El retumbar de la cultura afro

Decenas de grupos, festivales, medios digitales y espacios culturales formados por afrodescendientes alimentan un importante circuito de llamada de tambores y conciertos en teatros. El fenómeno recupera la memoria musical de la cultura negra, que en el siglo XIX tenía un importante protagonismo en Buenos Aires. A partir de la nueva inmigración llegada de Africa y el Caribe, la movida hizo pie en la ciudad y todos los fines de semana pueden escucharse las llamadas de tambores en distintos barrios.
Gabriel Plaza
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1 de diciembre de 2006  

A mediados del 1800, el 44 por ciento de la población porteña era de raza negra o descendiente de ella. Los relatos porteños de periodistas como Blas Matamoros daban cuenta en los años setenta de que la comunidad afro había descendido considerablemente hasta casi desaparecer. Sin embargo, en los noventa, el latido de ese tambor renació de otra manera, a través de los nuevos migrantes afro y toda una legión de grupos nuevos, institutos musicales, asociaciones de afrodescendientes y medios como la revista digital de cultura afro llamada Quilombo .

"En la ciudad hay un auge de la cultura afro, pero ésta es la expresión de algo que está creciendo no sólo en Buenos Aires sino también en toda América latina. Hay una revalorización del legado cultural que los negros dejaron en América y que tiene que ver con esa resistencia cultural que fueron conformando en 400 años de historia", cuenta Dinah, la editora del newsletter Quilombo , que está cumpliendo un año de vida y que registra toda la intensa actividad alrededor de la cultura africana en Buenos Aires.

No sólo es cuestión de piel

La identidad afro se vive en las calles, en las que se fue armando un circuito de lugares donde los tambores vuelven a sonar con ese mismo llamado ancestral que pegó en gente que no era afrodescendiente, como Wanda de Yjampa. Ella comenzó a estudiar esta cultura en el Centro Cultural Rojas y quedó fascinada inmediatamente. "Aunque muchos de los que forman parte de este movimiento también somos blancos, nos identificamos con la riqueza expresiva de la música y la danza de esa cultura", apunta.

Todos los fines de semana, desde las 17, las llamadas de tambores resuenan en la plaza Dardo Rocha, de La Boca, en el parque Centenario y en el parque Lezama. El circuito se extendió también a la escena musical porteña, donde aparecieron nuevos grupos de raíz afro gracias a una nueva inmigración, como Los Negros de Miércoles o el grupo Banakabú, del percusionista senegalés Abdoulaye Diabané. "Cuando llegué, hace cuatro años, veía que había mucho interés pero no existía información -cuenta el músico senegalés-. Existía más relación con Brasil y Cuba, pero no había conexión con Africa. Decidí quedarme a enseñar y a hacer un trabajo muy fuerte para que aprendieran a cantar en dialecto, la afinación y los cortes. Empezó a funcionar el boca a boca y tuve que abrir un instituto. Hoy trabajan conmigo 270 estudiantes."

El interés por esta cultura se refleja en una nutrida agenda de grupos con ritmos afro y exhibiciones dedicadas a investigar y mostrar ese mundo y su implicancia en Buenos Aires. "Ahora hay muchos afrodescendientes que están trabajando en la cultura. En Buenos Aires podés encontrar la hermandad Bonga, La Casa de Freda Montaño, también Mestre Dedeco, que enseña capoeira angoleña, y Marisa Nascimiento e Isa Soares, que son afrobrasileñas. Hoy, más allá de cuestiones de pertenencia racial, la cultura afro se ha metido de tal manera que, como dice Hubert Reyes, de Los Negros de Miércoles, hasta podés encontrar músicos blancos que tocan mejor que los negros la música de los afrodescendientes."

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