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Gallardo decidió irse de River para continuar su carrera en Francia

La falta de confianza para seguir y los ofrecimientos de Paris Saint Germain y Olympique Marseille lo impulsaron a replantearse su futuro
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8 de diciembre de 2006  

Quienes conocen la intimidad del vestuario de River aseguraron que a Marcelo Gallardo se lo notó distinto en los últimos días. Diferente, extraño, confiaron entre los integrantes del plantel. ¿Está enojado por la deuda de su contrato que nunca se cancela? ¿No sabe qué hacer con su futuro? ¿Está molesto por las lesiones que lo tienen a maltraer? ¿Se quedó sin palabras ante las discretas producciones personales que tuvo en el último semestre? Y, como si fuera poco, dos ofrecimientos de Francia lo empujan hacia una situación impensada hace unos meses: el alejamiento definitivo de River.

Alguna vez confió Gallardo que él era el indicado para asumir la conducción futbolística de River. Por aquello de regresar a su casa, al club que siente en el corazón. Entonces, decidió pegar la vuelta desde Europa con 27 años. "Cómo resistir a la tentación de volver a jugar a uno de los clubes más prestigiosos del planeta", explicaba en su retorno, en junio de 2003, cuando el equipo era conducido por Manuel Pellegrini. Nunca se hubiese perdonado dejar pasar la oportunidad. Hoy, con 30 años, no está arrepentido de aquella decisión, pero sí comenzó a ensayar una nueva despedida de River.

En el entrenamiento de ayer por la mañana, en Ezeiza, no se hablaba de otra cosa que del inminente alejamiento del Muñeco. El, un referente histórico del equipo, ya le comentó al técnico Daniel Passarella que tiene un par de propuestas para analizar (Paris Saint Germain y Olympique Marseille) y que tomará una decisión sobre su futuro en las próximas horas. Quienes frecuentan el plantel aseguran que está más cerca de irse que de quedarse. Públicamente, el futbolista no quiere decir nada. Es más, ayer, una vez finalizado el entrenamiento, fue abordado por los periodistas y pidió "no hablar" por ahora. Pero más allá de eso, entregó indicios claros de que se irá.

La intención de los dirigentes es convencerlo para que se quede. No va a ser fácil, sin embargo. Porque las ofertas que tiene son firmes y, con casi 31 años, Gallardo analizó la situación con su familia y consideró que lo mejor será continuar en el exterior. Por tres razones: una económica, otra anímica y otra futbolística. Con respecto a los números, la deuda contractual de River ascendería a 1.800.000 dólares (si se concreta su transferencia, en Núñez no ingresará dinero porque se canjeará por lo adeudado). Los reclamos del enganche nunca fueron terminantes. Es más, el Muñeco había arreglado de palabra un contrato con los dirigentes por tres años. Estuvo a punto de firmar en agosto último, pero las urgencias por el cierre del balance hicieron que todo quedara postergado. En las próximas horas habría una reunión con el presidente del club, José María Aguilar, y el secretario Mario Israel, a quienes el jugador les comunicará la decisión de marcharse.

A comienzos de este año quedó señalado como el responsable de la traumática salida del club de Reinaldo Merlo. Su relación con la gente no volvió a ser igual. Con el arribo de Passarella se ilusionó nuevamente. Respaldado por el entrenador, el Káiser casi siempre -fue suplente en el superclásico- le hizo un lugar en el equipo, pero el Muñeco no encontró regularidad y el DT inclinó sus preferencias hacia Fernando Belluschi como referente futbolístico. Está claro: ya no se siente ni el indicado ni el preferido para asumir la conducción futbolística del plantel, como comentó hace unos años en el comienzo de su segundo ciclo en Núñez.

No fue del todo saludable el paso de Gallardo en esta última etapa en River (jugó 77 partidos y marcó 25 goles). Llegó con la firme intención de cosechar títulos (logró el Clausura 2004) y pocas veces su nivel fue el esperado. Tuvo que hacerles frente a varias lesiones que le impidieron rendir en su plenitud. Incluso, después del operativo-marginación de Merlo fue resistido por parte de los hinchas, pese a que en otros tiempos lo consideraban "un ídolo".

El interés que existe en Francia por contratarlo, el comentario de que figura detrás de Belluschi en la consideración del cuerpo técnico y la demora de River en pagarle su pase, llevaron a Gallardo a pensar en un cambio. Por encima de los errores y las diferencias, siempre se dejó conquistar por el corazón millonario. Pero hoy siente que son sus últimos días en el club que más quiere.

  • Cardozo o Pavone, dos apuestas fuertes

    Como las ventas de Gonzalo Higuaín y de Juan Pablo Carrizo, a Real Madrid y a Milan, respectivamente, marchan a paso firme, River hará una apuesta fuerte para incorporar a un goleador. Los candidatos son Mariano Pavone, de Estudiantes, y Oscar Cardozo, de Newell s. Además, comenzaron las gestiones por el defensor Facundo Quiroga, de Wolfsburgo, de Alemania.
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