Dos vagabundos que aún esperan

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15 de junio de 2007  

Pan de piedra , de Carlos Vittorello. Dirección general: María Esther Fernández. Con: Mónica Villa, Carlos Ponte y Cynthia Scalzo. Diseño de escenografía, vestuario y títeres: Giselle Rodríguez Bosio. Ambientación de sonido: Willy Poch. Puesta de luces: Pablo Curto. Diseño de movimiento: Doris Petroni. Asistente de dirección: Miguel Angel Villar. En El Búho Espacio Cultural (Tacuarí 215), los sábados, a las 18.30. Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: bueno

Una pareja de vagabundos, que vive en la calle, trata de ganarse la vida como puede: él, pidiendo limosnas, y ella, invitando a la gente a apostar, ya que tiene tres escudillas, en una de ellas guarda una piedrita y el cliente deberá adivinar en cuál la esconde. Como los personajes de Esperando a Godot, de Samuel Beckett, estos seres de Vittorello esperan que alguien llegue a salvarlos de esa mala vida. Mientras tanto, el paisaje que habitan se va transformando y ya ni siquiera quedan árboles en la calle o, en todo caso, han sido reemplazados por estatuas de diferentes próceres. Esos mismos que parecen haberse glorificado, pero sin corregir situaciones básicas para la población.

Esta nueva pieza de Carlos Vittorello, que se desarrolla entre el absurdo y el neogrotesco, se destaca, sobre todo, por el diseño de unos personajes que, a través de las situaciones que viven, van creciendo y definiendo sus mundos interiores con fuerza. Aunque la historia que los contiene es pequeña y por momentos algo reiterativa, esas criaturas, aun así, resultan muy conmovedoras.

Mónica Villa, brillante

En este sentido, la dirección de María Esther Fernández es muy meritoria y sumamente ajustada. Conduce a sus actores por un fuerte camino de búsqueda interior y haciéndoles descubrir unas aristas que profundizan con ciertos logros. Se destaca, sobre todo, Mónica Villa componiendo a una vagabunda que descubre teatralidad hasta en el más mínimo juego. A su lado, Carlos Ponte recrea a su personaje de manera un tanto lineal y, a veces, no deja entrever ciertas contradicciones con las que carga esa criatura, pero aun así es un buen partenaire a la hora de develar ese mundo desgarrador que contiene a ambos.

Se destacan el diseño de escenografía de Giselle Rodríguez Bosio y la iluminación de Pablo Curto, que, en un ambiente muy despojado, logran unos climas muy sugerentes.

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