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Recuperan los clientes lo robado

Según los abogados, el 90% de los clientes llegó a un acuerdo
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7 de enero de 2007  

A casi un año de que una banda de audaces e imaginativos ladrones se llevara 8 millones de dólares y vaciara 145 cajas de seguridad de la sucursal Acassuso del Banco Río, la entidad ya indemnizó al 90 por ciento de sus clientes, y de la decena restante, sólo uno inició una demanda contra la entidad. Los demás siguen negociando.

Así lo informaron fuentes de la entidad bancaria que se ampararon en la confidencialidad de los acuerdos para no revelar la suma de dinero que pagaron a los clientes que perdieron dinero en efectivo y joyas. No obstante, allegados a los damnificados dijeron a LA NACION que el banco pagó algo más de 5 millones de dólares a los clientes.

De todo el botín, las autoridades sólo recuperaron 2.200.000 dólares y ocho kilos de joyas. El dinero está afectado y las alhajas se devolvieron a quienes pudieron probar su pertenencia. Del resto, unos seis millones de dólares, se sospecha que están en manos de la banda, en bancos extranjeros.

El robo al banco ocurrió el 23 de enero pasado cuando cinco personas ingresaron en la sucursal en la esquina de avenida del Libertador y Perú, en Martínez. Los delincuentes tomaron como rehenes a 23 personas entre empleados, personal de seguridad y clientes. Comenzaron a negociar con la policía como si en verdad tuvieran la intención de demorar su entrega o huir por la puerta delantera. Pero todo fue una farsa. Sólo querían ganar tiempo para forzar las 143 cajas de seguridad y luego huir como verdaderos "boqueteros al revés". Por un hueco en la pared salieron hasta un túnel casero que conectaba con un ducto pluvial. Colocaron el botín en dos gomones, dentro del túnel y navegaron así hasta las calles Tres Sargentos y Libertad. Una camioneta estacionada sobre la boca de tormenta, pero con el piso agujereado, ocultó la salida de la banda que se fugó con el botín.

Negociaciones

Desde ese momento el banco buscó contactar a los damnificados. Mantuvo abiertas las puertas de la sucursal el fin de semana y hasta trató de rastrearlos para informarles lo ocurrido y comenzar a conversar sobre la recuperación de lo perdido. Muchos clientes contactaron abogados y a lo largo del año comenzaron negociaciones extrajudiciales, o en el marco de una mediación, como paso previo al inicio de una demanda civil.

La abogada Nydia Zingman de Domínguez, que concentró un buen número de clientes, dijo: "No puedo hablar de montos, pero hubo arreglos muy beneficiosos. En realidad, es la primera vez que un banco toma la actitud de resarcir a los damnificados con sumas serias en forma inmediata".

Según su experiencia, fue necesario iniciar los trámites judiciales para que las partes se avinieran a negociar. Los clientes debieron probar con indicios el contenido de su caja de seguridad, por ejemplo fotos de joyas robadas, constancias de una operación inmobiliaria o de una herencia.

Otros abogados, que prefirieron mantener en reserva su nombre, informaron que el banco pagó en un solo caso hasta 400.000 dólares de indemnización a un cliente. En el banco no confirmaron el dato, por el acuerdo de confidencialidad con sus clientes. Los acuerdos, según los letrados, alcanzaron el 80% de lo que los damnificados denunciaron que les habían robado.

Uno sólo de los clientes avanzó hasta llegar a una demanda formal que ya recibió el banco, aunque la entidad no descartó llegar a un acuerdo. "Con relación a los clientes restantes, continúan las conversaciones", dijeron.

Zingman explicó que esta actitud del banco de llegar a un arreglo antes de pelear en el juicio puede deberse a que "hay una política general de los bancos de reducir los pleitos y conservar el cliente". Recordó que hay abundante jurisprudencia que señala que el banco no puede negar ni limitar su responsabilidad ante un robo de este tipo. Esos fallos les permitieron a los clientes no sólo ser indemnizados por la pérdida, sino por el daño moral y psíquico que les produjo el despojo.

En el Banco Río expresaron que las características particulares del contrato de las cajas de seguridad, que advertían sobre la imposibilidad de depositar valores por encima de los 50.000 dólares, hacen este caso diferente de los otros sobre los que ya resolvió la Justicia y que primó mantener la relación con el cliente.

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