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Los antecedentes del Rodrigazo

Por Roberto Frenkel Para LA NACION
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5 de noviembre de 2006  

Seguramente son pocos los que siguen utilizando al cuco para disciplinar a los niños. En cambio, algunos siguen apelando a un fantasma para meterles miedo a los adultos. Cabe citar, por ejemplo, la reciente invocación del cuco del Rodrigazo con el mencionado propósito. Para tranquilizar al público más sensible esta nota describe los antecedentes de ese ingrato episodio de nuestra historia.

Los elementos que configuraron la crisis comenzaron a evidenciarse a mediados de 1974. Los acuerdos de precios y salarios que constituían el núcleo del Pacto Social -instrumento básico de la política de corto plazo del peronismo- habían sido desbordados por ambos lados pocos meses atrás. Los aumentos de salarios decretados en marzo de 1974 fueron seguidos de incrementos de precios que superaron los controles oficiales, aunque operaciones a precios "negros" ya tenían cierta importancia desde fines de 1973.

El impacto político ocasionado por la muerte de Perón eliminó definitivamente la posibilidad -de todas maneras, difícil- de reconstituir en la política de precios y salarios el tipo de consenso negociado que había obtenido el Pacto Social. Desde el punto de vista de la capacidad gubernamental de definir un curso de acción coherente, la muerte de Perón representó un obstáculo infranqueable. Las líneas que dividían al peronismo se instalaron en el corazón mismo del estado y los conflictos internos terminaron induciendo una parálisis de la iniciativa gubernamental. Hasta mediados de 1975 la gestión económica del peronismo fue pasiva. El año que transcurrió entre la muerte de Perón y el ministerio de Celestino Rodrigo acentuó significativamente las tendencias que se esbozaban en 1974.

A fines del primer semestre de 1975 el perfil de la crisis económica puede resumirse en tres rasgos: la aceleración del proceso inflacionario, una difícil perspectiva del balance de pagos y un rápido crecimiento del déficit público.

Salarios afectados

La tasa de crecimiento de los precios venía aumentando desde fines de 1974. Entre enero y mayo de 1975 la tasa mensual media de inflación fue 6 por ciento. La aceleración del ritmo inflacionario afectó en cierta medida los salarios reales: en el promedio del primer semestre de 1975 resultaron algo inferiores a la media del año precedente. Sin embargo, aún eran 3,3% más altos que el promedio de 1973.

El efecto neto sobre el comercio exterior argentino de los movimientos de precios internacionales -que se iniciaron en 1972 con el boom de las materias primas y culminaron en 1974 con el aumento de los precios de las manufacturas- fue un importante deterioro de los términos del intercambio. En relación con los precios medios de 1973, los términos de intercambio de 1974 se deterioraron 34 por ciento. Los precios medios de 1973 contienen los altos precios relativos de las materias primas de la primera fase del ciclo, pero aún considerando como base los precios internacionales de 1970, las condiciones de intercambio se habían deteriorado en 1974 un 28 por ciento.

Conjugadas con el alto nivel de demanda y actividad en que se encontraba la economía, estas condiciones hubieran por sí solas afectado significativamente el balance comercial. Pero la aceleración de la inflación y la indefinición de la política cambiaria generaron expectativas de futuras devaluaciones y dieron lugar a la formación de stocks de productos importados. Por lo mismo, se incrementó el atractivo de las divisas como activo de corto plazo, de modo que el mercado "paralelo" se expandió y los movimientos especulativos de capital contribuyeron a restar divisas de la disponibilidad del Banco Central.

En los primeros cinco meses de 1975, el promedio del tipo de cambio "paralelo" triplicó el valor medio del tipo de cambio oficial de importaciones. En conjunto, los efectos sobre el balance de pagos fueron dramáticos. Mientras que en el primer semestre de 1974 las importaciones fueron US$ 1489 millones, en el primer semestre de 1975 se importaron US$ 2105 millones. Entre esos mismos períodos, las exportaciones cayeron de US$ 1955 millones a US$ 1440 millones. Entre junio de 1974 y junio de 1975 el balance en cuenta corriente arrojó un déficit de US$ 1047 millones y las reservas perdieron aproximadamente US$ 1300 millones.

En la incapacidad gubernamental de imponer un control al presupuesto se resumía su debilidad para enfrentar las tendencias que se habían manifestado desde 1974. El déficit venía creciendo desde 1971. Aunque en 1973 y 1974 el gobierno logró un significativo aumento de la recaudación, en el transcurso de esos dos años el incremento del gasto había aumentado fuertemente la proporción del déficit en relación con el PIB. La aceleración de la inflación deterioró en términos reales los ingresos tributarios, mientras los gastos crecían principalmente impulsados por los salarios del sector público. El mismo fenómeno se presentó en las empresas y los servicios del Estado por el "atraso" que experimentaron los precios y las tarifas. La brecha presupuestaria creció rápidamente, de manera que el déficit público significó en 1975 un 14% del PIB. Con esta presión de demanda sobre la economía era imposible recuperar el control sobre la dinámica de precios y salarios.

Lo escrito hasta aquí reproduce fragmentos de un trabajo que escribí años atrás. ("Las recientes políticas de estabilización en Argentina: de la vieja a la nueva ortodoxia", Instituto de Relaçöes Internacionais, Pontificia Universidade Católica de Río de Janeiro, agosto de 1980). Lo que sigue son mis comentarios actuales.

Sin similitudes

En primer lugar: ¿qué similitud existe entre la configuración de los años 1974-75 y la situación actual? Ninguna. Por el contrario, el contraste tiende a colocarlas en polos opuestos en cualquiera de las dimensiones que se comparen (situación fiscal, balanza de pagos, inflación, puja distributiva, control gubernamental, etcétera).

La crisis del gobierno de Isabel Perón tiene similitudes y diferencias con las crisis que enfrentó el país en las siguientes tres décadas. La diferencia principal es que no estaba aún presente la pesada carga de la deuda externa. Consecuentemente, si bien los factores externos negativos contribuyeron a la crisis, su importancia relativa fue menor que en las crisis que siguieron. La similitud principal está en los desequilibrios externo y fiscal como elementos cruciales de la crisis.

Se concluye que la invocación al fantasma del Rodrigazo está completamente traída de los pelos. Salvo que para el invocador resulte suficiente constatar que ahora, como en aquel momento, el peronismo gobierna el país.

Pero si ésta es la analogía, ¿por qué invocar a Celestino Rodrigo? Mejor invocar a José López Rega. A mí me da más miedo.

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