Falleció el notable matemático Mischa Cotlar

Autodidacto, tuvo prestigio mundial
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17 de enero de 2007  

Venerado por sus discípulos, y admirado por su generosidad y su gran humanismo, falleció ayer el gran matemático Mischa Cotlar, que a pesar de haber nacido en Ucrania vivió y trabajó la mayor parte de su vida en América latina.

Cotlar fue un personaje notable. Según se cuenta, ya que nadie lo sabe a ciencia cierta, había nacido en Rusia, en 1913. Llegó a Uruguay a los 16 años, después de emigrar con los suyos desde Kiev.

De familia burguesa, su padre era un hombre muy culto cuyo nombre figura en la historia del ajedrez con la variante "Lasker-Cotlar", según contó el doctor Héctor Ciapuscio en un artículo publicado en el diario Río Negro cuando hace unos años fue distinguido con el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires.

Mischa fue protagonista de una historia extraordinaria. Aunque sólo recibió un año de educación formal, se ganó la vida en Montevideo, primero, y en Punta del Este, después, como pianista de un terceto de música clásica.

Allí lo conoció un profesor argentino que en 1935 lo trajo a Buenos Aires, donde inmediatamente lo "adoptó" la comunidad de matemáticos local, ya que desde muy joven había sentido pasión por la matemática. Aquí conoció a Rey Pastor, a González Domínguez, a Calderón y a Manuel Sadosky, que lo condujo a la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

Participó de una época de oro de la universidad, e incluso sin título académico daba clases y formó una escuela de investigadores.

Cuenta Ciapuscio que Sadosky y su esposa, Cora, también matemática, se dieron cuenta muy pronto de su valor excepcional, hasta que un profesor norteamericano que estaba de visita en el país le consiguió una beca Guggenheim. En los Estados Unidos estudió en Yale y obtuvo su primer título, el doctorado, en la Universidad de Chicago.

"Volvió a la Argentina en 1953 y enseñó en Exactas -dice Ciapuscio- (y donaba mes a mes parte de su sueldo a la Fundación Alberto Einstein para becas a jóvenes estudiosos) hasta que, en 1966, la intervención militar lo determinó a emigrar, primero a la Universidad de Rutgers, cerca de Princeton, y luego a Venezuela."

Un gesto que lo pinta cabalmente es la improvisación que ensayó en ocasión de ser distinguido con el doctorado honoris causa de la UBA. No habló de sí mismo, sino que se refirió a su amor a la matemática, al país que lo había acogido y a los amigos que lo habían ayudado.

El año último recibió el Premio Domingo Faustino Sarmiento, entregado por el Senado de la Nación. En esa ocasión subrayó: "Tanto mis maestros como mis amigos y colaboradores argentinos y uruguayos eran personas de excepcional calidad humana. [Ellos me enseñaron] que la calidad humana está antes que el científico".

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