El Premetro, el único tranvía que aún recorre a diario el sur de la ciudad

Al año transporta más de 2.700.000 pasajeros; el boleto, más barato que el del subte, cuesta 45 centavos
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13 de noviembre de 2006  

Es una tarde calurosa en la estación Intendente Julio César Saguier, en el barrio de Flores. El andén es estrecho pero no impide que unas 100 personas hagan fila para esperar la llegada del Premetro. Este cronista se sumó al viaje para contar cómo funciona hoy el único sistema de tranvías que a diario atraviesa algunos de los barrios más pobres de la Capital, a pocos días de que se cumplan 20 años de su inauguración.

En el andén todos parecen estar cansados, a excepción de una mujer que carga una pesada bolsa repleta de fotocopias y carpetas. Se llama Adelina López y dice que el servicio es bueno y que los trenes pasan con cierta regularidad. “La gente prefiere viajar en el Premetro porque es más barato. El pasaje cuesta 45 centavos y además siempre es menos cansador”, comenta.

La formación llega a la estación. Entonces la fila se rompe. Todos intentan subir y conseguir un asiento. El Premetro se pone en movimiento. Acelera y avanza con agilidad por las calles del barrio. Este servicio no se parece en nada a un tren. En rigor es un tranvía: un sólo coche que marcha sobre rieles, impulsado por electricidad. Tiene asientos para 37 personas, pero en horario pico los pasajeros llegar a ser hasta 150. El último año, el servicio trasportó más de 2.700.000 pasajeros.

Por pedido expreso de los motormen, en cada coche viaja un agente de la Policía Federal. “Es un servicio que a veces puede ser riesgoso para los conductores. Circula por lugares peligrosos y atraviesa algunas villas. Por eso cada coche sale con un policía”, explican voceros de Metrovías, la empresa concesionaria del servicio que se conecta con la red de subtes en la estación Plaza de los Virreyes, de la línea E.

La formación continúa viaje. Ya ha pasado por la parada del Cementerio de Flores y ahora circula por la avenida Mariano Acosta. Pasa por la villa 1-11-14, donde sube una mujer embarazada. Nadie le cede el asiento.

Unas pocas horas antes, por la mañana, una parturienta había “roto bolsa” a bordo del Premetro y el servicio debió ser interrumpido por media hora. La mujer comenzó el trabajo de parto y el motorman, junto con algunas pasajeras, tuvo que asistir a la embarazada hasta que llegó la ambulancia del Servicio de Atención Médica de Emergencias (SAME). La trasladaron al hospital Piñero y allí nació su bebe, un varón.

Durante la semana última este ramal, que termina su recorrido en Villa Lugano, sumó una nueva parada en su circuito. Se trata de la estación Pola, situada en la avenida Fernández de la Cruz y la calle Pola. “Por los recurrentes pedidos de los vecinos de la zona decidimos añadir esta nueva terminal”, explicaron en Metrovías.

Fue inaugurada el martes último por el ministro de Planificación y Obras Públicas de la ciudad, Juan Pablo Schiavi, y ahora el servicio puede resultar accesible a los habitantes de la Villa 20, a 900 metros de la nueva estación. Cada andén tiene 32 metros de largo, cuenta con escaleras y rampa de acceso. Tiene techo de chapa galvanizada. Los trabajos duraron 60 días y demandaron una inversión de 156.613 pesos.

En el nuevo andén, Laura juega con el hijo que lleva en brazos. Dice que antes tenía que caminar muchas cuadras para tomar el Premetro. “Ahora será más fácil para todos los vecinos, especialmente para los que salen a trabajar temprano”, dice la mujer.

El Premetro continúa su recorrido y Antonio Lagraña se acomoda en un asiento. El calor ha dejado de castigar el asfalto y ahora el viento fresco de la tarde ingresa por la venta. “Trabajo como encargado en un edificio del microcentro. A las 8, tomo el Premetro y luego hago combinación con el subte”, dice Lagraña.

El hombre destaca el bajo costo del pasaje y la frecuencia del servicio. “Si sale todo bien, llego a horario. Pero cuando el subte o el premetro se demoran por algún inconveniente, ahí se arma un gran problema”, relata.

El policía que custodia el coche, un hombre de rasgos duros y cara de pocos amigos, dice que la gente cuida los coches. “Muy pocas veces hay disturbios. Ya nos conocen. Todos pagan el pasaje y a veces le piden al motorman que los lleve gratis. Es un lugar difícil, pero hay gente muy trabajadora”, comenta.

El Premetro llega al Centro de Lugano: es la última estación en un recorrido que tiene 15 paradas, varias de ellas son estaciones que no tienen nombre. La última se llama General Savio y allí bajan los pasajeros que quedaban a bordo y suben otros nuevos que están por iniciar el viaje. No son más de diez. Lorena Cotiñone es maestra jardinera y los lunes, miércoles y viernes toma el Premetro y combina con el subte. “Por el barrio pasan colectivos, pero esto es mucho mas rápido”, comenta. El coche toma velocidad y de nuevo comienza el recorrido. La imágenes de pobreza de los barrios que reaparecen por la ventanilla podrían ser las de El país de las últimas cosas, de Paul Auster. Pero no son, pues tienen lugar aquí, en el sur de la Capital.

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