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Impecable reunión de voz y guitarra

Hoy se presenta el disco de Inca Rose Duo
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5 de junio de 2007  

Inca Rose Duo

Canciones de Ginastera y Guastavino


Annelise Skovmand, en canto, y Pablo González Jazey, en guitarra.

Si un CD lleva por título Canciones de Ginastera y Guastavino , la primera y más atinada suposición es imaginar que se trata de un álbum de música clásica. Pero los títulos no otorgan certezas y apenas comienza la guitarra de González Jazey, y no el piano original, se comprende que lo que habrá de escucharse no son las versiones originales de las canciones de estos compositores, sino transcripciones para voz y guitarra, algo que, en sí mismo, no está bien ni mal, siempre y cuando no se prejuzgue ni se acuda imperiosamente al dogma de la preservación a ultranza de la tradición, aquel que indica que nada ha de ser transcripto, modificado ni arreglado.

El compacto del Inca Rose Duo, así, en inglés, navega en las aguas que se encuentran entre lo académico y lo popular, un terreno en el cual, muchas veces, convergen las más espurias intenciones y, casi indefectiblemente, como lógica consecuencia, los peores resultados. En este sentido, cabe recordar un álbum de reciente edición de Kiri Te Kanawa y el arreglador Karl Jenkins, una muy desgraciada propuesta realizada, precisamente, con un repertorio similar al de éste. Desde lo estrictamente musical, podría convenirse en que el nacionalismo criollista que abrazaron Ginastera, en sus comienzos, y Guastavino, a lo largo de toda su vida, no sólo resiste la sustitución del piano por la guitarra sino que puede verse incluso muy beneficiado si lo que se busca es despojar a este repertorio de sus consabidas interpretaciones académicas con miras a rescatar y realzar sus componentes populares.

González Jazey, responsable de los arreglos, toca muy bien la guitarra, con evidentes inflexiones devenidas de la música popular. Por su parte, Annelise Skovmand, cantante norteamericana de origen danés, no sólo tiene una voz muy agradable y envolvente y un decir musical muy atinado sino que su pronunciación del castellano-argentino es irreprochable. Su canto es afinado y despojado de vibratos excesivos. Y la conjunción de voz y guitarra es impecable. De principio a fin, existen una calidez y una musicalidad que no desaparecen ni un instante.

Puestos a destacar algunas canciones, hay que señalar los colores y matices de "Canción a la luna lunanca", la intimidad y emocionalidad de "Canción al árbol del olvido", ambas de Ginastera, y la interpretación cambiante y apropiada de la integral de "Flores argentinas", de Guastavino.

Por lo demás, en este álbum de rosa incaica, no sólo el sonido está muy bien trabajado, sino que la presentación es muy novedosa, con oportunas estampas de flores argentinas en láminas individuales que, en el dorso, tienen los comentarios y los detalles técnicos.

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