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En el verano del ´98, Mirás nada en amores

Frente al estreno de su último film y de una nueva tira para Telefé, el actor habla con la cautela de quien sabe que el éxito puede ser efímero.
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20 de enero de 1998  

Habla de su carrera con la tranquilidad de quien sabe que ha elegido subirse a la montaña rusa. Para Fernán Mirás el oficio de actor se rige por reglas semejantes a las de ese juego de parque de diversiones. Subir, bajar, mantenerse en equilibrio. Nada es para siempre.

En la cima del éxito no se arrendan parcelas a perpetuidad. Formado en con maestros como Lito Cruz, Augusto Fernándes y Héctor Bidonde, Mirás transitó el teatro de prestigio y consiguió el aplauso de un espectador privilegiado:Robert De Niro.

El actor norteamericano lo vio interpretar "Cuba y su pequeño Teddy", junto a Lito Cruz y se deshizo en elogios. Menudo compromiso para un actor que por entonces estaba al comienzo de su carrera profesional. Sabido es que tras semejante comentario de De Niro, nadie le perdonaría jamás que no descendiera de aquel podio de excelencia.

Con su protagónico en "Tango feroz", de Marcelo Piñeyro, conoció otro bocado tentador: el éxito de taquilla. Todo eso, cuenta, fue para él como un precioso mimo del destino. Sin embargo, nada le ha impedido mantener los pies sobre la tierra. Para vivir de la profesión actoral es necesario trabajar todos los días y, en ese sentido, Mirás sabe que la televisión se vuelve necesaria. Y exhibe como prueba el efecto multiplicador que el ciclo "Chiquititas" generó en su carrera.

Estreno por dos

Por estos días, Fernán Mirás vive con ritmo de estreno por partida doble. El próximo jueves llega a las salas porteñas "Mar de amores", la película de Víctor Dinenzon que protagonizó junto a Teresa Constantini y Juan Leyrado. El lunes 26, a las 21, por Telefé, Mirás debutará junto a Nancy Dupláa en "Verano del "98", una tira diaria que apunta al público adolescente.

-Hace un par de años, cuando alguien te cuestionó que trabajaras en "Chiqutitas" después de haber estudiado y trabajado con algunos de los mejores directores de teatro de la Argentina, respondiste:"Hasta hace un año, Gandolfo recomendaba a sus alumnos que no hicieran televisión. Hoy les dice que prueben de todo". ¿Cómo explicás vos ese cambio de postura?

-En determinado momento las condiciones del medio eran esas. Recuerdo que Gandolfo estaba armando un elenco y le costaba mucho que los productores aceptaran a determinados actores porque no habían hecho ni estaban haciendo televisión. Entonces, él revisó su postura y les dijo a sus alumnos que no valía la pena rechazar las posibilidades de hacer tele si después resultaba que por esa decisión se cerraban las puertas para hacer teatro o cine.

En una época, cuando yo todavía no trabajaba como actor, se justificaba que Gandolfo les aconsejara a sus alumnos que no hicieran TV porque en aquellos tiempos existían otras opciones. Actualmente, en la práctica, la subsistencia de un actor depende de la televisión. Las reglas están corridas. En teatro ya no se sabe bien qué espectáculo puede funcionar y cuál no. Creo que los empresarios están un poco desorientados y tengo la sensación que de todo eso va a salir algo bueno. La gente se cansó de lo que había y está empezando a pedir otra cosa. Te doy un ejemplo: el director de "El vestidor" es amigo mío y yo lo vi peregrinando durante dos años para conseguir productor porque, según le decían, era una obra muy extraña para hacer en la calle Corrientes. Ahora, el éxito de la obra demuestra que la gente está dispuesta a ir a ver una pieza de ese tipo a la calle Corrientes. El hecho de que las reglas estén cambiando y que nada sea totalmente previsible, es bueno porque obliga a pensar qué ofrecer.

-Desde el punto de vista del marketing, ¿tu trabajo en "Chiquititas" te convirtió en un actor más codiciado que antes?

-Sí. Antes de "Chiquititas" me ofrecían cinco proyectos de cine al año y actualmente recibo más de veinte. El hecho de que a un actor lo llamen para hacer más cine y más teatro porque está haciendo "Chiquititas" era algo que no esperaba y que me alegró. Cuando hice "El avaro", en el San Martín, se me acercaron algunos profesores que llevaban a sus alumnos adolescentes a ver la obra y me decían:"Pude traerlos a ver Moliére porque estabas vos". Eso para mí es raro y muy positivo.

-"Tango feroz" también fue un éxito de público. ¿No produjo un fenómeno equivalente en tu carrera en el sentido de ampliar las fuentes de trabajo?

-No, es diferente. Esa era una película que yo quería mucho, que se ensayó durante largo tiempo, que me apasionaba. Cuando además resultó un éxito de público, me hizo sentir que se me habían dado todas. Ahí coincidieron el proceso artístico y el comercial.

Yo estaba satisfecho con mi trabajo y además funcionó bien en la taquilla. Me alegra que eso me hubiera sucedido aunque más no fuera una vez en toda mi carrera. En teatro, me pasó algo parecido con "El protagonista": duró tres años con un éxito arrasador y además a mí me gustaba mucho.

Con "Atreverse", de Alejandro Doria, viví en la tele esa situación de congruencia entre mi gusto por el programa y la respuesta en cuanto al rating. Me siento afortunado de que me haya ocurrido algo así en los tres medios. Pero sé que es muy difícil y creo que uno tiene que hacer su trabajo y esperar. De tanto en tanto te puede llegar una situación ideal, pero no se puede vivir pendiente de eso todo el tiempo.

-¿Qué peso tuvo en tu autoexigencia aquella temprana felicitación de De Niro?

-Yo no pienso mucho en términos de la mirada del afuera. No sé exactamente cómo me ve el medio. Lo de De Niro también fue una excepción. Que venga a verte De Niro al teatro es un milagro que puede ocurrir sólo una vez. Pero uno no puede quedarse con eso y esperar que De Niro venga a verte cada vez que trabajás ni que cada película en la que actuás lleve al cine 1.700.000 espectadores, como sucedió con "Tango feroz".

Después de ese film, sentía que yo quería más escalones para subir, nuevos retos actorales, y no los había. Sentí que había subido una loma y que de pronto no faltaba un puente para seguir avanzando. Entendí que tenía que volver a bajar porque, de hecho, después del estreno de "Tango..." el cine nacional atravesó un momento muy difícil; casi no se filmaba. Además, dentro del poco cine que hay, uno depende de que haya un personaje para uno.

Recuerdo que después del éxito de "Tango...", muchos me preguntaron si estaría dispuesto a aceptar un papel de reparto en otra película. "Pero, si no acepto un papel de reparto, no trabajo nunca más en cine!", les contestaba. No es fácil que te den un protagónico en cine. Pensá que a Norma Aleandro el protagónico en "La historia oficial" le llegó cuando tenía cuarenta y pico de años.

-¿Cómo hiciste para mantener este sentido de la realidad mientras estabas en la ola del éxito?

-Traté de escuchar a los actores grandes que me aconsejaban. Muchos de ellos que en algún momento habían tenido en cine un éxito arrollador, me advirtieron que eso no iba a ser siempre así, que si decidía dedicarme sólo al cine podía pasarme dos años sin trabajar y esperando que saliera un proyecto.

-¿Cuál era tu relación con el mundo del cine cuando hiciste tu primer trabajo en "La amiga"?

-Me bastaba ver un carro de travelling para entusiasmarme. El cine me fascina, como actor y como espectador. En aquella primera experiencia estaba obsesionado con poder descubrir la técnica actoral que exige el cine y que es completamente distinta de la del teatro o la televisión. En la tele, la cámara te sigue. En el cine, tenés que respetar las marcas y saber que cuando te hacen un primer plano la cámara ve hasta tu pensamiento.

-¿Qué expectativas tenés respecto de "Verano del ´98"?

-Muchas. Los actores vivimos diciendo que la televisión tendría que ser mejor y que los productores tendrían que invertir más en los programas. Me alegró que me convocaran para un proyecto que desde el punto de vista de la inversión es valioso. Los interiores se graban en Sonotex y los exteriores en el Tigre. Se construyó especialmente un decorado de cuatro o cinco casas y una calle. Es un proyecto muy cuidado. Debe tener un 70 u 80 por ciento de exteriores, cuando la mayoría de los programas apenas tiene un 20 por ciento.

-¿Cómo es tu personaje?

-Mi personaje se llama Franco. Es un tipo apático y bastante misterioso. Al principio no se sabe mucho de su pasado. Sólo está claro que tiene un secreto y que viene escondiéndose de algo. Franco es un tipo que se vincula con los adolescentes de un modo especial, sin pelos en la lengua.

-¿Cuál es en tu opinión el atractivo de "Verano del ´98" a la hora de captar el interés del televidente?

-Creo que tiene una visión muy interesante sobre los problemas de la adolescencia, una etapa que es clave en la vida de todas las personas.

-¿En qué medida te son útiles los recuerdos de tu propia adolescencia para trabajar el personaje de Franco?

-Franco se vincula con los adolescentes y en ese sentido los recuerdos me resultan inevitables. Sobre todo en aquellas escenas en las que el adolescente se vincula con un adulto. Sé que los adolescentes escuchan o no a un adulto según el lugar desde el que ese adulto les esté hablando.

Yo sólo podía escuchar a aquellos que eran capaces de mostrarse ante mí como un ser humano, como un ser con debilidades. Cuando yo era adolescente, tenía muchas faltas de ortografía. En aquel tiempo estudiaba Bellas Artes. Mi maestro de plástica era un escultor que se llamaba Juan José Cano.

Una vez le pregunté a él cómo se escribía una palabra. "No tengo la menor idea", me contestó. Todavía recuerdo cuánto me impactó su respuesta: era un adulto que se permitía decirme con toda libertad que no sabía; me hizo sentir que yo no era el único que podía tener faltas de ortografía. Eso me marcó. Para un adolescente es mucho más fácil escuchar a un adulto que se acerca a él sin ocultar sus propias limitaciones que a aquellos que pretenden tener respuestas todo el tiempo.

Hace poco, me impactó mucho una actitud de un adolescente que conozco. El pibe tenía en la puerta de su cuarto una foto de un cantante al que admiraba. Un día entré en la habitación y vi que sobre esa foto había hecho un signo de interrogación con aerosol. "¿Qué es esto?", le pregunté. "Lo que pasa es que el chabón dijo un par de cosas que me hicieron dudar... Entonces lo dejé stand-by", me contestó el pibe.

Esa manera de mirar de los adolescentes es maravillosa: no lo sacó para siempre de la pared ni lo dejó allí como si nada le hubiera molestado. Lo puso entre paréntesis hasta comprobar hasta dónde el tipo es creíble. La adolescencia es una etapa de miradas muy agudas.

-¿Cómo fue tu experiencia de trabajo con Alejandro Agresti en "Buenos Aires viceversa"?

-Fue muy especial. Se trabajaba de un modo relajado y divertido. Agresti tiene una enorme capacidad para reírse de sí mismo y de los demás. El es un director que va a seguir filmando siempre, donde sea y como sea. Pero a mí me parece bueno que lo esté haciendo acá porque él es lo que yo llamo una bestia del cine, un apasionado.

Por amor al humor

Fernán Mirás parte de una experiencia de vida e intenta trasladarla al cine. En lo personal, es dueño de una certeza:"Ante ciertas cosas que no tienen solución, el humor es imprescindible -dice-.Uno lo valora en circunstancias verdaderamente difíciles. Admiro a la gente con sentido del humor porque sé que eso ayuda a afrontar cualquier dolor". Como actor, cree que "Mar de amores", el film de Víctor Dinenzon en el que comparte elenco con Teresa Constantini y Juan Leyrado, le ha dado una oportunidad de medir su destreza para moverse en clave de comedia.

Cuando se le pregunta qué respuesta espera del público respecto de "Mar de amores", Mirás dice:"Espero que se rían". Cuenta que cuando le propusieron el personaje de Hernán, aceptó movido por una curiosidad:"Me entusiasmó el género de la comedia romántica. Es algo que se hace poco y a mí me interesaba investigar ese tipo de actuación. Mi personaje y el de mi novia, que están a punto de casarse, se ven rodeados de hombres y mujeres separados y la película los mira con un humor ácido que me gusta mucho".

-¿Cuándo descubriste la importancia del humor?

-Hace un par de años. Frente a una situación muy difícil por el problema de salud de una persona de mi familia. Ahí entendí cabalmente que el humor es a veces la única posibilidad de relajarse y descargar la angustia.

-¿Crées que estás hecho para poder tocar la cuerda del humor?

-Como actor me resulta liberador poder hacer gags físicos, apostar al humor con el cuerpo. Cuando uno es un actor con una formación ante todo dramática, la comedia es bienvenida. Yo veo la vida con humor, lo cual no quiere decir que sea gracioso. Pero sí que cada día trato de pasarla bien y que frente a determinados hechos acepto que sólo puedo reírme de mí y de los demás.

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