Saavedra Lamas, 70 años después

Por Hugo Caminos Para LA NACION
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16 de diciembre de 2006  

El 10 de diciembre de 1936, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, doctor Carlos Saavedra Lamas, era laureado con el Nobel de la Paz. Por primera vez, un latinoamericano era distinguido con el premio Nobel.

Era el mejor momento para que un alto funcionario de la Nación obtuviera un galardón que ubicara al país en el lugar que merecía en el concierto internacional. Por su educación y su cultura, la Argentina ocupaba el primer lugar en América latina. Emprendía un camino de progreso social y su economía figuraba entre las más importantes del orbe.

Saavedra Lamas había desempeñado importantes funciones: diputado nacional, ministro de Instrucción Pública y profesor de Legislación del Trabajo en la UBA. Era autor de un código del trabajo que presentó en la XI Conferencia de la OIT, en 1928, que, como latinoamericano, fue el primero en presidir.

Sin embargo, la razón de haber alcanzado la distinción fue su extraordinaria labor como canciller en la presidencia de Agustín P. Justo. En particular, fue su actuación para el logro de la paz en la guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, y su Pacto Antibélico de No Agresión y Conciliación, conocido como Pacto Saavedra Lamas.

En junio de 1932, a pocos meses de asumir en la Cancillería, a cuyo frente estuvo durante seis años, comenzaron las hostilidades entre nuestros hermanos vecinos, a raíz de una cuestión de límites en el Chaco boreal. La ruptura de la paz en América reclamó la constante atención del canciller argentino, quien desplegó sus esfuerzos en tres direcciones diferentes, pero convergentes: el derecho internacional, su experiencia en los organismos internacionales de la época –la Sociedad de las Naciones y la Unión Panamericana– y su conocimiento de la posición de los Estados Unidos en los asuntos de la guerra y de la paz.

Saavedra Lamas expresó sus ideas en una declaración que sometió al Comité de Neutrales, creado en la Conferencia Internacional Americana de Conciliación y Arbitraje (Washington, 1929). El Comité la adoptó el 3 de agosto de 1932. Allí esbozaba los principios que orientarían su famoso Pacto Antibélico: la condena del uso de la fuerza para la solución de los asuntos territoriales y el no reconocimiento de las adquisiciones territoriales obtenidas mediante la ocupación o conquista armada.

En la Cancillería, Saavedra Lamas realizó una laudable tarea con el fin de reinsertar el país en el mundo. En enero de 1933, logró que la Argentina ratificara el Pacto de la Sociedad de las Naciones, luego de defender su aprobación en el Congreso. A partir de allí, como lo explicó José María Ruda, comenzó a romper con “la tradicional postura aislacionista de la Argentina”. Su trabajo fue reconocido cuando, en 1936, fue elegido presidente de la asamblea de la organización ginebrina. En esa ocasión, por una propuesta argentina, se creó una comisión especial para estudiar la aplicación del Pacto de la Sociedad de las Naciones y su coordinación con el Pacto Briand-Kellogg, que declaraba la renuncia a la guerra como instrumento de política nacional, y con el Pacto Antibélico, que su autor había presentado ante el foro de Ginebra, en 1934.

La Guerra del Chaco y la falta de un acuerdo vinculante para prevenir o hacer cesar las hostilidades habían persuadido al canciller argentino de la necesidad de un instrumento obligatorio, un tratado suscrito y ratificado por los Estados. A ese objetivo se dedicó, mientras desplegaba una incesante actividad para restablecer la paz entre Bolivia y Paraguay. El conflicto se agravó cuando, en mayo de 1933, Paraguay declaró la guerra a su vecino país. Esto obligó al Consejo de la Sociedad de las Naciones a intervenir, pues ambas naciones eran miembros de la Sociedad. Pero no tuvieron éxito las gestiones emprendidas desde Ginebra. Fue en ese momento cuando Saavedra Lamas decidió que la Argentina asumiera la iniciativa.

En mayo de 1935, se reunía en Buenos Aires un grupo mediador que, junto con Saavedra Lamas, integraban los embajadores de Brasil, Chile, Estados Unidos y Perú. A ese grupo se unieron los cancilleres de los dos países en guerra. El anfitrión logró que se firmara un protocolo en el que se pedía al presidente argentino que convocara a una conferencia de paz y se disponía el cese de fuego a partir del 14 de junio de ese año.

Al cesar las hostilidades, el gobierno argentino convocó de inmediato a la conferencia de paz, que se realizó del 1° de julio al 25 de octubre. Entonces, se declaró el fin de la guerra. Fue la culminación de un difícil proceso.

El proyecto de Pacto Antibélico, enviado en septiembre de 1932, a los países de América y Europa, había sido acompañado por una detallada exposición de motivos, en la que su autor explicaba cada uno de sus 17 artículos. No pretendía derogar el régimen del Pacto de la Sociedad de las Naciones ni tocar el Pacto Briand-Kellogg, sino coordinar y completar esos instrumentos con el no reconocimiento de las adquisiciones territoriales por la fuerza.

Como expresó el miembro del Comité Nobel, en su afán por asegurar la aceptación del Pacto, Saavedra Lamas demostró ser un hábil diplomático con visión de futuro. Con perspicacia, aprovechando una visita de Justo a su par brasileño, Getulio Vargas, organizó en Río de Janeiro, el 10 de octubre de 1933, una solemne ceremonia en la que se firmó el Pacto Antibélico argentino. Con ello, logró el importante apoyo de Brasil. Además, allí lo suscribieron Chile, México, Paraguay y Uruguay. Dos meses después, en la VII Conferencia Internacional Americana (Montevideo, 1933), se trató el Pacto Antibélico, pese a que no era un acuerdo originado en el marco institucional interamericano. En esa reunión, el Pacto y su autor recibieron el cálido homenaje de numerosas delegaciones. El secretario de Estado de los EE. UU., Corder Hull, anunció en la Conferencia que su país estaba dispuesto a suscribir el Pacto, algo que con el tiempo hizo.

En enero de 1936, el presidente Franklin D. Roosevelt se dirigió a todos los mandatarios americanos para proponer que se convocara a una conferencia interamericana extraordinaria. Se buscaba determinar la mejor forma de proteger la paz en la región. Atendiendo a esa sugerencia, se reunió en Buenos Aires, en diciembre de ese mismo año, la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz, que fue presidida por Saavedra Lamas, con la presencia del presidente de los Estados Unidos. En la sesión inaugural, hablaron estos dos últimos y el presidente Justo. Esta vez, el canciller argentino, que días antes había recibido el Nobel de la Paz, recibió los mayores elogios del gran mandatario norteamericano.

El Pacto Antibélico entró en vigor el 13 de noviembre de 1935. De las 21 repúblicas americanas, sólo Bolivia y Costa Rica no se hicieron partes. Además, fue ratificado por Bulgaria, Checoslovaquia, España, Finlandia, Rumania y Yugoslavia. Por una disposición del Pacto de Bogotá (1948), el Pacto Antibélico dejó de estar en vigor para los Estados partes de aquel. Hoy, el Pacto Saavedra Lamas está vigente para la Argentina, Cuba, Ecuador, Guatemala, EE.UU., Venezuela y los seis países europeos ya mencionados. En cuanto a la trascendencia internacional del Pacto, aun cuando era todavía un proyecto, la expresó en pocas palabras el prestigioso internacionalista francés De la Pradelle en un sustancioso artículo en la Revue de Droit International, en 1932: “El proyecto de la Cancillería argentina es de aquellos que hacen honor no solamente a un ministro, sino a un país”.

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