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Sergio Ch: "El Ruso Sofovich caía a comer a casa"

El guitarrista de Los Natas pide porro por contrato y recuerda sus cenas farandulescas.
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1 de septiembre de 2006  

Un retrato de los hermanos Santiago y Sergio Chotsourian podría titularse como el clásico film del brasileño Glauber Rocha: Dios y el diablo en la tierra del sol. Santiago es licenciado en Composición y Dirección Orquestal y Coral por la Universidad Católica Argentina. Sergio, cantante y guitarrista de Los Natas, lo reconoce como una de sus influencias musicales más tempranas. "Tengo el recuerdo de tocar el piano con él, o escuchar música juntos. Tenía un mini-moog y un Roland, y con sus amigos tocaba una onda medio psicodélica. Yo era pendejo, tendría unos 8 años, y ya iba a los ensayos", recuerda. ¿Y qué más le dice Santiago acerca de Los Natas? "El estudió muchísimo para llegar a componer y dirigir una orquesta. Le costó entender que con tan pocos elementos y tan poco estudio pude llegar a grabar discos. Pero cuando viene a los shows, sale bastante despeinado y dice que escuchar a Los Natas es «una experiencia». Cuando le muestro temas nuevos, siempre insiste en buscar la figura musical. En ese sentido, nos ha enseñado muchísimo", dice Sergio. En sus respectivos circuitos, las obras de Santiago y el grupo de Sergio alcanzaronuna amplia repercusión en distintos lugares del planeta.

Parece como si, desde un principio, Los Natas hubieran tomado conciencia de la importancia de la proyección internacional…

Siempre tuvimos en claro que no teníamos que limitarnos a la proyección local. O sea, nunca pensamos en la magnitud de la proyección internacional. Cuando empezó, tampoco sabíamos en qué iba a terminar. No conocíamos la escena stoner, por ejemplo. Pero ya estaba claro que había que abrirse a otras cosas.

¿Cómo se conectaron con la escena stoner?

Fue de casualidad. Cuando grabamos el primer álbum, Delmar, yo empecé a bajar direcciones de revistas de afuera, como la Spin o la Metal Hammer. Y también las de los sellos de las bandas que me gustaban: The Cult, Suicidal Tendencies, Minor Threat… Una copia de copia de copia le llegó al chico del sello Mans Ruin, Frank Kozik, y él nos contactó directamente. El pibe que le dio la copia es el que armó el primer compilado stoner, Welcome to Meteor City. O sea que fueron stoner antes de que exista ese rótulo…Ya hacíamos ese sonido, y nos había llegado por diferentes lugares. Pero, principalmente, desde lo emocional: es el espíritu de lucha del rock de los 70, que se había dejado de hacer. El sonido nos fue llegando por otros lados pero, al final, llegamos al mismo lugar.

¿Sigue existiendo esa etiqueta?

Al principio era novedoso. Después se empezó a desvirtuar todo, y el término"stoner" pasaba solamente por fumar, hacer cierto riff, y tener equis modelo de amplificador de guitarra. Se volvió algo vacío de significado. Al principio era un término común a un montón de bandas, con ciertas influencias y con una ideología. A partir de ahí, se fue medio oscureciendo. Y cada una de esas bandas que comenzamos en esa primera historia fueron agarrando diferentes caminos.

¿Cuál fue el de Los Natas?

Nosotros fuimos probando diferentes cosas, nunca fuimos derecho hacia un lado. Lo nuestro siempre va cambiando mucho. El sonido es el mismo, la razón es la misma. En su momento nos despachamos con Corsario negro, que era más metalero y doom, para lo que era el stoner. Después hicimos sesiones más experimentales y surgió Toba-trance. Para mí, El hombre montaña es más rockero.

¿La dinámica de los shows en Europa es distinta?

En un punto es lo mismo tocar en Tucumán, en Rosario o en Estrasburgo. La gente, allá, tiene otra infraestructura mental, y enseguida te quieren dar todo lo mejor. Pero la reacción de la gente es la misma en cualquier lado…

¿Y el catering?

En los países donde está permitida la marihuana, hay una porción que nos corresponde por contrato. Y nos esperan con eso. En Amsterdam, por ejemplo, nos mandaron al coffee-shop de la vuelta [risas].

¿Cuál es el mejor estado para percibir la música de Los Natas?

Generalmente, estar en compañía de poca gente. Y con algo que te relaje: una copa de vino, un porro, un whisky, un cigarrillo… lo que sea que te tranquilice un poquito.

¿Y en vivo?

Hay que estar abierto a cualquier cosa. La gente va cada vez más preparada para eso. Está bueno tocar con la gente sentada.

Son pocas las bandas de rock que se bancan tocar con la gente sentada…

Nosotros, generalmente, nos adaptamos bien a distintas circunstancias: el otro día, por ejemplo, tocamos en Radioset. La última vez que habíamos tocado ahí, habían vibrado los vidrios de todo Puerto Madero. Esta vez hicimos un show más acústico, y estuvo muy bueno. Mientras tanto, dj Trincado pasaba discursos del Papa para atrás. Lo tomamos como algo natural. Lo mismo que tocar en Creamfields.

Algo llamativo es el modo en que incorporan el humor…

Nunca nos vamos a tomar en serio ser las huestes del metal con la espada de la verdad. Siempre tuvimos un humor medio salado, desde habernos relacionado con Alberto Migré hasta el tema que le hicimos a Tufi Meme.

¿Alberto Migré?

Sí, en una época venía a comer a mi casa una vez por mes porque mi viejo laburaba en ATC. También caía el Ruso Sofovich con Alelí en una coupé Mercedes verde. Esas situaciones se daban en mi casa. Creo que todo eso, de una u otra manera, se vislumbra en la música.

EL SELLO DE BILLY ANDERSON

  • El hombre montaña, flamante disco de Los Natas, fue co-producido junto al prestigioso Billy Anderson (que ha trabajado junto a Fantomas, High On Fire, Mr. Bungle, entre otros). El primer encuentro con Billy fue a comienzos del milenio en el Covered Wagon, un emblemático bar de San Francisco, cuna de grupos como los Melvins. Luego, en 2002, trabajaron juntos en Corsario negro. ¿Y cómo fue el reencuentro para volver juntos a un estudio? "Le empezamos a mandar demos y maquetas de temas, sin saber si nos podía producir o no. Se fue entusiasmando, y cuando grabamos, ya estaba empapado con el sonido, la intención y el mensaje de los temas.
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