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Una película de corazones solitarios

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26 de abril de 2007  

Tres de corazones (Argentina/2007). Dirección: Sergio Renán. Con Nicolás Cabré, Luis Luque, Mónica Ayos, China Zorrilla, Sergio Boris, Daniel Tedeschi, Luciano Suardi y Leonardo Ramírez. Guión: Sergio Renán, Carlos Gamerro y Rubén Mira, basado en el cuento "El taximetrista", de Juan José Saer. Fotografía: José María Gómez. Música: Adrián Iaies. Edición: Luis César D Angiolillo. Dirección de arte: María Eugenia Sueiro. Sonido: Jorge Stavropolus. Producción de BD Cine y San Luis Cine presentada por Distribution Company. Duración: 96 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: regular

El multifacético e incansable Sergio Renán viajó hasta la provincia de San Luis para rodar esta nueva transposición del cuento "El taximetrista", de Juan José Saer, que él mismo escribió junto con Carlos Gamerro y Rubén Mira. La película -impecable desde su concepto de producción y su acabado formal- ofrece, sin embargo, muchos aspectos para el debate: en principio, esta historia sobre Angel (Nicolás Cabré), un joven camionero que regresa a su ciudad natal, pendula entre el sesgo melodramático de un violento triángulo de amores imposibles y el costado humorístico de la pintura del costumbrismo pueblerino.

Esta veta, que por momentos coquetea con el grotesco, tiene como eje al personaje de Coria (Luis Luque), sin dudas el más rico en matices y, por lo tanto, el más atractivo del film. Ex policía devenido una suerte de gángster local, Coria maneja desde la compañía de taxis en la que Angel terminará trabajando hasta el negocio de la prostitución.

Entre Coria y Angel se irá estableciendo una suerte de relación padre-hijo sustituta (Coria no ha sido padre y Angel trata de huir de su patética familia), de amor-odio y de dominio y admiración, a partir de las diferencias de poder entre un patrón bien establecido y un empleado recién llegado.

En el medio -como en todo triángulo amoroso- aparecerá Dora (Mónica Ayos), una suerte de precaria femme fatale que despertará más de una fantasía y obsesión en ambos hombres deseosos de encontrar la mujer que pueda redimirlos y ayudarlos a armar una familia.

El problema de Tres de corazones es, básicamente, de registro, de tono, de clima. Renán no se decide entre la mirada más sórdida y despiadada sobre las desventuras de las clases populares (en la línea de Tacos altos ) y una aproximación más ligera encarnada en la excesiva, irresistible caracterización de Luque (que ratifica su ascendente carrera en el cine después de Tiempo de valientes ), que compone con sus camisas de seda, sus cadenas de oro y su Mercedez-Benz a un ostentoso mafioso en la línea scorseseana, pero que es, al mismo tiempo, un improbable émulo de Sandro.

Así, mientras Luque encuentra espacio para su tour-de-force expresivo, Cabré -en cambio- parece encerrado en la gravedad de un personaje parco, introvertido, torturado, idealista e inocente. En el medio, Ayos ratifica sus condiciones para el cine, incluso cuando debe sobrellevar algunas situaciones forzadas (como un striptease demasiado largo y obvio) y un personaje casi unidimensional. Algo similar ocurre con la mayoría de los coloridos personajes secundarios, que lucen desperdigados en la trama, sin demasiado desarrollo ni aportes considerables a la evolución dramática del film. Una verdadera pena porque el casting incluye a reconocidos intérpretes, como China Zorrilla, Sergio Boris o Luciano Suardi.

Entre los logros del film aparecen varios rubros técnicos (la fotografía de José María Gómez, la dirección de arte de María Eugenia Sueiro), así como una buena utilización de las locaciones de San Luis que no cae en la tentación del pintoresquismo ni el regodeo de la belleza turística, mientras que las melodías de jazz de Adrián Iaies son en sí mismas atractivas, pero poco tienen que ver con el tono general del relato y, por lo tanto, no ayudan para acompañar ni para intensificar los diferentes climas y emociones del film.

La solvencia narrativa y ciertos hallazgos en la utilización del humor y la elaboración de diálogos hacen que, más allá de sus apuntadas carencias y desniveles, Tres de corazones se ubique por encima de trabajos previos de Renán, como El sueño de los héroes y La soledad era esto .

Tres de corazones deja la sensación de que, con un guión un poco más elaborado, con una mayor concentración y rigurosidad dramática y con menos desniveles actorales podría haber alcanzado en todo su desarrollo el interés que por momentos ofrece. El resultado, entonces, es agridulce, pero aun con sus claroscuros no deja de ser una película llena de ideas, de propuestas y, por lo tanto, nada desdeñable.

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