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Reclamo de Italia al retomar su vínculo con la Argentina

Prodi pidió a Kirchner por los bonistas al reanudar el diálogo bilateral tras la crisis de 2001
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20 de septiembre de 2006  

NUEVA YORK.– Con su tono sereno y casi inaudible, el primer ministro italiano, Romano Prodi, suena más como un papa que como il Professore de su famoso apodo. Pero en cada palabra hace gala del don de la síntesis: “En esta conversación entre grandes amigos hemos cerrado el paréntesis por el problema de los bonos, algo muy doloroso para la Argentina y para Italia también”.

Así habló al salir de una audiencia oficial de 25 minutos con el presidente Néstor Kirchner, en las oficinas de la misión argentina ante las Naciones Unidas. Era la reunión diplomática más ansiada por la Casa Rosada en mucho tiempo: desde la crisis de 2001 no había contacto en el nivel presidencial entre la Argentina e Italia.

Con el gesto de ayer, el gobierno italiano decidió poner fin a la tensión bilateral, pero no dejó de plantear su “preocupación” por la situación de los ahorristas italianos que no entraron en el canje de deuda y quedaron atrapados con bonos argentinos en default.

Prodi dijo que el conflicto debe solucionarse, pero sin ser un obstáculo en la relación.

Según anunciaron los dos gobiernos derspués de la reunión, los presidentes hablaron de los lazos culturales entre ambos países y de la posibilidad de descongelar las inversiones italianas en la Argentina. Prodi mencionó una posible inversión nueva de Fiat. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, amplió luego en el mismo lugar que había hablado Prodi con la prensa argentina: "Se habló de un proyecto para empezar a construir una camioneta 4 x 4, tras el acuerdo entre Fiat y Tata". Kirchner invitó a Prodi a viajar a la Argentina cuando se concrete el anuncio de esa inversión.

"La relación cultural y económica es muy valiosa para los dos pueblos", susurró Prodi en la vereda de la Primera Avenida.

Caía una garúa y desde enfrente, sobre el techo de la sede de la ONU, dos francotiradores apuntaban con sus largavistas hacia el revuelo de micrófonos alrededor del primer ministro. Atronaban las sirenas a su alrededor: más de 100 presidentes circulaban en cinco manzanas a la redonda, durante el día de apertura de la 61a. Asamblea General.

Fue breve, pero conciso. Sobre el tema de los bonistas dijo que "es muy difícil llegar a un acuerdo" y subrayó el "impacto" que había tenido entre el pueblo italiano el default argentino.

Alberto Fernández ratificó que se había tocado el tema. Y anunció: "El presidente Kirchner le dijo que para la Argentina era un tema terminado".

Dos horas antes de la reunión bilateral, los dos cancilleres habían coordinado los temas de la agenda. El italiano Massimo D Alema le anticipó a Jorge Taiana que su gobierno seguiría planteando "preocupación" por el tema, a pesar de la "decisión política" de retomar y dar impulso a la relación bilateral.

"Nuestra respuesta es que no va a haber cambios", dijo Taiana a la prensa argentina. Es decir que Kirchner mantendrá su palabra de no abrir el canje que se concretó el año pasado.

El grueso de los títulos que no ingresaron en el canje, unos 24.000 millones de dólares, se reparte entre argentinos e italianos.

La Task Force Argentina, principal asociación de ahorristas que litiga contra la Argentina, asegura que hay 14.000 millones de dólares en manos italianas.

En la reunión preparatoria, Taiana y D Alema también hablaron de la propuesta argentina para pagar la deuda en default con el Club de París, un paso vital para destrabar inversiones.

Tres años de fricción

Ese fuerte impacto en los pequeños ahorristas italianos había llevado al anterior primer ministro, Silvio Berlusconi, a aplicar una política hostil hacia la Argentina.

Nunca habló con Kirchner y ejerció contra el país siempre que pudo la presión de Italia (un miembro del G-7) en los organismos internacionales de crédito. El presidente argentino, en respuesta, llegó a torearlo durante algún discurso público en el conurbano. El triunfo de la coalición de izquierda que lideró Prodi cambió este año la predisposición de Kirchner hacia Italia. A il Professore lo conocía desde 2003: lo había visitado en Bruselas cuando todavía era presidente de la Unión Europea.

Pese a la buena voluntad, llevó varios meses de gestiones diplomáticas retomar el diálogo político al máximo nivel.

Kirchner estaba ansioso por ver a Prodi, reconocían en la comitiva argentina. "Es de los nuestros", suele decir, en su característica muletilla para categorizar desde un intendente hasta un estadista. Si logra encapsular el problema de los bonistas, podrá lucir otro aliado en Europa, que se sume al español José Luis Rodríguez Zapatero.

La reunión fue cordial pero breve. Kirchner recibió a su colega en la misión argentina ante la ONU, en un salón del piso 25 con una vista de postal del puente de Queensboro, sobre río Este.

Al presidente argentino le sonó a melodía la primera frase de Prodi a la prensa: "Vinimos a retomar la relación cultural y económica".

Después dijo lo de los bonistas: Kirchner sabía que era inevitable. Pero sus ministros respiraron aliviados cuando vieron que el tono del planteo no llegaba a aguar el gesto de recomponer el diálogo.

También destacaron la importancia del impulso a la inversión de Fiat, aunque las filtraciones previas sugerían más anuncios (fuentes del Gobierno habían mencionado posibles proyectos nuevos de Agip y un convenio para fomentar negocios de pymes italianas). Italia es el cuarto inversor en la Argentina y eso siempre causa ansiedades.

Pero Prodi optó por la cautela. Hizo el gesto político, dejó su mensaje y se fue. Caminando y sin dejar de sonreír.

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