La increíble historia de Trezeguet

Tiene sólo 20 años; en 1995 dejó Platense, donde jugó apenas siete partidos, y partió hacia Francia, donde su padre había actuado en los tiempos en los que él nació; ahora fue convocado para la selección de ese país, que disputará el partido inaugural del estadio Saint Denis.
Diego Mazzei
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27 de enero de 1998  

Anochece en Mónaco. La voz cálida y amigable surge desde el otro lado del teléfono. Una voz que no disimula un marcado acento francés. Allá lejos, en el principado, un chico de apenas 20 años se pasea por los recuerdos y las anécdotas del pasado en su Villa Martelli adoptivo y el presente en la paradisíaca ciudad de los príncipes.

Sin dudas, David Trezeguet alimenta sueños de grandeza futbolística. No ha pasado mucho tiempo desde sus primeros pasos por las divisiones juveniles de Platense a esta actualidad, que lo eleva a la categoría de jugador de moda en Francia. Su condición de figura y goleador del Mónaco, lo catapultó recientemente a la selección mayor de ese país.

Pero ¿cómo hizo un chico que tenía apenas un puñado de partidos en la Primera de Platense, para aspirar a tener un lugar en el Mundial de Francia integrando el plantel del país anfitrión? El destino quiso que su padre, Jorge, dueño de una vasta trayectoria en clubes argentinos, prolongara la misma a la ciudad francesa de Rouen, donde formó parte del conjunto local. Allí mismo, el 15 octubre de 1977, nació David. El hecho de haber nacido en Francia, que bien pudo haberse considerado como algo azaroso, resultaría fundamental para su futuro.

Dos años más tarde, finalizada la experiencia francesa, los Trezeguet decidieron volver al país. Y al tiempo, David ingresó a las infantiles de Platense, donde realizó un meteórico ascenso en las inferiores, hasta que el 12 de junio de 1994 el técnico Ricardo Rezza lo ubicó entre los titulares ante Gimnasia y Esgrima La Plata. Tenía tan sólo 16 años y atrás quedaban los goles en la sexta; las tardes de platea observando a los grandes, cimentando ilusiones de canchas llenas y redes rotas. Sin embargo, en momentos en los que la lógica marca el camino de la consolidación, surgió lo inesperado.

Contacto en Francia

"Gracias a los contactos que mi padre tenía en Francia salió la posibilidad de ir a jugar allá", comenta. "Miguel Angel Lupi, por ese entonces presidente de Platense, no puso ningún reparo para que yo me fuera y mis compañeros me alentaron en todo momento. Jugar en Europa es el sueño de todo jugador y yo no podía desperdiciar esa oportunidad.

"Además -continúa-, actuaría en un equipo con aspiraciones. Acá me hubiese costado mucho más jugando en un club chico. Igualmente, para Platense sólo tengo palabras de agradecimiento".

Nada lo hizo dudar. Ni siquiera que en aquel momento José Pekerman, entrenador de los seleccionados juveniles, se haya interesado en "ese pibe de buen físico que no para de hacer goles". Con 17 años, hizo las valijas para trasladarse a un país que, a pesar de que figuraba en su partida de nacimiento, bien ajeno era a sus días de picados y de amigos en Villa Martelli, su barrio. "Cuando llegué no hablaba ni una palabra, sólo ahora puedo conversar fluidamente".

Julio del "95 lo encontró en una prueba en el poderoso Paris Saint Germain, al que no se incorporó por un desacuerdo económico. Entonces surgió el interés del Mónaco y junto con papá Jorge, mamá Beatriz y su hermana, Fabiana, se trasladó a la que él define como la ciudad de los ricos. "Mónaco es un lugar habitado por gente de plata -explica-. Yo vivo con mi familia, pero además tengo un departamento propio".

"En enero de 1996, Jean Tigana me llamó para integrar el seleccionado juvenil francés", recuerda y aunque no lo exprese, en ese momento, supo interiormente que su destino había cambiado para siempre. "Con el Sub 20 gané varios torneos y jugué en un buen nivel". Gracias a esas buenas actuaciones, Aimé Jacquet, entrenador de la selección mayor, lo llamó para integrar el plantel. "Todavía no me quiero adelantar -aclara-. Sólo pretendo una oportunidad para poder demostrar que puedo tener un lugar en el Mundial".

Vive en un lugar envidiable, tiene a toda su familia con él y no le falta nada. Sin embargo, contra lo que muchos puedan pensar, queda claro que la llama del recuerdo de su viejo barrio sigue encendida en su interior: "Mi idea, tarde o temprano, es volver a vivir a la Argentina y jugar en algún club grande. Acá salgo con amigos, voy a bailar...aunque extraño bastante todo aquello. Pero primero quiero jugar varios años acá en Europa, consolidarme en Francia, y después esperar alguna transferencia mayor. Jugar en España me gustaría mucho".

Se encienden luces de ilusión para David Trezeguet. El país del mejor champagne confía en él y abre sus brazos en señal de crédito. Y desde su lugar en Mónaco, a miles de kilómetros del viejo Platense, el nuevo príncipe se ilusiona con poder beber el trago del éxito.

"El Francesito juega para divertirse"

Si bien en primera fue dirigido por Ricardo Rezza, la persona indicada para conocer un poco más a David Trezeguet, se lla ma Cacho Espina, quien, más allá de ser el padre de Marcelo, ídolo de Colo Colo, de Chile, dedicó y dedica gran parte de su vida a la conducción de las inferiores de Platense.

"Yo era el técnico de la sexta y David jugaba en séptima. Lo veía en los entrenamientos y me encantaba su manera de tratar a la pelota. Me gustaba tanto que lo subí de categoría. A la semana de entrenarse con nosotros debutó frente a Rosario Central; perdíamos 1 a 0 y el francesito marcó el empate", recuerda, como si fuera ayer, seis años después.

Sobre las capacidades futbolísticas de David, Espina no escatimó elogios: "Tiene un muy buen físico, a los 15 años ya medía 1.80, además es flaco, pero fuerte. Es habilidoso y tiene una particularidad que no todos los jugadores poseen: le pega a la pelota muy bien con ambas piernas, por lo tanto, no tiene ningún problema a la hora de perfilarse para definir.

"Ya en las inferiores -continuó-actuaba tanto de enganche como de punta, lo que demuestra que es un jugador con variantes. Pero creo que una de sus mayores virtudes es el cabezazo, ya que se eleva muy bien. Esto, más su olfato goleador, marcan el desequilibrio.

"Cuando Luis Blanco asumió en la primera del club, yo me encargué de la tercera. David tenía 16 años y lo llevé con nosotros. Alternó entre titular y suplente, no por su juego sino por las diferencias físicas que, más tarde, con mucho trabajo en el gimnasio, desaparecieron.

"Decir que en Argentina hubiera triunfado, no sé si es lo más exacto. El tiene una manera de sentir al fútbol que no todos la entienden en nuestro país. Juega para divertirse, no piensa en los resultados; creo que Francia fue el lugar indicado para que David llegue a ser lo que es hoy", reflexionó Cacho, antes de ir otra vez "a divertirme con los pibes de las inferiores". Como cuando sonreía al ver jugar, entre otros, a David Trezeguet, el francesito.

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