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Tiempos violentos: una casa para la memoria

Vecinos de Timote, el pueblo donde está la casa en la que en 1970 los Montoneros mataron a Pedro E. Aramburu, impulsan un proyecto para hacer en el lugar, hoy completamente abandonado, un museo que permita a la gente conocer la verdad sobre aquel episodio que marcó a fuego a la Argentina contemporánea
Pablo Morosi
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3 de junio de 2007  

TIMOTE.- Con sus paredes derruidas, sin muebles ni aberturas y con el techo roto y a punto de desplomarse, el viejo casco de la estancia La Celma, en este pequeño pueblo del partido de Carlos Tejedor, 480 kilómetros al oeste de la Capital, donde se produjo el crimen político que marcaría el comienzo de la escalada más violenta de la historia argentina del siglo XX, sufre hoy los embates del tiempo y el abandono.

A 37 años del secuestro y asesinato del ex presidente de facto teniente general Pedro Eugenio Aramburu, el predio, que fue adquirido por el Estado bonaerense en 1980 y en el que durante la última dictadura militar se habría planeado instalar un museo, no tiene hoy un destino asignado y ni siquiera se sabe a qué dependencia corresponde.

Ahora, un grupo de vecinos del lugar impulsa la recuperación de la casa, donde la inundación hasta ganó, incluso, parte del sótano en el que el cuerpo de Aramburu fue hallado, el 16 de junio de 1970, enterrado bajo un manto de tierra y bolsas de cal.

Los lugareños también se proponen representar los hechos ocurridos allí mediante la elaboración de un guión y la participación actoral de los mismos vecinos de la zona.

Lugar histórico

Cuando se produjo el secuestro de Aramburu, el 29 de mayo de 1970, La Celma pertenecía a la familia Ramus, uno de cuyos miembros, Carlos Gustavo, militaba en la organización subversiva y participó del operativo montado para raptar al ex presidente junto con Mario Firmenich, Fernando Abal Medina, Ignacio Vélez, Carlos Maguid, Carlos Capuano Martínez, Emilio Maza y, entre otros, Norma Arrostito.

La Celma ya había sido usada por Montoneros en febrero del año anterior, cuando en el mismo sótano donde fue hallado Aramburu escondieron fusiles robados del Tiro Federal de Córdoba, según lo publicado en 1974 en la revista La Causa Peronista, órgano de prensa de la organización.

En la noche del 1° de junio Aramburu fue ejecutado tras un "juicio sumario" realizado por Montoneros, en el que se lo halló culpable del fusilamiento del grupo de militares que -encabezado por el general Juan José Valle- había intentado, a mediados de 1956, un levantamiento contra la denominada Revolución Libertadora. También lo hicieron responsable de la desaparición del cadáver de Eva Duarte y de un supuesto complot para destronar al entonces jefe de Estado, Juan Carlos Onganía. El cuerpo de Aramburu sólo fue descubierto en La Celma dos semanas más tarde por agentes de un destacamento policial. Unos días antes, en un comunicado, Montoneros había planteado que el cadáver del militar no sería entregado hasta que reapareciera el cuerpo de Evita.

Al hallazgo le siguieron días de movimientos afiebrados en la estancia: peritos, policías y militares de distintos rangos recorrieron el lugar, hasta que, pocas semanas después, quedó en soledad y comenzó a recorrer el camino del olvido.

En ocasión de cumplirse 10 años del homicidio, las autoridades de la época reacondicionaron La Celma -aunque, según los vecinos, nunca la volvieron a amueblar-: la pintaron de blanco a la cal e instalaron en su frente un mástil que aún hoy perdura. Aquel día se realizó allí un gran acto con desfile militar incluido y también se le impuso el nombre de Aramburu a la plaza del pueblo, que hoy los vecinos pretenden rebautizar con el nombre del soldado timotense Roberto Bordoy, desaparecido en el hundimiento del crucero General Belgrano.

La dejadez y el impacto de la crisis en la economía regional provocada, entre otras cosas, por el cierre definitivo del ramal ferroviario a principios de los 90 y las reiteradas inundaciones, hicieron que, en distintas épocas, la casa fuera ocupada por familias caídas en desgracia que, al abandonarla, llegaron a llevarse hasta las aberturas originales y terminaron por dejarla en su estado actual de desamparo.

Hasta fines de la década del 80, el gobierno municipal de Carlos Tejedor se hizo cargo del mantenimiento de la finca. Pero, las reiteradas intrusiones y los robos de que fue objeto, sumados a la inexistencia de un proyecto por parte del gobierno provincial, hicieron que la comuna decidiera dejar de pagar la luz y de invertir en su conservación. En 2004, el Concejo Deliberante local declaró a la finca "patrimonio y sitio de interés cultural" del municipio. Pero esto no cambió en nada el abandono de la casa.

Ahora, la recuperación de la memoria histórica es impulsada por los vecinos.

"Nuestra idea es poder abrir allí un museo de la memoria para que la gente pueda visitar el lugar y acercarse a la historia", dijo el veterinario Bruno Rodríguez, principal impulsor de la iniciativa. "El abandono de la casa nos avergüenza -dijo-. Y en esto hay responsabilidades compartidas por los gobiernos militares y democráticos."

Justamente, para el actual intendente de Carlos Tejedor, Emilio Monzó (Frente para la Victoria), la recuperación de La Celma parece ser una asignatura pendiente. "Pretendemos que se transforme en un lugar que, por su fuerte referencia histórica, sea incluido en el circuito turístico de la provincia y esperamos concientizar a las autoridades provinciales y nacionales para que apoyen la iniciativa y aporten los recursos para revalorizar el lugar."

Para los vecinos de Timote, recuperar La Celma también se vincula con la búsqueda de alternativas para que el pueblo no desaparezca. Creen que la apertura de un museo en la casa donde hallaron el cuerpo sin vida de Aramburu traerá nuevo movimiento a este pueblo, que nació en 1876 como un caserío alrededor de un fortín instalado a orillas de la laguna Foromalán y que en la década del 30 llegó a tener 2000 habitantes y hoy sólo tiene 400.

Pero los vecinos van más allá y avanzan en una tarea de recopilación e investigación histórica con la idea de representar el asesinato en el mismo predio en que ocurrió. Hace cinco años, crearon el colectivo Arte Comunitario Timotense, que trabaja sobre la recuperación de la identidad local.

Bruno Rodríguez es el coordinador del grupo y contó: "Estamos buscando información y hemos entrevistado testigos presenciales porque queremos representar lo ocurrido sobre la base de datos ciertos para evitar ideologismos".

La idea de los vecinos de este pueblo de impulsar la creación de un museo para recordar los hechos ocurridos en la estancia La Celma fue vista con buenos ojos por Eugenio Aramburu, hijo del militar asesinado, para quien "todo lo que se haga para recordar a mi padre es bienvenido", según dijo en diálogo con LA NACION.

Más allá de las diferencias que pueda despertar de concretarse, la iniciativa también fue aplaudida por Susana Ramus, hermana de Gustavo Carlos Ramus, integrante de Montoneros que participó del secuestro de Aramburu. "Es una propuesta muy buena; creo que abrirá una discusión central y necesaria en el país."

Un museo de la subversión

Al poco tiempo de ocurrido el crimen de Pedro Eugenio Aramburu, María Amalia Iribarren, madre de Carlos Gustavo Ramus y propietaria de La Celma, quedó viuda y las dificultades económicas la obligaron a vendérsela, el 16 de abril de 1979, a Mario Castro, un vecino de Timote dedicado a los negocios inmobiliarios.

Pero Castro se deshizo de la finca rápidamente, ya que, en marzo de 1980, se la vendió al Ministerio de Educación provincial.

Aquí no son pocos los que aseguran haber escuchado sobre un proyecto del Proceso para erigir en La Celma un "museo de la subversión", tal como comentó Mario Bregman, un antiguo vecino de Timote dedicado a la distribución de calzado. También la mujer de Castro, el hombre que vendió la casa al Estado, dijo a LA NACION: "Cuando mi marido vendió la casa las autoridades de entonces le dijeron que pensaban poner ahí un museo".

El interés de los representantes de la última dictadura por La Celma quedó de manifiesto en la escritura confeccionada por la notaria autorizante de la Escribanía General de Gobierno, María Luisa González, el 4 de marzo de 1980. El asiento legal de la operación de compraventa, fue rubricado nada menos que en el despacho del gobernador Saint Jean y lleva su firma, además de la del ministro de Educación provincial, que en aquella época era el general de brigada Ovidio Solari, así como la del vendedor.

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