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Filosofía global y zapatos de lona

Una fábrica recuperada de San Martín produce zapatillas bajo los preceptos del Comercio Justo
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1 de septiembre de 2006  

Aún antes de que Chris Martin se pintara el dorso de las manos con la inscripción FAIR TRADE, el Movimiento de Comercio Justo (CJ) se convirtió en uno de los canales más visibles para promover un mercado laboral de condiciones dignas y mayor equidad entre los países pobres y el mundo rico. Después de erigirse en la cara bonita de la causa, Bono lanzó el año pasado su línea de ropa Edun, que se fabrica en Perú y Túnez bajo condiciones decentes de producción. Pero el emprendimiento no se reduce a un puñado de estrellas de rock bienpensantes. En Buenos Aires, la Cooperativa Unidos por el Calzado (CUC) es chica pero pisa fuerte en una industria acusada de explotación y neoesclavismo: la de fabricación de zapatillas, fetiche de identidad juvenil en todo el planeta. CUC, que logra productos de calidad a precios competitivos, tiene su fábrica en una ex planta de Gatic, expropiada en diciembre de 2004 luego de un traumático proceso de quiebra. La planta de San Martín quedó en manos de sus trabajadores, quienes con la coordinación de Altromercato (una ONG italiana que trata directamente con los productores y elude las multinacionales) ya venden sus zapatillas en Milán y avanzan en la creación de "una cadena solidaria integrada por cooperativas de empresas recuperadas, agricultores y talleres textiles", según cuenta Débora Palomo, del consejo administrador.

Guiados por la fi losofía fasinpat–fábricas sin patrones, organización horizontal–, los 110 socios de CUC producen quinientos pares diarios, que se venden a entre 50 y 90 pesos. La oferta va desde borceguíes de cuero y clásicas zapatillas de lona hasta modelos más chic tipo bowling. ¿Puede un emblema del consumo devenir en símbolo solidario? Débora cree que sí: "La marca está destinada a un público comprometido con las economías sociales. Se trata de llevar puesto algo más que un modelo, tal vez una idea, y llevarla adonde sea que vayas". El CJ, que mueve 260 millones de euros anuales y tiene 40 mil puntos de venta en Europa, hace que una fi nlandesa que compra "café solidario" contribuya, presuntamente, a mejorar la calidad de vida de la familia que lo cosecha en el Caribe. En la Argentina de los talleres textiles que se incendian y matan a las familias de "cama caliente", aparece esta opción que combina resistencia, estilo y conciencia social. Todo calza.

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