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Los que quieren vivir lejos de la polémica

Los argentinos que viven en las Malvinas juzgaron equivocado el gesto de los ex combatientes de colocar una bandera en Darwin
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5 de abril de 2007  

PUERTO ARGENTINO.- Podría ser un isleño corriente. Se anima a salir a la calle en mangas cortas, con la camiseta del cuerpo de bomberos local. Puede hablar perfecto inglés y tiene tatuado en el brazo derecho el nombre de su hijo menor: Joshua. La gorrita de Boca lo delata.

Y después el saludo: "Hola, qué tal, yo soy Sebastián". Su apellido es Socodo, tiene 27 años y desde hace seis integra el puñado disperso de argentinos que viven y trabajan duro aquí.

Estos días también se hizo cargo de la misión de arreglar y cuidar el cementerio de Darwin, donde el 2 del actual un grupo de ex combatientes colgó durante dos horas una bandera argentina frente a las tumbas de 237 de los soldados caídos en la guerra. "Creo que fue una falta de respeto. Acá a la gente le molestó mucho", dice Socodo.

No quiere polémicas. Igual que todos sus compatriotas que se mudaron a las islas: "Tengo tres trabajos. No tengo tiempo para las cuestiones políticas. Acá me tratan con respeto, como a cualquiera que viene a trabajar".

Socodo es empleado público, bombero, hace estiba, arregla jardines y ahora irá una vez por semana a dejar en condiciones el cementerio de los soldados argentinos. Lo contrató hace 15 días la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, que pretende organizar antes de fin de año el viaje de un deudo por cada uno de los 649 argentinos muertos en combate.

Es justamente el viaje que los consejeros del gobierno de las islas pusieron en duda después del episodio de la bandera. La irritación por esas imágenes todavía circula por radios y bares.

"Se habló mucho de eso estos días. Sería una pena que se suspendiera esa visita. Acá se respeta el dolor de ellos y hay interés en que vengan. No habría que dar señales que causen desconfianza", opina Socodo.

De la guerra no tiene recuerdos. Sólo lo que le contó su padre de chico, sobre los soldados que vinieron sin entrenamiento y sin comida a pelear una causa perdida, relata. "Es muy triste que muriera tanta gente. Para mí es una sensación grata poder hacer algo por los caídos, aunque sea tener limpias las cruces de sus tumbas."

Le van a pagar 4000 libras al año (unos 24.000 pesos que a los familiares se los aportará una empresa privada). Hace unos días, el consejero isleño Richard Cockwell le ofreció ayuda del gobierno para mantener el cementerio. "No puedo aceptarlo, porque no sé cómo les caería a los familiares", comenta.

¿Cómo apareció este joven de Claypole en las Malvinas? Llegó tres meses antes de la devaluación de 2001, con su esposa, Phoebe Reid, nacida aquí. El padre de Phoebe había emigrado al sur del conurbano con sus nueve hijos cuando estalló la guerra. Por eso no es casual que casi todos los argentinos que viven aquí sean de Claypole. El declive económico coincidió con la bonanza en las Malvinas y tentó a familiares o allegados al clan Reid.

Carlos Rodríguez, de San Miguel, llegó a las Malvinas también en 2001, en ese momento casado con una de las hermanas Reid. Estos días de moderada agitación por el 25° aniversario de la guerra fue uno de los que se cruzaron con los veteranos Guillermo Vélez, Ramón Robles, Daniel Marini y Eduardo Conde, los que pusieron la bandera.

Les ofreció un mate y les contó un poco cómo se vive en las islas. Pero también optó por la cautela a la hora de los comentarios políticos.

Su hijo, Matías, pasaba el rato anteanoche en el bar Deano s con unos amigos chilenos, la verdadera comunidad latina en las Malvinas. "No me importa la política. Yo vengo a trabajar y no me meto con nadie." Tiene 18 años y trabaja en La Brasserie, el restaurante más coqueto del pueblo.

Otra emigrada del sur del conurbano es Florencia Davino, una chica amable que trabaja en el hotel Upland Goose desde hace un año. Le gustaría mudarse a Gran Bretaña.

Según el último censo local, viven aquí 29 personas "nacidas en la Argentina". Parecen bastantes si se piensa que hasta 1999 estaba prohibido el ingreso con pasaporte argentino. En realidad, de esos 29 hay 15 que nacieron en un hospital del continente y regresaron antes de los seis meses.

"Lo curioso es que en el censo sólo dos declararon ser ciudadanos argentinos", acotó el consejero del gobierno local Mike Summers.

Hay sólo cuatro radicados desde antes de la guerra, como María Strange, que hasta hace poco trabajaba en el consejo de gobierno local.

Y algunos niños que emigraron con sus padres tras la crisis de 2001. Por ejemplo, Nicole, la hija de Socodo: llegó con algo más de un año.

Es el padre de la nena quien mejor sintetiza cómo es ser un argentino en las Malvinas: "Somos muy pocos. Y no existe nada parecido a una comunidad. Cada uno tiene su vida, su familia y así está bien".

"Provocativo"

  • PUERTO ARGENTINO.- El gobernador de las Malvinas, Alan Huckle, calificó ayer como "un gesto insensato y provocativo" el episodio de la bandera argentina desplegada por ex combatientes en Darwin. Confirmó que el jefe de policía vigiló "a distancia prudencial" el lugar: "La policía estuvo correcta al no intervenir, porque eso hubiera caldeado los ánimos", dijo. Y advirtió: "Episodios como éste no ayudan y no deben repetirse".
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