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Urgencia ambiental

CRONICA DEL OCASO Por Hernán López Echagüe-(Norma)-321 páginas-($ 29) EL MEDIOAMBIENTE NO LE IMPORTA A NADIE Por Sergio Federovisky-(Planeta)-267 páginas-($ 34)
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6 de mayo de 2007  

Minas, papeleras, Riachuelo, calentamiento global, ¿el ambiente ha comenzado a preocuparnos? ¿O apenas está de moda? Quizá lo más notable de los dos últimos libros sobre el tema, entre los escasísimos publicados en nuestro país, es el género al que adscriben. Son trabajos de investigación periodística, con tono de denuncia y aspiraciones de best seller -al menos en los módicos números locales-, presentación que suele traer entre sus tapas temas de alto perfil, que merodean el escándalo político o económico.

Pero no: esta vez no es un caso de enriquecimiento ilícito, ni de prácticas clientelistas, ni de tráfico de drogas Las historias que cuentan Hernán López Echagüe y Sergio Federovisky tratan de sábalos y pescadores, de lluvias ácidas y toses persistentes, de personas sencillas que se cansan y protestan. Aunque sí: el marco de incompetencia, corrupción y abuso de poder es el mismo.

En cierta medida, el trabajo de López Echagüe sorprende. Para un periodista que ganó fama con El Otro , biografía crítica y de alto impacto de Eduardo Duhalde, el tono por momentos poético de Crónica del ocaso. Apuntes sobre las papeleras y la devastación del litoral argentino y uruguayo deja entrever un compromiso con el tema que excede lo profesional.

Radicado por casi una década en la localidad uruguaya de Punta Gorda, cercana a la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, López Echagüe escribe como quien se siente en el epicentro de un cataclismo ambiental: "Todo lo que me había movido a instalarme en este lugar ha desaparecido ( ). Del bosque que solía recorrer cuando arribé al paraje, restan pálidos mojones, residuos de madera marchita y grisácea que semejan un páramo que ya nunca más habrá de recibir los favores del sol y del agua".

Ciertamente, el disparador del trabajo es el caso papeleras. López Echagüe basa su relato en diversas fuentes, entre los que se destacan informes de investigadores y ambientalistas del Uruguay, que alertan sobre los problemas asociados al monocultivo de eucaliptos -acidificación del suelo, alto consumo de agua de las napas- y la escasa capacidad técnico-financiera disponible en ese país para realizar un monitoreo independiente del funcionamiento de las plantas.

Pero el libro no se limita a la última disputa ni se queda en aspectos técnicos. El autor da un espacio generoso a testimonios de pescadores, activistas ambientales, militantes clásicos, vecinos que se preguntan, para ir tejiendo una trama abierta sobre un abanico de cuestiones que afectan al litoral. Los problemas de hoy, tangibles -literalmente: chapas de metal que se deshacen entre los dedos por las emanaciones de una papelera instalada de este lado de la frontera- se cruzan con los temores sobre el futuro, entre los que ocupa un lugar importante la preocupación por el acuífero Guaraní, un enorme reservorio de agua que comparten Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay.

Por su parte, en El medioambiente no le importa a nadie. Bestialidades ecólogicas en la Argentina: del Riachuelo a las papeleras , Federovisky traza un panorama sobre diferentes problemas. Los tres primeros capítulos sientan someramente -quizá demasiado someramente- las bases históricas y teóricas de la situación del ambiente en el país. Pero la apuesta importante es sobre el presente. Federovisky -biólogo, formado como periodista científico en Fundación Campomar, con actuación en medios y en oficinas públicas, incluyendo el controvertido antecedente de haber trabajado en el área de prensa para María Julia Alsogaray- muestra entonces su experiencia periodística: su buen oído para la entrevista, su astucia para atar cabos, su conocimiento de los pasillos del poder y de las presiones apenas veladas de los intereses económicos.

Con testimonios directos y expedientes judiciales en la mano, Federovisky cuenta historias escalofriantes, donde las voces de alerta fueron desoídas: la novísima contaminación del Tigre por la construcción de un canal aliviador; el derrame de petróleo en Magdalena; las filtraciones de combustible bajo una estación de subte céntrica; los problemas con agrotóxicos en el cultivo de soja; la resistencia a las minas de oro; las inconsistencias de la posición argentina en el inicio del caso papeleras; el boom inmobiliario en Caballito y sus pies de barro (otra vez una metáfora que se hace literal, como muestran los recientes derrumbes en ese barrio).

Los casos analizados por Federovisky sugieren que no hay poder público -incluyendo el gran periodismo- que tome la protección del ambiente como asunto propio, comprobando la tesis que da título al libro.

Con cierta amargura, pero sin resignarse, Federovisky busca dar sentido a su trabajo. Propone entonces una estrategia de tres pasos: "primero, tomar esta realidad, estos datos, estas historias. Segundo: aceptarlos, mostrarlos, descular su origen, sus responsables, sus culpables. Y al final, tozudamente, seguir intentando cambiarlos".

En síntesis, dos libros escritos con urgencia. Preocupados, por tramos desprolijos, apremiantes, rescatan casi un único héroe: el ciudadano movilizado.

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