Sergio Bergman: "El sistema republicano ha colapsado"

Líder religioso de fuerte compromiso social y autor reciente de frases de alto voltaje político, el rabino Bergman afirma que, a falta de una oposición firme, el poder K crea sus propios opositores, a los que luego intenta deglutir. El obispo alienta una conciencia ciudadana dispuesta a resistir
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15 de octubre de 2006  

Un poncho de gaucho y, a su lado, una kipá. Un matzá -el pan sin levadura de la cocina judía- untado con dulce de leche. Un DNI argentino apoyado sobre escrituras hebreas. Esas son las postales que decoran la oficina del rabino Sergio Bergman en el templo Libertad y que fueron creadas para inspirar la fusión entre el judaísmo y la argentinidad, una impronta que él parece querer transformar en emblema."Lo que se espera de un referente judío es que hable sobre temas judíos. Pero yo soy un rabino que habla en términos republicanos. Y que, desde lo judío, trata los temas de todos", se autodefine .

Bergman volvió a ocupar un espacio en los medios, en los últimos días, cuando renovó sus críticas al "poder concentrado" del gobierno nacional. El rabino sumó así su voz a la pelea de fondo entre la Casa Rosada y la Iglesia, desatada a raíz de la candidatura a convencional constituyente del ahora obispo emérito, Joaquín Piña, quien se postula en Misiones para enfrentar al gobernador K, Carlos Rovira, que aspira a la reelección indefinida. La tensión creciente provocó la suspensión de un viaje al Vaticano del cardenal Jorge Bergoglio y palabras fuertes de varios obispos, entre ellos las de su vocero, Guillermo Marcó, quien acusó al Presidente de "alentar odios entre los argentinos".

Bergman es un rabino liberal, seguidor de la tradición comprometida con los derechos humanos de Marshall Meyer, el religioso que integró, en su momento, la Conadep. Saltó a la fama mediática después de un elogiado discurso, por izquierda y por derecha, que pronunció en la última marcha de Juan Carlos Blumberg.

Desde entonces, los medios empezaron a enfocarlo. Y es lógico: Bergman es un fabricante imparable de frases cautivantes y provocadoras.

"Lo que el padre Guillermo Marcó dijo es lo que pensamos muchos y yo suscribo. Es más: hoy me siento más cubierto y protegido por la Iglesia Católica que por las instituciones de mi propia comunidad, que consideran peligroso tener a un judío descarriado".

A pesar de haber estado al lado de Blumberg, se siente filosóficamente cerca -dice- de Lilita Carrió y de la gestión de Jorge Telerman. Le gusta la docencia cívica y, de hecho, la ejerce. El miércoles 11 por la tarde, con su gran kipá oriental multicolor, convocaba a unos religiosos a militar en la ciudadanía judía:

- A los judíos nos gusta pasar inadvertidos y, si las cosas se ponen difíciles, enseguida pensamos en volver a Israel. Pero eso es perpetuar un paradigma de gueto; es como estar en un lado y a la vez no estar en ninguno. Entonces, debemos elegir: o somos un gueto o somos ciudadanos. Si somos ciudadanos argentinos, debemos comprometernos con la agenda del lugar al que pertenecemos y compartir su destino.

Hay que reconocerlo: el religioso tiene pasta de líder carismático. De manera que, si persiste en sus cuestionamientos políticos, a Kirchner le quedarán dos caminos: o intenta sumarlo al proyecto K o empieza a rezar ya para que jamás se le ocurra postularse a nada.

-En los últimos tiempos, se ha empezado a hacer referencia a usted como un rabino que quiere hacer política. ¿Cómo le cae eso?

-Es que los argentinos confundimos la política con la política partidaria, pero ocurre que hay una política ciudadana en la que todos debemos comprometernos. Se trata de una dimensión imprescindible para vivir en el Estado de derecho. Pero, por qué este rabino se mete a hablar de estos temas, se preguntarán muchos. Bueno, porque la espiritualidad (y aquí hago una distinción entre espiritualidad y religión) es el insumo que necesitamos para restituir la mística del país que perdimos. Ahora la Iglesia es criticada porque habla, pero también es criticada porque durante el terrorismo de Estado no hablaba. A nosotros siempre nos cuestionan por no integrarnos, por estar identificados con nuestros propios intereses gregarios, y ahora que tenemos una expresión judía comprometida con la agenda nacional, también está mal. El punto es que nosotros, como nuestros gauchos judíos, somos judíos pero nos hacemos gauchos.

-Al no haber nadie que le plantee debates serios al poder, cualquiera que lo cuestione es puesto en el lugar de la oposición. Ahora, en términos de calidad democrática, ¿no le parece malo que la religión ocupe ese lugar?

-En una democracia madura y con un Parlamente funcionando, la lógica es que estas conversaciones se tienen entre los partidos y, en todo caso, lo que nosotros tendríamos para decir debería ser irrelevante. Pero cuando tienen que salir como últimas líneas de defensa las religiones o los ciudadanos, como es el caso de Blumberg, es porque el sistema republicano ha colapsado y no está funcionando.

-¿No es un poco exagerado su diagnóstico?

-Cuando el poder está por encima de la ley, colapsa la República. Cuando uno tiene la manera de reformar la Constitución para reelegirse indefinidamente en un sistema clientelista (y encima con un enorme superávit de caja), puede comprar voluntades, y no sólo de intendentes sino también de clientes, que son votos. El problema es que, cuando uno tiene vocación de perpetuidad, perdió la vocación de servicio, y eso asegura el uso abusivo del poder, sobre todo cuando se usa el dinero para eliminar oposiciones. Cuando se llega a esa instancia, estamos en un estado de corrupción del pacto político que inicialmente se propuso.

-Llegado el caso, ¿haría lo mismo que monseñor Piña?

-Por supuesto que sí. Lo consideraría, si los valores de la Constitución estuvieran en serio riesgo, como ocurre en Misiones. Pero no es éste el momento, ni la situación. Me siento parte, no de los religiosos que quieren actuar en política, sino de los ciudadanos que no pueden quedarse mirando como espectadores una realidad que nos atraviesa. Eso ya sucedió y lo hemos pagado demasiado caro.

-El Papa está por una Iglesia más espiritual y por otra parte el presidente Kirchner rechaza que los religiosos lo cuestionen en términos políticos. Ha llegado a decir que el diablo habita entre los que usan sotana

-Sí y entre los que usan kipá también Pero, bueno, creo que es muy bueno, para mejorar nuestra calidad democrática, no trabarnos con sus expresiones, porque esa es la mejor manera de evitar el debate de fondo. El fondo de la cuestión es que acá no hay una vocación de la Iglesia de entrometerse en la política como un campo genuino de su accionar. El Vaticano, a mi criterio, marca un rumbo, pero estas situaciones no son de rumbo sino de emergencia. La disposición a participar, entonces, no es de acción directa sino de garantía.

-Ahora, más allá de lo espiritual, ¿no cree que hay en su expresión una cuestión generacional? Por ejemplo, la generación que hoy ronda los 40 años, o parte de ella, ¿no tiene un paradigma distinto del de la generación que vivió los setenta?

-Pero totalmente. Yo creo que a mí me toca hacer punta en un recambio generacional de un nuevo paradigma de participación ciudadana. De una generación que no se ve inscripta en las estructuras tradicionales y que quiere participar en un debate de ideas, no de personas. Una sociedad no es un producto terminado; es una construcción permanente de hacernos socios. La pregunta es: ¿en qué somos socios los argentinos, más allá de ser habitantes del mismo suelo? Para hacernos socios, tenemos que establecer un contrato y, para eso, son necesarios valores comunes, que es lo que nos va dar una idea de unidad. La Argentina tiene una crisis de valores, y allí hay mucho para debatir.

-¿Usted considera que la situación es de emergencia, en cuanto a lo institucional?

-Cuando uno tiene un síndrome de abstinencia porque ya no tiene más opositores que comerse, los fabrica. No es justo ni lícito transformar a los religiosos en opositores porque disienten, ni tampoco a ciudadanos que resisten desde la participación cívica que el Estado de derecho les otorga.

-Desde su punto de vista, entonces, ¿Blumberg sería un síntoma del síndrome de abstinencia de Kirchner? Suena raro, ¿no?

-Sí, claro, él no tiene ninguna entidad: a falta de oposición, aparece Blumberg. Es parte del estilo del Presidente: es un estilo que requiere que haya oposición y luego buscar rápidamente los mecanismos para deglutirla. Claro que eso lo que provoca es más hambre.

-¿Por qué cree que instituciones como la AMIA y la DAIA tomaron distancia de usted?

-Ponerse a explicar por qué en la colectividad judía hay alguien que se sale de la línea es sostener la idea del judaísmo como un gueto o una corporación. Para hablar de los precios, se arregla con los empresarios; de los combustibles, con las petroleras; para comprar paz social, arreglo con los piqueteros. Con esa misma lógica se busca hablar con los representantes oficiales de los judíos: el problema es que eso no existe. Nosotros somos ciudadanos argentinos y yo, en todo caso, soy una voz de la expresión particular judía sobre temas de la sociedad argentina. Lo mío tiene que ser tomado como un acto de testimonio; yo no tengo soluciones. En todo caso, tengo visión y convicción, pero no hago la partitura, sólo la interpreto, porque esta letra es de los argentinos. Y eso no es estar en contra de Kirchner, sino a favor de todos.

-¿Está haciendo un llamamiento a la resistencia ciudadana, o me parece?

-No, simplemente soy un portavoz y estoy expresando lo que muchos creen. No inventé nada. Por eso, creo que el orden es al revés. Hay una conciencia ciudadana que está dispuesta a resistir pacíficamente y, en ese marco, hay referentes espirituales que estamos dispuestos a participar.

-¿Y usted dónde se ubica?

-Yo me ubico en lo nuevo. Creo que el cambio no va a venir de la política partidaria tradicional, que está colapsada, sino de una nueva alternativa generada desde la sociedad civil. Y, ¿quién sabe? Quizá aparezca una especie de socialdemocracia judeocristiana alimentada a partir de la voz de referentes de las religiones.

-¿Usted aspira a ser uno de ellos?

-No. Si yo tengo una contribución para hacer hoy, no es transformarme en referente político sino desplegar en la sociedad civil la inspiración por lo político reclutando referentes de la sociedad civil que se animen.

-Recién hablaba usted y la gente lo escuchaba como figura carismática, ¿no corre el riesgo de ser funcional a lo que dice querer combatir: una democracia con más espectadores que actores? El compromiso no se inventa: está o no está.

-Antes, hablábamos del peligro de comprar voluntades y votos. Pero lo primero que se ha comprado acá es la conciencia cívica de los argentinos, y ésa es nuestra responsabilidad. Cuando fue el corralito, que nos atravesó a todos, fue una tragedia nacional, y ahora que la macroeconomía marcha mejor, esa conciencia volvió a anestesiarse. Pero en el fondo, los temas estructurales que nos llevaron al 2001 no se resolvieron. Creo que hay que empezar a hablar y reflexionar sobre estos temas en las escuelas, en las universidades, entre todos.

-¿Alguien del Gobierno buscó contactarlo?

-No. El gobierno habla con las autoridades de la comunidad. Pero sinceramente, creo que el problema no es lo que el Presidente o la primera dama quieran hacer sino la cultura de los argentinos: nosotros somos los primeros responsables. Tenemos la idea de que la Argentina es un partido de fútbol, y que nos ponemos la camiseta cada dos años y ya está. El problema es que, con esa pasividad, a nuestro destino lo terminan jugando otros. Por eso, yo interpelo a la sociedad antes que al Presidente. De lo contrario, un día nos van a sacar la pelota y no vamos a poder jugar más.

El perfil

Sinagoga en Tribunales

Desde hace seis años el rabino Bergman conduce la tradicional sinagoga de la calle Libertad, en Tribunales. Tiene 44 años, 3 hijos y es egresado del Seminario Rabínico Latinoamericano.

Memoria activa

Cofundó Memoria Activa y actualmente es presidente de la Fundación Judaica. Además, es director ejecutivo del Arlene Fern Community School. Es farmacéutico, egresado de la UBA, e hizo un máster en Educación en el Melton Institute de Jerusalén.

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