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Soy creativo; luego, existoso

Según la especialista Erika Landau, de la Universidad de Tel Aviv, la perspectiva del mundo y el lugar que ocupamos en él pueden modelarse a partir de la actitud creativa con que decidimos desarrollar nuestras fortalezas y talentos. En esto, el papel de los padres es fundamental
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25 de febrero de 2007  

Cómo preparar a los niños para su futuro como adultos? Hay un dicho antiguo del mundo de la navegación que lo expresa así: no podemos decidir la dirección del viento, pero podemos preparar la velas. En el mismo sentido yo diría: podemos enseñar a los niños a ser creativos.”

Erika Landau sabe de lo que habla. Como psicoterapeuta, directora del Instituto para el Fomento de la Creatividad y la Excelencia, de la Universidad de Tel Aviv, y autora de numerosos libros sobre la especialidad, su dramática vida y su condición de sobreviviente del Holocausto se vieron signadas por la impronta de la creatividad. Lo más importante que aprendió sobre el tema lo extrajo de esta experiencia límite. “Yo puedo asegurar que la creatividad me permitió  sobrevivir. Sólo gracias a ella logré inventar artilugios, convertirme en invisible para no llamar la atención ni ser observada, y así salir con vida de un campo de concentración en Ucrania, adonde llegué a cavar tres veces mi propia fosa”, recuerda hoy, a los 75 años.

Erika Landau no cree en el “genio” judío, pero sí en una habilidad especial de este pueblo históricamente perseguido para mirar las cosas desde otro ángulo,  estar abiertos, desarrollar un sexto sentido. Las pruebas están a la vista en el campo de la vida intelectual, en el que los judíos se destacan por sobre la media internacional y lideran el ranking de premios Nobel en distintas disciplinas. Esta necesidad de mirar siempre en 360 grados la inclinó también hacia campos de estudio relacionados con la creatividad humana, y a concluir que ésta se trata, por sobre todo, de una actitud.

Finalizada la Segunda Guerra, y una vez que pudo ingresar en la universidad, ya cumplidos los 30 años, Erika Landau se dedicó a indagar, a partir del estudio de la psicología y de la historia del arte, los rasgos, hechos, circunstancias y elementos que hacen de una persona un ser creativo. Y llegó a la conclusión de que la creatividad también se puede enseñar y, por lo tanto, aprender. Su experiencia de más de 40 años trabajando estos temas la ha llevado a liderar los estudios sobre enseñanza de la creatividad, tanto en la Universidad de Tel Aviv como en diversos países del mundo, y con esa misión estuvo en la Argentina. Sus conclusiones ayudan a comprender también cómo se relacionan con el conocimiento tanto  los chicos con dificultades de aprendizaje como los superdotados.

–¿Cómo motivar a chicos poco predispuestos hacia el aprendizaje?

–Hay que preguntarles y ayudarlos a preguntarse, hacerles bromas, estimular su humor, su fantasía, utilizar metáforas, alentarlos a ver las cosas desde distintos ángulos. La interacción del pensamiento lógico con la fantasía, el equilibrio entre ambos, es lo que produce un pensamiento creativo propio y no la mera repetición de lo que piensan y dicen otros.

–¿La motivación es un don?

–Absolutamente. Pero no es algo que se recibe o no, y no hay más nada que hacer. También se puede desarrollar: es una cuestión de actitud. Yo detesto el facilismo, porque no estimula el desarrollo intelectual. Hoy los chicos están bastante mal educados; no quieren trabajar, no quieren esforzarse, y esto no pasa por una cuestión de dotes intelectuales. Por esa razón yo escribí ¿Quiénes serán los niños superdotados del futuro? En buena medida, predigo que serán las actuales minorías pobres que quieren trabajar y superarse. La persona tiene que aspirar a la excelencia, pero no en competencia con otros, sino en relación con sus propias habilidades.

–¿Cómo define la excelencia?

–La excelencia no es el afán infantil de saberlo todo mejor que los demás o de no querer perder, como solemos ver en muchos niños muy inteligentes. Es una actitud que involucra toda la personalidad, en la que el entorno se integra en el propio mundo. Ese es mi enfoque holístico del tema. Es un en foque que completa el talento original con la inteligencia, la creatividad, la madurez emocional y el diálogo interpersonal para formar una personalidad global, integrada, que pueda poner en práctica todas sus capacidades, asumiendo riesgos y evitando la tendencia al conformismo. Si no, vemos jóvenes que prometían mucho y que acaban siendo científicos mediocres, o artistas mediocres o personas mediocres porque no se atreven a ser de otra manera. Lamentablemente, hay pocos colegios o centros de enseñanza en el mundo que no aspiren al conformismo.

–¿Qué pasa cuando no se descubre el talento de un niño o se lo confunde con otras cosas?

–Un caso muy común es el que se da a partir del aburrimiento. Estos chicos quieren hacer las cosas de una manera y chocan con maestros que quieren que lo hagan como ellos les piden, y entonces sobreviene el problema. Los sistemas educativos están diseñados para términos medios, y los que van muy rápido o muy lento los entorpecen. Un niño que molesta está reclamando atención y se enoja cuando no la recibe.

–¿Es el tipo de caso que se confunde con el llamado fracaso escolar?

–Ciertamente, esto ocurre muy frecuentemente, y el resultado es que patologías como el déficit de atención estén sobrediagnosticadas. No saben qué hacer con el chico y lo etiquetan así. Buscan las causas que genera esa hiperactvidad. Las causas no deben interesarnos. Debemos trabajar con el aquí y ahora, ver su comportamiento, sus síntomas, sus manifestaciones, y trabajar con ellas. Lo importante es descubrir qué es lo que le molesta a la persona hoy. No hay que pensar siempre en el pasado. Yo trabajo con el síntoma, trabajo con la personalidad, no con la enfermedad.

–¿Tienen dificultad estos chicos para establecer relaciones con sus pares?

–Sí, porque los chicos quieren tener amigos que sean exactamente como ellos y les cuesta aceptar las diferencias. En el caso de los chicos superdotados, por ejemplo, cuando no son maduros son inseguros, y ésta es la razón por la cual son tan intolerantes. Sin coraje, sin motivación, sin madurez emocional ni creatividad, la más alta inteligencia no se realiza.

–¿Qué significa ser creativo?

–Creatividad es juego, humor, comunicación, riesgo; es reaccionar positivamente a pesar del sufrimiento y del desamparo; es poder vivir a pesar del miedo, de la inseguridad, de la desprotección y de la impotencia; vivir de forma activa y amar, crear relaciones, ser tolerante. Cuando acepto que puedo equivocarme y soy tolerante conmigo, puedo serlo con los demás.

El círculo beckettiano

Erika Landau cree que una clave de la creatividad es estar siempre abierto a las preguntas y posicionarse como sujeto, no como objeto de esas preguntas. “No preguntar por qué siempre me sucede esto a mí, sino más bien qué puedo hacer yo para cambiar.”

También es determinante una actitud lúdica, abierta a la novedad, a la prueba, a la experimentación; mirar las cosas desde distintos ángulos, dejarse sorprender.

“La gravedad, la seriedad de los padres, esa actitud cerrada y empecinada en lo que debe ser que a veces mantienen, son negativas.”

Para Landau, hay que aceptar la ansiedad, la incertidumbre, y hacer las cosas a pesar de ellas. Evitar lo que denomina el círculo beckettiano, en alusión a la obra de Beckett Esperando a Godot. “Los que esperaban a Godot no hacían las cosas, esperándolo, y Godot no iba porque ellos no las hacían”, sintetiza.

“Hay que observar, hacer, crear relaciones, amar, involucrarse. Soy creativo; luego, existo”, asegura.

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