Falleció Hugo Corro, un purista del ring

El mendocino, de estilo atildado y ex campeón mundial de los medianos en 1978, padecía una afección hepática
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17 de junio de 2007  

El mendocino Hugo Pastor Corro, ex campeón mundial de los medianos, falleció en la primeras horas de ayer, a los 53 años, en la capital de Mendoza. Corro padecía de una afección hepática, agravada en los últimos días, que causó su deceso. El entierro será hoy a las 9.30, en el cementerio de esa ciudad.

Dueño de un estilo de boxeo fino, puro y atildado, Hugo Corro se convirtió en el último "esgrimista clásico", que sobre la base de la técnica de alta escuela se tuteó con el éxito.

Formado en el club Luis Angel Firpo, de Mendoza, por su maestro Diego Corrientes, Corro aprovechó al máximo todas las oportunidades que el boxeo le brindó. Desde sus sábados en el Luna Park, hasta sus viajes a Europa, formando parte como sparring de las delegaciones de Miguel Angel Castellini y Víctor Galíndez.

Parco y ajeno al "ruido y las relaciones públicas", Corro cumplió con su sueño de suceder a Monzón en la categoría de los 72,574 kg. No dejó pasar la oportunidad para vencer a un Rodrigo Valdez desgastado por sus luchas con Carlos Monzón y en modo notable lo destronó en San Remo, en 1978.

Su bailoteo en el ring, su jab de izquierda y el tiempo que marcaban sus piernas fueron vitales. Y eso lo evidenció en sus defensas ante Ronnie Harris y Valdez, en el Luna Park. La vida de campeón y las responsabilidades lo agobiaron. No era lo suyo. Y paulatinamente, se desmotivó.

Su alegría era exhibir sus autos antiguos de colección y ver crecer su campo de pastoreo, lleno de chivos en Mendoza, en guitarreadas interminables, que lo llevaron en su momento a pesar casi 100 kilos. Regaló su corona ante Vito Antuofermo en Montecarlo, en 1979. Curioso: la noche anterior había hecho sus valijas y deseaba regresar a Mendoza, dejando sin efecto la realización de esta pelea, que luego perdió -penosamente- por puntos.

Tito Lectoure deslizó siempre el pronóstico de que Corro, como local en el Luna Park, hubiese vencido a Marvin Hagler, que era su retador. Esta pelea nunca se hizo. Se retiró y se cobijó en el olvido de Mendoza. La muerte de su hijo Adolfo lo llevó a una profunda depresión en los últimos tres años.

Su reinado fue breve, pero la valía de su obra pugilística lo convirtió en un exponente diferente en la historia del boxeo nacional.

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