Irónica mirada a Medio Oriente

Fernando López
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7 de septiembre de 2006  

"La novia siria" ("The Syrian Bride", Francia-Alemania-Israel/2004, color; hablada en árabe, hebreo, inglés, francés y ruso). Dirección: Eran Riklis. Con Hiam Abbass, Makram Khoury, Clara Khoury, Ashraf Barhoum. Guión: Suha Arraf y Eran Riklis. Fotografía: Michael Wiesweg. Música: Cyrill Morin. Edición: Tova Ascher. Presentada por IFA. 93 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: buena

Poco antes de concluir el film, la novia está nuevamente sola, como ya la hemos visto antes varias veces, mientras a su alrededor un revoloteo de familiares y/o funcionarios resuelve las cuestiones inherentes a su boda. Pero ahora está acicalada, lista para la ceremonia en su largo vestido blanco, con el desánimo pintado en la cara, una expresión de agotamiento y fastidio y sentada frente a un portón de rejas en esa tierra de nadie que se extiende en la frontera entre Siria y los territorios del Golán ocupados por Israel. A lo lejos, detrás de otra barrera similar, aguarda el novio, rodeado de una parentela alborotada. La imagen, sin duda elocuente, comenta en un tono entre irónico y amargo el absurdo de la situación en Medio Oriente tomando como referencia la historia de un casamiento arreglado entre una joven drusa y un actor sirio. Las bodas, se sabe, son terreno fértil para exponer choques culturales, religiosos o políticos.

El peso de la tradición

La situación descripta más arriba es la culminación de una serie de peripecias ilustrativas de las complicaciones que rodean a la boda, derivadas directa o indirectamente de la situación política -el conflicto entre Israel y Siria-, pero también de las tensiones existentes dentro de la propia familia drusa, de los prejuicios, la rigidez religiosa, la intolerancia y el restringido papel social que se reserva a la mujer.

Casarse significa para la novia del título abandonar para siempre a los suyos: una vez que ingrese en Siria ya no podrá volver a su pueblito del Golán. Lo hará para unirse al desconocido que le han destinado, un popular comediante sirio al que sólo ha visto en la pantalla de la TV.

No hay mucho margen para discutir en la familia: el padre, pro sirio fervoroso, que es visto con recelo por las autoridades israelíes y ha pasado temporadas en la cárcel, es poco tolerante y ciegamente respetuoso de la tradición.

No es extraño que su familia, que ahora vuelve a reunirse circunstancialmente, se haya dispersado: un hijo (al que niega) está casado con una médica rusa; otro, pillo y calavera, vive de inciertos negocios en Italia; hay uno que reside del otro lado de la frontera y se comunica con los demás con altavoces o a los gritos; la hermana mayor, Amal, es infeliz en su matrimonio, pero conserva su espíritu liberal y su voluntad de independizarse y estudiar.

Ella, en el fondo la protagonista del cuento, es el verdadero motor del grupo. Su papel será decisivo para aligerar tensiones, estimular la fe en el cambio y ablandar intransigencias. Pero entre la novia y el novio también se alzan las barreras levantadas por los burócratas, las normas laberínticas, la mala voluntad o la indiferencia de los funcionarios. Contra ellas librarán su última batalla, ayudados por quien hace de intermediaria entre los dos estados: una empeñosa francesita perteneciente a las Naciones Unidas.

Sin alardes

No es la primera vez que la conflictiva situación en Medio Oriente es abordada en su realidad cotidiana, poniendo el acento en el peso determinante que ejerce sobre la vida de sus habitantes, seres semejantes a un lado y otro de cualquier frontera.

"La novia siria" lo hace en un tono que transmite bastante dolor bajo la apariencia de la comedia irónica. Seguramente ésta ha sido organizada en torno de la ingeniosa y dilatada escena en los puestos fronterizos, que ocupa el último tercio de la película, pero no todas las subtramas con las que se intentó enriquecerlas alcanzan la misma eficacia, sin contar que algunas agregan muy poco al cuadro general.

En lo formal, el film no busca hacer alardes: su exposición es llana, atenta a la puesta en escena y sobre todo a la descripción de los personajes centrales y al trabajo de los actores, todos impecables. El final deja interrogantes que quizás el director no supo (o no quiso) responder.

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