Suscriptor digital

Mirtha jugó de visitante

En su debut nocturno, no resignó su papel de anfitriona
(0)
10 de enero de 1998  

Mirtha Legrand se había preparado para jugar de local y terminó jugando de visitante. Todo estaba previsto para que en la primera emisión de "La noche de Mirtha" , la conductora entrevistara al presidente Carlos Menem en el hotel Hermitage, de Mar del Plata. Manifestación de los pescadores marplatenses mediante, la producción del ciclo que reemplazará durante cinco jueves a "Hora clave" en Canal 9 trasladó las cámaras a la residencia presidencial de verano en Chapadmalal.

Según contó Legrand, el cambio de escenografía fue resuelto apenas cuatro horas antes de la salida al aire. El desafío para la conductora era evidente. En semejantes circunstancias, la cuestión no se reduce a la necesidad de improvisar un estudio televisivo y poner a punto los detalles técnicos. La sustancia de la diferencia no pasa por los estampados de los sillones. En la TV, la forma y el contenido marchan juntos. En el género de la entrevista, el lugar de encuentro entre el entrevistador y el entrevistado tiene un peso específico.

Mirtha se había imaginado a sí misma en situación de hacerle preguntas a un presidente de la Nación que se había trasladado hasta la ciudad y el hotel elegidos por la producción de su programa. A esta altura de sus legendarios almuerzos televisivos, Mirtha sabe que el papel de anfitriona le cae como un sayo hecho a medida. Al cabo de los varios años que el presidente Menem lleva en el ejercicio del poder, Mirtha también ha aprendido que el primer mandatario suele desempeñarse como un invitado cortés y entretenido cuando la visita en la tele. Carlos Menem no sólo se ha sentado varias veces a la mesa de Legrand, sino que además ha dado muestras de sentirse muy cómodo. En alguna oportunidad hasta agradeció el convite danzando en cámara a la hora de los postres.

Esta vez, las cartas no vinieron tan cómodamente barajadas para la conductora. A ella le tocaba entrar en casa ajena. Debía guardar la cortesía que las buenas costumbres aconsejan a los invitados, pero sin defraudar al público. Con el correr del tiempo, la gente la ha colocado en el lugar de la dama que tiene la extraña habilidad de poner a los políticos y funcionarios contra las cuerdas a golpes de sentido común.

Si el Presidente no estaba dispuesto a trasladarse hasta el hotel Hermitage, en cuyas inmediaciones sonaban las protestas de los pescadores, y él era el único invitado del programa, "La noche de Mirtha" atravesaba peligro de naufragio. La autorización del Gobierno para que el ciclo se emitiera desde la residencia de Chapadmalal resultó una tabla de salvación.

La conductora no pudo menos que agradecer el gesto, en reiteradas oportunidades, durante la hora y media de diálogo con el Presidente. El, galante, se apresuró a responder que no hubiera podido estar ausente en la primera emisión de un ciclo de Mirtha, porque sabía que él "le traía suerte". Claro está que el intercambio de elogios y agradecimientos mutuos _incluido el envío de besos televisivos para Zulemita Menem, Marcela Tinayre y los nietos de Mirtha, por parte de la entrevistadora y el entrevistado_ se volvían un escollo a la hora de pasar al cuestionario sobre la realidad nacional.

En lo formal, dando muestra de su oficio, Mirtha se las ingenió para trepar hasta la cima del papel de dueña de casa, a pesar de que en los hechos estuviera jugando de visitante. A poco andar, se manejó en el nuevo decorado con una soltura análoga a la que exhibe en la mesa de sus almuerzos.

En cuanto al contenido, la conductora también apostó a tocar la cuerda que mejor conoce:preguntar sobre los temas que preocupan a la mayor parte de la audiencia, mezclándolos con ligeros comentarios de vida cotidiana. Así, el traslado de la ESMA, el proyecto de la oposición que propone derogar las leyes de punto final y obediencia debida y la situación de Alfredo Yabrán respecto del asesinato de José Luis Cabezas convivieron en la conversación con temas tales como la práctica del golf, la posibilidad de Menem de convertirse en suegro, sus ganas de ir a ver el espectáculo de Moria Casán en Mar del Plata y hasta un chiste que tiene a Menem como protagonista y que fue contado por el propio Presidente.

El beneficio de la duda

"Si hoy hubiera elecciones, ganaría al galope con la fusta bajo el brazo." "No soy un exitista; soy un triunfador, un exitoso." Con ese tenor de afirmaciones, Menem enhebró el rosario de sus certezas. Todos sus dichos pretendían tener valor de verdad. La pantalla mostraba a un gobernante que de puro convencido perdía rasgos de humanidad.

Pero hubo un momento del programa en el que la figura de Carlos Menem creció enormemente. Fue cuando Mirtha le preguntó sobre su decisión de apoyar las investigaciones en torno de la posibilidad de que la muerte de su hijo Carlitos hubiera sido consecuencia de un crimen. "Al principio pensé que era un accidente y sostuve que se trataba de un accidente. He cambiado de opinión. Al menos entré en dudas en este tema", dijo el Presidente.

Ese hombre capaz de dudar y revisar su propia opinión adquiría en la pantalla una dimensión que no había ganado el funcionario millonario en verdades absolutas.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?