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Ardió el rompehielos Almirante Irízar

Las llamas empezaron en la sala de generadores por causas desconocidas; los 238 náufragos llegarán hoy a Puerto Madryn
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12 de abril de 2007  

Es un día de dolor para la Armada; lo es también para todos los que aman la Antártida. El rompehielos ARA Almirante Irízar, el buque insignia de las operaciones navales y científicas en el extremo sur, sufrió un grave incendio en alta mar, a 140 millas náuticas, unos 260 kilómetros, de Puerto Madryn.

Aunque oficialmente se informó que el buque no correría riesgo de hundirse, perdió sus dos valiosos helicópteros Sea King (cada uno costaría 18 millones de dólares); justamente lo primero que ardió fue el hangar de las aeronaves. También sufrió daños de una magnitud tal que, si fuera posible su recuperación, demandaría un prolongado tiempo, suficiente para poner en peligro la ejecución de las misiones a los hielos continentales y el mantenimiento correcto de las 13 bases antárticas argentinas. Precisamente, el Irízar había concluido el viernes último su misión anual, que había comenzado con la zarpada desde el puerto de Buenos Aires el 12 de diciembre último.

El incendio comenzó a las 22 de anteayer en la sala de generadores por causas desconocidas, y una hora y media después, al comprobar que con los medios propios de la dotación del buque no se podría apagar el fuego ni dispersar el humo tóxico, el comandante, capitán de fragata Guillermo Tarapow, ordenó la evacuación todas las personas que viajaban en el buque. Sólo a las 6.45, algo más de siete horas, fueron rescatados los últimos de los 238 náufragos.

Sólo quedó a bordo el comandante, a la espera de ayuda y en un último intento por salvar la nave de un eventual hundimiento. Además, quedaron dos oficiales en un buque de rescate. En total viajaban 241 personas.

Aquellos hombres y mujeres -militares, científicos y civiles- abandonaron el buque en 32 balsas salvavidas. Pasaron algo más de siete horas (las más difíciles, por la oscuridad de la noche cerrada y el frío de alta mar) hasta que fueron rescatados de entre las bravas olas del Mar Argentino por el buque petrolero de bandera panameña Scarlet Ibis y dos pesqueros, el Magrit, uruguayo, y el San Cayetano, de pabellón argentino.

En ellos llegarían esta madrugada los náufragos al puerto de Madryn, donde el sistema sanitario y los médicos estaban afectados a la atención primaria de los heridos, y donde ya había medios de transporte que llevarían al grueso de los evacuados a la Base Naval Almirante Zar, de Trelew (ver aparte).

Se presumía ayer que había personas con quemaduras, por lo menos una con fracturas, y otras con hipotermia leve. Aunque a media tarde el vicecomodoro Enrique Gómez Olivera, jefe de prensa del Estado Mayor Conjunto, había dicho: "Afortunadamente no hay que lamentar víctimas; no hay heridos, por lo menos de gravedad".

Como se dijo, el que no abandonó la nave fue Tarapow, que -dicen sus camaradas- lleva los nombres de Guillermo Brown, prócer de la Armada, y de Horatio Nelson, el célebre almirante inglés. Con él se comunicaban, por medio de megáfonos, el capitán de navío Antonio Losada, comandante conjunto antártico, y dos oficiales del Irízar, que ayer quedaron a bordo del guardacostas Thompson, de la Prefectura Naval, convertido en centro de mando ante la emergencia.

En la nave, anoche aún con poco fuego, a oscuras y sin energía, el comandante esperaba para hoy, a la 1, la llegada del aviso Suboficial Castillo, el destructor Almirante Brown (buque insignia de la Armada) y las corbetas Robinson y Granville.

Lo primero que destruyó el incendio fue el sistema de energía del buque, del que también dependía el dispositivo principal de lucha contra el fuego, que no funcionó.

Se supo también de los riesgos de explosión del acopio en las bodegas de gran cantidad de tubos de gas de 45 kg vacíos, que eran traídos de las bases antárticas. "Los tubos vuelven semivacíos y eso los hace peligrosos por la cantidad de vapor que contienen", dijo una fuente militar.

El subjefe del Estado Mayor Conjunto, vicealmirante José Ramón Manzor, dijo que el rompehielos "se encuentra estable, no está escorado" y que las unidades navales de rescate intentarían "llevarlo nuevamente a puerto y recuperarlo". Gómez Olivera, En tanto, sostuvo que "el fuego estaría prácticamente extinguido" y que el buque resultó "menos afectado de lo que se pensaba inicialmente", según el reporte de los aviones de reconocimiento Orion P-3 y Beechcraft B-200 de la Armada, y una aeronave de la Prefectura, que daban apoyo aéreo a la operación de salvamento.

Percance previo

Gracias al relato de uno de los pasajeros del barco -que ayer era llevado a Puerto Madryn en el pesquero Magrit- LA NACION pudo saber que el Irízar debió repostar más tiempo que el esperado en Ushuaia, a su vuelta de la península antártica, por desperfectos que requirieron reparaciones.

Otro punto que será motivo de exhaustivo análisis, además de la causa de origen del fuego, es el motivo por el cual el incendio en la popa del barco se propagó y alcanzó tal magnitud que no fue posible controlarlo y extinguirlo con medios manuales, una vez que se supo que el sistema de lucha contra incendio había quedado fuera de servicio, precisamente, por estar conectado al tendido eléctrico que fue inutilizado por el siniestro.

En 2003, un incendio, pero de menor magnitud, había afectado a la Fragata Libertad cuando estaba amarrada en el puerto español de El Ferrol.

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