La Niña Pastori, una gitana del pop

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23 de octubre de 2006  

Presentación de Joyas prestadas , con Niña Pastori en canto, Josemi Carmona en guitarra, Julio Jiménez Borja en percusión y guitarra, Angel Fernando Favier en bajo, Martín García Leiton en batería, Adrián Schinoff en teclados, Tony Nogaredo, Irene Molina Gómez y José Sánchez Carmona en coros. Músico invitado: David Amaya, en guitarra. En el teatro Gran Rex.

Nuestra opinión: bueno

Una actuación esperada por un público cuya adhesión estaba ganada de antemano. La cantaora Niña Pastori propuso con su disco Joyas prestadas una recorrida por algunas piezas muy conocidas, tratadas desde una mirada bien del sur de España, pero también dentro de ese mundo que es el flamenco pop. Un estilo que viene a ser como un desgarro atemperado, ya que hay canto y hay fraseo gitano, pero los climas provienen más del pop que de Andalucía.

La gaditana, de 28 años, tiene ángel y una sencillez arrasadora a la hora de interpretar y de relacionarse con su público, al que desde el vamos llevó a su mundo, nada conflictivo, ni siquiera de pérdida, tan común al costumbrismo gitano. Precisamente, quizás ése sea uno de sus puntos fuertes, pues ni siquiera composiciones duras en términos de lírica tienen un tratamiento pesado. Todo surge con naturalidad, y la preocupación del grupo -un compacto cuarteto con un interesante coro, en el que se lucieron la rubia Antonia Nogaredo y la morena Irene Molina Gómez- es desarrollar atmósferas a medio camino entre el espíritu flamenco y el del mundo pop.

Fueron casi veinte canciones de las que rescataremos algunos temas como "Mediterráneo", bien cantado, pero excesivamente previsible en los arreglos. Imaginen a Serrat devenido gitano... Bueno, algo así cantó Niña Pastori, sólo que con una hermosa voz que se rompía al llegar a "Nací en el Mediterráneo".

Luego, uno de sus hits "Hoy, igual que ayer" bienvenido con un oportuno "oh" de agradable sorpresa. La historia no dice más que hoy, igual que ayer, en medio de la aparición de la guitarra flamenca, de pura cepa, a cargo de Josemi Carmona.

El escenario se vuelve tablao con "Bulería", en la que Pastori será acompaña por dos guitarras, cajón y palmas. Cuando el grupo, incluida la cantante, se recuestan en su tradición, la propuesta gana intensidad y el tiempo parece cobrar valor con esta música.

Vendrá luego un tema en el que Josemi hará gala de estilo y elegancia en la interpretación, para la posterior entrada de la Pastori, que cantará "Angelitos negros", clásico del mundo español y luego, con el exquisito David Amaya (un gitano radicado en Buenos Aires) comenzará a cantar muy chiquito "Cómo quisiera poder vivir sin aire/como quisiera poder vivir sin ti" mientras que Amaya le hace una bellísima segunda voz desde su instrumento. Un gran momento, no sólo por la canción coreada por todo el Gran Rex, sino por la emotividad con la que la abordó la cantante.

Otro de los momentos en los que resplandeció la conexión entre artista y público fue en "Cuando nadie me ve", que cantó acompañada sólo por el piano; un tema íntimo que la Pastori hizo en el borde del escenario y con los ojos cerrados. Con el último "me ve", el teatro estalló en una ovación.

El tema de Juan Luis Guerra "Burbujas" tuvo un tratamiento también algo previsible, aunque bien interpretado, y se acercó el final con "Puede ser". La Niña Pastori luego necesitó cuatro bises para poder irse: el último, una bulería improvisada en la que bailaron Antonia, Irene, José Sánchez Carmona y Julio Jiménez Borja, así como también la cantante. Una pieza que salió del corazón del grupo, sin impostaciones y con la genuina potencia del género.

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