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Un organismo prestigioso y con nivel internacional

La embestida del Gobierno es de una gravedad extrema
Jorge Oviedo
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4 de febrero de 2007  

Con la desmesura y verborragia que lo caracteriza, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, ha embestido con agravios y amenazas contra una institución cuyo prestigio profesional trasciende las fronteras.

En 1998, el Indec realizó una conferencia internacional para intercambiar conocimientos y ajustar sus métodos. El francés Jean-Louis Bodin, por entonces presidente del Instituto Internacional de Estadísticas (ISI es la sigla en inglés) e inspector general del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia estuvo presente y elogió el trabajo de los profesionales locales.

Bodin, para los suspicaces, empezó su discurso en la conferencia haciendo un homenaje a un profesional de las estadísticas, desaparecido en la última dictadura. En una entrevista concedida entonces a LA NACION, Bodin señaló: "El Indec es muy serio y tiene muy buenos profesionales. Sigue métodos internacionales y hace reuniones como ésta, de nivel internacional, para mejorar su trabajo. En muchos países, los gobiernos han comprendido que la ausencia de confianza en las estadísticas es peor que si las estadísticas arrojan resultados que no son demasiado buenos. La permanente ausencia de confianza en las cifras oficiales de un país puede tener un efecto mucho peor que el que generan reportes creíbles que muestran números que no son muy buenos".

En su conferencia, el prestigioso especialista había subrayado: "Las estadísticas oficiales se producen para dar lugar al ejercicio del derecho a la información, uno de los más importantes derechos del ciudadano en las sociedades democráticas. Los gobiernos tienen el deber de crear un ambiente adecuado y proveer un entorno jurídico y presupuestario equitativo, para que se produzcan y difundan datos estadísticos acordes con las necesidades de todos los usuarios y no sólo con las suyas propias".

El director del Indec durante una década, Héctor Montero, habló con este diario y dijo sentirse personalmente apenado por el conflicto generado en el organismo.

"Es lógico que el funcionario político ansíe que el plan que aplica tenga éxito", señaló, y recordó que muchas veces durante su gestión hubo tensiones. "Se discutían metodologías; se venían las técnicas; se hacían reuniones internacionales. La actual metodología de la medición continua de la Encuesta Permanente de Hogares llevó un trabajo de más de diez años de estudios y diseño." Montero dice guardar un muy buen recuerdo de los técnicos y destacó su capacidad profesional, pero no quiso comentar acerca de las manifestaciones de funcionarios políticos acerca del organismo. En 1993 se hicieron concursos públicos de oposición y antecedentes para designar a los directores, que fueron completados en 1994; los jurados eran consultores, gente del mundo académico, y también estaba el sindicato como veedor del proceso. Se designó a gente muy capaz, que hizo trabajos muy importantes. Por supuesto que la metodología se ha ido actualizando, pero con criterios profesionales, consultando con especialistas del sector privado y académico nacional e internacional se hizo incluso un trabajo muy importante de armonización de los índices de precios con el Mercosur, por ejemplo".

La variación del índice de precios al consumidor suele ser festejada por los gobiernos cuando da el resultado que ellos esperan. En esas ocasiones, es común que sea criticada por parte de la ciudadanía.

Vale la pena repasar de qué se trata el índice.

En primer lugar, hay cosas que no mide. Por ejemplo, no es un índice de costo de vida, aunque así se lo llame, sino un índice de precios de una determinada canasta de bienes y servicios.

Por ejemplo, no se computan los pagos de impuestos o de deudas bancarias o de cualquier otro tipo. Si aumentan los tributos de alumbrado, barrido y limpieza, o inmobiliarios o de patentes o las tasas de interés en alza elevan una cuota hipotecaria, es probable que muchos ciudadanos sientan que su costo de vida se encareció y el índice de precios no lo refleja, y tendrán razón. Pero es por una cuestión metodológica, que sigue pautas internacionales, y no porque el gobierno de turno, en ese caso, esté haciendo trampas.

Para confeccionar un índice, se parte primero de una encuesta de gastos e ingresos de los hogares. Para saber cuánto ganan y cuánto y en qué gastan. Sobre la base de esos datos se conforma una canasta de bienes y servicios, con las ponderaciones que representan a la mayor cantidad de gente posible.

La medición se hace suponiendo que los consumidores no modifican su comportamiento con las variaciones de precios relativos. Por ejemplo, si se calcula que una familia representativa compra mensualmente dos kilos de tomate redondo, se admitirá que sigue comprando la misma cantidad de esa hortaliza aunque el precio aumente tres veces.

Se podrá argumentar que el consumidor sustituye y que entonces esa medición es exagerada. El índice mide cuánto más o menos cuesta seguir manteniendo la misma canasta de consumo que se demandaba cuando se hizo la encuesta.

¿Las canastas se desactualizan? Claro. En los países normales, a lo largo del tiempo. Por cambios de precios relativos, porque hay bienes y servicios nuevos y otros que desaparecen, y patrones de consumo que cambian. En las sociedades normales, esos cambios son lentos.

En nuestro país, cada vez que se hace un índice nuevo, aparece una crisis catastrófica. El índice que debutó en 1988 fue rápidamente desactualizado por la hiperinflación de 1989. El actual refleja los patrones de consumo de 1997. ¿Está desactualizado? Claro. ¿Eso contribuye a que se tenga una "sensación de inflación" mayor que la que marca el índice? Por supuesto.

¿Tiene sentido cambiar un índice en medio de una crisis? No. Independientemente de que el gobierno de turno carezca de los recursos para hacerlo y tenga otras urgencias, hay otras consideraciones.

Por ejemplo, visto lo que sucedió luego, ¿habría tenido sentido cambiar el índice para reflejar lo que la gente compraba y vendía en 2002 en los hoy desaparecidos clubes del trueque?

Hasta que la situación no se estabiliza, no conviene hacer nada. ¿Mientras tanto el índice sirve? Sí. Es un indicador, aunque no sea exacto. Como dicen los médicos cuando se inicia una dieta: hay que pesarse siempre en la misma balanza e intentar hacerlo con más o menos la misma cantidad y peso de ropa. Tal vez la balanza no sea la más exacta para dar el peso absoluto, pero al menos se tendrá certeza de la variación.

¿El índice actual ha estado subvaluando la inflación? Probablemente. Porque en medio de la crisis, en 2002 y 2003, se abandonaron servicios privados, que se encarecieron poco y nada, para poder comprar alimentos, que aumentaron mucho y pasaron a representar en los presupuestos familiares más que lo que el índice calcula.

¿Tiene solución? Claro. La gente ha vuelto a demandar esos servicios, que por eso mismo han comenzado a aumentar. Por lo mismo el índice comienza a mostrar el incremento y, probablemente, a acercarse más a la realidad. Eso quiere impedir el Gobierno.

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