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Kirchner y los porteños

Fernando Laborda
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4 de mayo de 2007  

Cuando faltan casi seis meses para las elecciones presidenciales, no hay sondeo de opinión pública que no le adjudique una abultada ventaja a Néstor o a Cristina Kirchner. Cuando falta un mes para los comicios de jefe de gobierno porteño, sin embargo, las encuestas parecen acentuar una tendencia: el candidato del gobierno nacional, Daniel Filmus, se estaría quedando fuera del ballottage. Así lo indica el último relevamiento de Poliarquía Consultores, concluido el lunes pasado entre 1000 residentes en la ciudad de Buenos Aires. Mauricio Macri suma el 28,6 por ciento de las adhesiones; Jorge Telerman, el 21,9 por ciento, y Filmus, apenas el 14,4. En un eventual escenario de segunda vuelta entre Macri y Telerman, ganaría el actual jefe de gobierno porteño. Y si el ministro de Educación llegase al ballottage, de acuerdo con las proyecciones de la consultora, perdería ampliamente con Telerman y por un muy escaso margen con el candidato de Pro.

Los ciudadanos de la Capital han sido históricamente los más reacios a acompañar al oficialismo, en especial si éste es de signo peronista. El electorado porteño ha sido también por tradición uno de los más sensibles frente a la corrupción.

Basta recordar que, en 1995, en pleno apogeo menemista, la ciudadanía no pareció inmutarse en el orden nacional ante el escándalo por la venta de armas a Ecuador y Croacia. Carlos Menem ganó con alrededor del 50 por ciento de los votos en todo el país. Pero los electores porteños prefirieron mayoritariamente al opositor José Octavio Bordón. Diez años después, en las últimas elecciones legislativas, le dieron la espalda al candidato kirchnerista Rafael Bielsa, a quien relegaron al tercer puesto, detrás de Macri y de Elisa Carrió.

Kirchner pareció pretender encarnar el proyecto moralizante que planteó la Alianza en 1999 y que se desmoronó rápidamente tras la denuncia de coimas en el Senado y la súbita renuncia de Carlos "Chacho" Alvarez a la vicepresidencia de la Nación. El caso Skanska y sus derivaciones ponen al menos en duda la viabilidad de aquella estrategia de imagen kirchnerista.

Difícilmente las consecuencias de las irregulares contrataciones para la construcción de los gasoductos lleguen a las urnas en el orden nacional. Como en 1995, cuando el voto cuota pudo más que cualquier escándalo de corrupción mediático, hoy, de acuerdo con las encuestas, el electorado parece más dispuesto a pensar y votar con el bolsillo. Percibe que el escenario socioeconómico general y su situación personal son bastante mejores que cuatro años atrás; advierte que las principales figuras de la oposición no se diferencian demasiado de las que están en el poder, y en función de eso decidirá.

No obstante, la ciudad de Buenos Aires, tan particular y cosmopolita, siempre puede dar la nota. El gobierno nacional optó por una campaña sucia, tratando de que el escándalo por Skanska salpicara a Telerman, pero hasta ahora sin resultados favorables para su candidato.

En estas horas, se discute en despachos oficiales qué hacer ante una segunda vuelta sin Filmus. Y la posición que parece prevalecer es la prescindencia. Después de todo, imaginan en la Casa Rosada que la gobernabilidad porteña tornará necesario que cualquier jefe de gobierno local, tarde o temprano, irremediablemente, tenga que golpear la puerta de Balcarce 50 con la cabeza gacha, en busca de auxilio.

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