La historia del embajador de Kirchner que defendía a Isabel

Bettini, representante en España, vino en los 90 con la viuda a negociar con Menem
Juan pablo Morales
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28 de enero de 2007  

Carlos Menem agasajó a Isabel con panaché de endibias, pollo a la Termidor y, de postre, omelette surprise . Había habido tiempo de planificar el menú, porque en la quinta de Olivos todos sabían de la visita. La viuda de Perón quería hacer un viaje relámpago al país y acelerar trámites judiciales y pormenores de su jubilación como ex presidenta. Por eso, en aquel almuerzo de junio de 1991, Isabel no estaba sola. La acompañaba su abogado y confidente: Carlos Bettini.

Ese mismo hombre es, desde 2004, el embajador en España del presidente Néstor Kirchner. El mismo que deberá entregar a la Justicia el pedido de extradición que llegará desde Buenos Aires por orden de los jueces que investigan a la ex presidenta por violación de los derechos humanos durante su gobierno, y el mismo al que, ahora, el entorno de Isabel le reprocha que no haya, "al menos, levantado un teléfono para hablar con ella".

Bettini e Isabel se conocen desde hace más de 25 años. España fue un destino común: ella para recluirse y olvidar su pasado, él para escapar de la persecución. Ex militante montonero, Bettini pertenece a una familia diezmada por la dictadura. Su hermana, su padre, su abuela y su cuñado fueron secuestrados y asesinados en La Plata. Sólo él y su madre, Marta Francese, lograron salir del país, en 1977, y llegar a Europa.

En Madrid, Francese cultivó vínculos con el partido socialista y con varios residentes argentinos; entre ellos, Isabel Perón. Hay quienes afirman que la relación era muy estrecha. "Bettini llega ser abogado de Isabel por su madre. Ellas eran amigas. Hasta llegaron a veranear juntas en las playas de Fuengirola", relató a LA NACION Hugo Franco, un ex funcionario menemista que participó de aquellas reuniones de Isabel en Buenos Aires.

Bettini heredó los contactos. En los 80, se transformó en uno de los abogados en la Defensoría del Pueblo española gracias a su relación con Felipe González, y en Madrid estrechó el lazo profesional con Isabel. Aunque sólo en los 90 se mostró como apoderado, quienes lo conocen afirman que empezó a trabajar bastante antes.

"En la década del 80 manejó los trámites de su jubilación y sus derechos como viuda de Perón. Incluso, se ocupó de las polémicas por su herencia. Los viajes a la Argentina los preparaba él", recordó a LA NACION Humberto Toledo, vocero presidencial al principio del gobierno de Menem, otro testigo de las reuniones de las cuales participó Bettini.

En su edición del 28 de junio de 1991, LA NACION reconstruyó el primer encuentro público que reunió a Menem, Isabel, Bettini y Norma Alí, en aquel tiempo agregada cultural argentina en Madrid. Incluso, da cuenta de una reunión posterior, a solas, entre Bettini y el entonces secretario legal y técnico, Jorge Maiorano, en la cual se habría hablado sobre las causas judiciales que involucraban a Isabel.

LA NACION intentó hablar con Bettini para conocer su versión de los hechos, pero en el área de prensa de la embajada en Madrid desistieron de hacer comentarios.

No mucho después de su visita al país con Isabel, Bettini le presentó un nuevo profesional: Humberto Linares. "Fue él quien me derivó varias de sus causas", reveló Linares hace pocos días a un diario español. Según el apoderado de Isabel, en aquel momento la relación con la familia Bettini era íntima: "Cuando Isabel se quedó sin dinero para el alquiler, vivió varios meses en la casa de la madre de Bettini, en la calle San Luis".

Un puente político

La derivación de causas a Linares no era casual. En 1992, los contactos políticos de Bettini lo habían convertido en nexo entre los gobiernos español y argentino, con el valor agregado que implicaban sus relaciones con empresarios ibéricos. "Isabel le sirvió como puente con el gobierno de Menem", confesó a LA NACION una fuente que conoce de cerca al embajador.

Ya con la colaboración de Linares como abogado, Bettini dejó España en 1993 para ser, en Buenos Aires, representante de Iberia en el proceso privatizador de Aerolíneas Argentinas.

Una vez en el país, Bettini se sumó al apogeo menemista. El abogado encontró buena recepción en el Ministerio de Justicia, donde fue asesor. Pero no abandonó sus contactos con la viuda: iba seguido al estudio de Linares y hablaba con ella, contó un hombre del entorno de la ex presidenta.

Después de su paso por Justicia, Bettini ocupó la Jefatura de Gabinete del entonces procurador general de la Nación, Nicolás Becerra.

En esos años, la relación con Isabel empezó a enfriarse. Las llamadas a Isabel se volvieron esporádicas.

Bettini trabajó en la Procuración hasta febrero de 2004. Poco después, Kirchner hizo pública su intención de que fuera embajador en España. Recibió duras críticas, acusado de ser "lobbista español". Para el Presidente era un candidato ideal por sus relaciones con el socialismo. Su pliego fue aprobado el 22 de junio de 2004.

Desde esa fecha, cortó el contacto con Isabel. "La relación terminó congelada", dijo un hombre relacionado con la ex presidenta. No la llamó el 10 de enero, cuando un juez mendocino ordenó su detención. Tampoco el 16, cuando el juez Norberto Oyarbide pidió la captura. Las personas más cercanas a Isabel están molestas, aunque reconocen que la situación de Bettini "es incómoda". En la entrevista con El Mundo, de España, Linares dijo que era "probable que los gorilas en el Gobierno le hayan aconsejado a Kirchner: «Vas a ganar votos haciendo esto»". No sería difícil interpretar qué significa "incomodidad" para las personas cercanas a Isabel.

En el entorno de la ex presidenta también sostienen que "debe ser un equilibrio difícil haber sido el apoderado y ahora integrar un gobierno que va contra ella". Un equilibrio difícil que deberá ejercitar cuando llegue a sus manos un exhorto de extradición desde Buenos Aires, acompañado con la orden de darle curso urgente.

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