El swing de la Antigua

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14 de septiembre de 2006  

Antigua Jazz Band , con Rolando Vismara, Claudio Cagegi y Mauro Montes de Oca en trompetas; Hugo Borgnia en trombón, Julia Juan en saxo alto, Leandro Teri en saxo alto y clarinete, Orlando Merli en saxo tenor, Juan Lacruz en saxo barítono, Pablo Scenna en guitarra y banjo, Luis Sirimarco en piano, Nicanor Suárez en contrabajo, Hernán Avella en batería y washboard y Osvaldo Ricci en blue blowing. Ciclo de Conciertos del Mediodía, organizado por el Mozarteum Argentino, con el auspicio de Capsa-Capex, Yenny-El Ateneo, Zurich y LA NACION. En el Gran Rex.

Nuestra opinión: bueno

La Antigua Jazz Band regaló uno de esos momentos únicos en el ciclo Conciertos del Mediodía, organizado por el Mozarteum Argentino. Un Gran Rex a tope esperó que la frescura del swing de esta legendaria agrupación cortase con la agitación típica de los mediodías en el microcentro y trajese ese remanso de síncopa que recibieron gustosas esas 3000 almas reunidas a cubierto de bocinazos y fricciones callejeras.

Nacida en 1968, la Antigua propuso desde sus sonoridades a la manera de Nueva Orleáns un repertorio casi dirigido por completo a la obra de Duke Ellington, y con ello ganó en elegancia y en espacio para el lucimiento de los diferentes solistas. Dirigido por el guitarrista y banjoísta Pablo Scenna, el grupo hizo un concierto de menor a mayor en cuanto a intensidad y repertorio. Así, con "Tono melodioso" (el grupo tiene por costumbre traducir al castellano los títulos, tendencia que respetaremos en estas líneas), una estimulante interpretación de "Improvisación de un blues en Do" ("C Jam Blues") y "Blues del viejo", los tres de Ellington, se inició una actuación de fuerte expresividad rítmica con pasajes interesantes y algún solo del saxofonista alto Julio Juan con un aroma que recordó al genial Johnny Hodges.

El grupo mostró en el último de estos tres temas un contraste entre su tímbrica y su música, pues mientras aún mantiene cierta sonoridad más propia de Nueva Orleáns, por ejemplo, Scenna toca más el banjo que la guitarra y el baterista toca en los cencerros como Baby Dodds, baterista de los comienzos de Louis Armstrong, los temas del Duque tienen los sabores de Nueva York. Es decir, una cruza que tiene en los timbres la tradición del jazz, pero el repertorio se acerca a la gran época clásica del género, consolidada en las décadas del 30 y del 40.

Más allá de estas consideraciones, la Antigua sonó con un excelente ensamble y con una fluidez de banda afiatada, más aún a partir de la salida de su último disco, En tono melodioso , con el que consiguieron volver con mayor asiduidad a los escenarios.

Vendrá luego "Amontónense y bailen", del legendario William Handy, en el que la agrupación tocó en octeto de trompeta, clarinete, saxo, banjo, piano, contrabajo, batería y peine de Osvaldo Ricci, uno de los fundadores del grupo. El swing de este músico para frasear con su peine con una cobertura de celofán define aún más esa sonoridad original sobre el escenario.

Tras un alejamiento de la música de Ellington en busca de acercarse a las raíces más bluseras del jazz, la Antigua regresó con "Concierto para Cootie", en donde el trompetista Rolando Vismara (otro de los fundadores de la Antigua) hizo de solista. Su sonido es muy metálico, de toque reflexivo y con una fuerza expresiva que no detienen ni la rutina ni el repertorio. Un gran músico con una historia jazzística detrás y un manejo de la sordina exquisito.

"Toma el tren A" despertó una exclamación de gusto en el auditorio con las cinco primeras y tan reconocibles notas de esta maravillosa composición de Billy Strayhorn. El grupo mostró aquí una cohesión impecable en el tono, el timbre y el tempo, con pequeños contrapuntos que salpicaron graciosamente la melodía. En "Enloqueciéndome", el baterista Hernán Avella, con la tabla de lavar, dejó impresionado al público con su vigoroso swing y con su técnica para interpretar ese heterodoxo instrumento.

Cerraron con "Blues de Saint Louis", "Ritmo loco" y el bis con "Black and Tan Fantasy", que terminó con los acordes de la marcha fúnebre y que, lejos de deprimir al auditorio, lo lanzó a la calle Corrientes a seguir con sus trajines, pero animados por la saludable vibración del jazz.

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