José Cura, el regreso del hijo pródigo

Protagonizará la ópera Samson et Dalila
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22 de junio de 2007  

Uno de los platos fuertes de la actual programación clásica porteña es, sin lugar a dudas, el regreso al país, tras ocho años de ausencia, de uno de sus hijos pródigos: el tenor rosarino José Cura. Radicado desde hace 16 años en Europa (actualmente en España), su nombre es sinónimo de éxito para los personajes dramáticos del repertorio operístico. Algo que por naturaleza lo convierte en uno de los tenores más requeridos del mundo y en una de las figuras más populares de su medio. Y no es para menos cuando, además de una voz fenomenal, José Cura cuenta con la adecuada presencia física para este tipo de roles y una formación profesional -completa y multifacética- de excepción. La llegada a Buenos Aires de una de las más rutilantes estrellas de la lírica internacional marcará la temporada del Teatro Colón con el sello de lo mejor del mundo de la ópera, en un rol hecho a su medida: el personaje de Sansón, en la romántica ópera Samson et Dalila , de Camille Saint-Saëns. En versión concertante y junto con Cecilia Díaz, elenco, coro y orquesta del Teatro Colón, el tenor se presentará desde mañana, a las 20.30, en el Coliseo.

El titán de la lírica

En sus quince años de exitosa carrera internacional, José Cura frecuentó no sólo las salas y teatros más prestigiosos del mundo clásico (Met, Covent Garden, La Scala, Opera National de París, Staatsoper de Viena, Hamburgo y Zurich, Deutsche Oper Berlín, entre otros), sino que también estuvo presente en escenarios recónditos, visitó países alejados del circuito tradicional, conquistó públicos exóticos para la ópera y llevó incansablemente el arte de la música y el teatro a impensables rincones del mundo. A su lado cantan las divas más glamorosas y dirigen las más célebres batutas. Paralelamente a esa intensa actividad en el teatro (como director de orquesta, cantante y régisseur), explota con sorprendente soltura sus amplias cualidades de comunicador y showman, ofreciendo recitales y espectáculos -algunos de ellos en escenarios al aire libre para miles de personas- en los que combina el canto con la dirección orquestal (en un original formato que él mismo llamó "mitad y mitad"), que le valió tanto la crítica de los sectores más conservadores del medio musical como la admiración de su público y una inusual popularidad para un artista del mundo clásico.

Cuando José Cura comenzó a ser mencionado en las portadas de los medios musicales del mundo, la figura del legendario Sansón fue uno de los referentes más inmediatos y apropiados para asociar con el nombre y la imagen del tenor argentino. No sólo las cualidades del timbre y el carácter de su voz, sino también la exuberancia de su personalidad, el carisma y una imponente presencia escénica permitían anunciar que Cura sería -entre otros grandes personajes que encarna con igual empatía, como Otello, Canio, Don Carlo o Turiddu- el intérprete ideal del héroe bíblico por varias generaciones. Desde entonces, transcurrieron algunos años y, a diferencia de lo que a menudo suele suceder con las carreras que demasiado pronto y con desmedidas grandilocuencias se lanzan y se agotan en el vértigo mediático, todos los pronósticos que acompañaron el espectacular surgimiento internacional de José Cura fueron materializados en una carrera fuera de toda medida. En la siguiente entrevista, el tenor se refiere a variados aspectos interpretativos del rol de Sansón.

-¿Cómo se ubica la voz, en referencia a las clasificaciones tradicionales, para Sansón?

-Si uno quisiera hacer una interpretación de Sansón en el espíritu de lo que estrictamente se entiende como la estilización de la música francesa, en un sentido historicista, tendríamos que partir de una voz no diría ligera, sino con mucho menor ataque. Es muy distinto tomar el rol como se lo pensaba en 1890. Si queremos, en cambio, interpretar un Sansón actual, a la luz de los problemas acústicos que vivimos, la diferencia de concepto en lo vocal, es enorme. Más que adjudicar el rol a una clasificación según la cantidad de decibeles producidos, prefiero pensarlo sobre la base del color psicológico, que sí es un factor determinante del perfil del personaje.

-¿Cuáles son esos problemas acústicos?

-El tamaño de los teatros, que hoy son enormes. Luego, el hecho de que las orquestas suenan muy fuerte por la densidad armónica de los instrumentos modernos. Un tercer punto, más dramático, es el de la subida del diapasón. La mayoría de las óperas que interpretamos hoy fueron escritas entre 1800 y 1900. En esa época, el diapasón oscilaba entre los 432 y 435 ciclos, lo cual significa que comparado con el diapasón que utilizamos en la actualidad, que está casi en los 445 y hasta en los 450 ciclos, tenemos una subida de un tercio de tono y de hasta medio tono. En síntesis, esto ha provocado una modificación importante en el modo de cantar respecto del pasado. La lógica de estos condicionamientos hace que la vocalidad de determinados personajes dramáticos sea adjudicada a voces mucho más robustas y duras.

-Respecto de la tesitura en que está escrito el Sansón, para un tenor oscuro y abaritonado que canta casi toda la ópera en el registro medio-grave. ¿Cómo resolvés la llegada al agudo por encima de la orquesta y el coro?

-Con un agudo que tenga mucho espesor, que sea ancho y grande. Estamos hablando de un héroe mitológico que basa toda su leyenda en el poder físico, entonces sería ridículo para el personaje cantar esas notas con la misma presencia acústica de, por ejemplo, un agudo del tenor de La bohème . Por más bello y correcto que sea el sonido, le faltaría la intensidad dramática. Ese es el gran desafío vocal del Sansón, y de los roles de tenor dramático en general.

-¿Cuál es tu percepción del personaje con relación al lucimiento vocal?

-Sansón tiene momentos muy definidos en los que se puede lucir por diferentes razones. En el primer acto es un personaje agresivo, un guerrero del Antiguo Testamento. En el segundo acto, la agresividad se transforma en sensualidad y extrema inseguridad en la relación consigo mismo, con Dios y con lo femenino. En el tercer acto, que es espiritualmente el más interesante, es donde Sansón se redimensiona. En toda la primera parte de ese acto, Sansón debería cantar con la media voz. En la segunda, en cambio, tenemos nuevamente otro tipo de canto. Es la instancia de la redención entendida en el marco de una cultura ubicada 1500 años antes de Cristo. Las posibilidades de lucimiento son amplias y diversas.

-¿Te dio satisfacciones este personaje?

-¡Muchísimas! Sansón es uno de los roles a los que más les debo haberme lucido en el escenario. Uno de los personajes que mayores satisfacciones me brindaron a lo largo de toda mi carrera.

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