Amor y baile, a años luz de Fama

Dolores Graña
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4 de enero de 2007  

Step Up: camino a la fama ( Step Up , Estados Unidos, 2006). Dirección: Anne Fletcher. Guión: Duane Adler y Melissa Rosenberg. Dirección de fotografía: Michael Seresin. Montaje: Nancy Richardson. Diseño de producción: Sheperd Frankel. Vestuario: Alix Hester. Música: Aaron Zigman. Con Channing Tatum, Jenna Dewan, Mario, Rachel Griffiths y De Shawn Washington. Presentada por Alfa Films. Duración: 98 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: regular

El aprendizaje de la danza, gracias a su carga de emociones desbocadas, de presiones y egoísmo, todos necesarios para alcanzar una carrera profesional en el arte, ha sido el telón de fondo elegido por Hollywood para contar -de Fama a esta parte- esas historias de redención que ya son todo un subgénero en las películas juveniles: aquella que encuentra a un adolescente a punto de despilfarrar su talento que aprende a alcanzar sus sueños a fuerza de perseverancia, romance y alguna que otra tragedia inexplicable.

El joven que debe animarse a responder el desafío que se le presenta (tal es significado aproximado de su título original en castellano) es un joven huérfano que pasa sus ratos libres robando autos y jugando al básquetbol junto a sus dos amigos de la infancia, tan carentes de dirección y objetivos como él. En una de sus escapadas nocturnas, Tyler (Channing Tatum, de Una chica en apuros ) es atrapado por un guardia de seguridad dentro del salón de actos de un instituto de arte y condenado a cumplir tareas comunitarias allí mismo, como forma de reparar los daños que ha causado (la explicación para tal benévola condena, dado el extenso prontuario del futuro bailarín y su total ausencia de arrepentimiento, es sólo la primera de las muchas inconsistencias de un guión que es poco más que un efectivo collage de situaciones y diálogos tan endebles como previsibles).

Así, la forzada permanencia de Tyler en los pasillos de la escuela, cambiando bombitas de luz y trapeando pisos, se torna oportunidad proverbial cuando la estructurada bailarina estrella del establecimiento (Jenna Dewan, de Ritmo y seducción ) lo observa ridiculizar, con considerable habilidad, lo que, para un avezado -y obtuso- bailarín de hip hop como él es el árido y anticuado lenguaje del ballet: la lesión del partenaire de Nora para el importante espectáculo de graduación hará el resto para encontrar la excusa para el inevitable romance: él aprenderá disciplina y compromiso; ella, libertad e imaginación.

Por el camino, los dilemas de sus respectivos amigos demostrarán que ni la raza ni la clase social determinan el éxito artístico, mientras la periódica aparición de la estricta directora que compone Rachel Griffiths (que deambula por los mismos pasillos en busca de un verdadero personaje) refuerza el encomiable pero algo torpe mensaje de sacrificio de sus realizadores.

Sin embargo, la pareja central de este film tan pulcro como anodino sólo parece encontrar algo del corazón y la expresividad que enuncia su premisa (y la química que promete su tórrido pero casto romance) en sus frescas y logradas secuencias de baile, que sacan partido de la trayectoria como coreógrafa de su directora, la debutante Anne Fletcher, y del dinámico montaje de Nancy Richardson.

Lástima que no puedan bailar toda la noche -como pedía Audrey Hepburn en un film bastante más complejo que éste-, porque cada vez que la música se detiene (y, a lo largo de sus 98 minutos, eso ocurre muchas, muchas veces) Step Up: camino a la fama tropieza con el mismo obstáculo irremontable: su ausencia de personalidad.

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