Animación a la mexicana

Dolores Graña
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11 de enero de 2007  

Una película de huevos (México, 2006). Dirección: Rodolfo y Gabriel Riva Palacio. Guión: Rodolfo Riva Palacio. Director de animación: Gabriel Riva Palacio. Música: Carlos Zepeda. Sonido: Nerio Barberis. Voces: Bruno Bichir, Carlos Espejel, Angélica Vale y Humberto Vélez. Producción animada de Huevocartoon, presentada por Warner. Duración: 88 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: buena

Un huevo recién llegado al mundo es separado de su madre, metido en una caja de cartón junto a varios centenares de alarmados ovoides y enviado a la gran ciudad, desde donde intentará reencontrar el camino a casa para cumplir con su destino de convertirse en un gran pollo.

En este viaje, Toto encontrará a muchos congéneres -sobrevivientes de una casa habitada por una familia afecta a superar ampliamente su cuota diaria recomendada de huevos, psicodélicos carnales rellenos de papel picado, vigías con ínfulas de doble yema, patoteros vástagos de reptil, fieles y silenciosas rebanadas de panceta- recorrerá desagües, avenidas y hasta parques de diversiones y, por sobre todo, escapará de todo tipo de animales que buscan aprovecharse de su frágil constitución física para convertirlo en un rápido y delicioso almuerzo.

Clásico y localista

Las mayores virtudes de este amable film de animación mexicano, debut de los hermanos Rodolfo y Gabriel Riva Palacios -creadores de una serie de cortos protagonizados por criaturas bastante parecidas a éstas que fueron un éxito en Internet- deben buscarse por el lado del logrado trabajo actoral de las voces, que logran aportar simpatía y matices a personajes bien delineados desde la animación (que mezcla dibujos tradicionales y creados por computadora) y del ritmo sostenido del relato que, junto con las ingeniosas canciones, compensan en buena medida lo exiguo y convencional de su historia. En el curso de su odisea, estas criaturas retoman temas ya presentes en varios éxitos recientes del género, desde la fuga de un campo de prisioneros víctimas de la industrialización humana de Pollitos en fuga , pasando por la recuperación idílica del campo de Vacas vaqueras hasta la oposición entre objeto y ser vivo que demuestra no ser tal de la serie Toy Story . Es que Una película de huevos sigue fielmente -y ejecuta con oficio- las lecciones de la línea más clásica de la animación hollywoodense, especialmente en lo que respecta a la necesidad de atenerse a la sencillez de un mundo construido a la medida de sus habitantes.

Sin embargo, la película tiene una apreciable identidad mexicana, que se extiende al humor entre campechano y pícaro de su criaturas y al uso de un sinnúmero de modismos de su país que probablemente logren dificultar la comprensión de algunos gags entre los más chicos, que también pueden llegar a alarmarse con las truculentas muertes de algunos de los precursores de Toto y su mejor amigo Willy en los tramos iniciales de este film que, como su protagonista, sabe sacar partido de sus virtudes y ser fiel a sus convicciones hasta el final. Feliz, claro.

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