponderación en el índice.

Nadie duda de la solvencia profesional del Indec, pero, cuando los datos divergen de la percepción social sobre el mismo fenómeno que está midiendo, su confiabilidad se resiente. Esto es lo que parece ocurrir con el índice de precios al consumidor. Las encuestas muestran que, para la mayoría, los precios crecen más que lo que dice el índice oficial.

La práctica cotidiana de comprar y pagar la canasta de consumo de cada hogar es el metro contra el que se compara el índice estadístico. Es difícil, en efecto, que la población concuerde, como señala éste, que los precios de los alimentos han subido sólo el 5,5 por ciento desde diciembre del año último. Una revisión de los tickets de los supermercados, o los relevamientos de las asociaciones de consumidores, entre otros, posiblemente dirían algo distinto.

Estas diferencias se intensifican, y mucho, cuando hay regulación de ciertos precios, como ocurre desde comienzos del año. El Gobierno ha impulsado acuerdos con empresas líderes en rubros de un listado limitado, con especificaciones precisas. Estas listas abarcan principalmente los artículos considerados mensualmente en la construcción del índice. Las variedades que no están en el listado, y que son la mayoría, tienen una mayor flexibilidad de precios. Esto lleva a una disparidad entre la evolución del índice oficial y la realidad del mercado. Además del control de precios es probable que haya un control del índice de precios que no permite percibir la inflación reprimida. Por supuesto que así no se soluciona la inflación.

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