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Un tributo a los 50 años de los Carasucias

Claudio Mauri
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13 de julio de 2007  

MARACAIBO.- Lo hecho hasta aquí por el seleccionado en la Copa América es digno de permanecer en el recuerdo, pero para ganarse un lugar destacado en la historia necesitará coronar con un título su excelente campaña. Está a un paso de lograrlo, pasado mañana, frente a Brasil.

Este equipo, por su identidad de juego y estilo remite, de alguna manera, a las raíces históricas de nuestro fútbol. Es atrevido, tiene descaro ofensivo, gambeta, habilidad, gol, intérpretes de refinada técnica. Es como si estuviera haciendo un viaje en el tiempo para conectarse, en el año del 50° aniversario, con un elenco atacante que quedó grabado con letras de oro en los archivos del, por entonces, Campeonato Sudamericano: los Carasucias de 1957, cuando en Lima arrollaron con un fútbol de alta escuela.

Esa inolvidable delantera la integraban Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz. Es cierto, era otra época, mucho más audaz en lo táctico, con el sistema WM (3-2-5), en el que los números más altos (4 o 5) designaban a los delanteros y no a los defensores, como ocurre ahora con los 4-4-2, 4-4-1-1, etc.

Al igual que el equipo de Basile, aquellos Carasucias tenían facilidad para golear: 8-2 a Colombia, 6-2 a Chile, 4-0 a Uruguay, 3-0 a Ecuador y, para que no quedaran dudas, un 3-0 a Brasil el día de la conquista del título. No se trata de trazar un paralelismo ni comparaciones, pero sí de establecer afinidades, una idea común, rasgos compartidos. O de darle crédito a eso de la herencia cultural y de la cuestión genética. Porque si hoy existen y la Argentina disfruta de Messi, Tevez, Riquelme, Verón, Aimar y Crespo es en buena medida porque antes existieron la gambeta endemoniada de Sívori, la chaplinesca habilidad de Corbatta, los desbordes de Cruz, la potencia goleadora de Maschio.

Los tiempos cambiaron mucho. Aquel torneo les sirvió a varios de vidriera para dar el salto a Europa: Juventus se llevó a Sívori; Inter, a Angelillo, y Bologna, a Maschio. Los actuales jugadores del seleccionado ya hace rato que hicieron las valijas hacia el Viejo Continente.

Las analogías se pueden trasladar hasta la dirección técnica. Guillermo Stábile, el entrenador récord de los Sudamericanos con seis trofeos, estaba al frente del aquel equipo. Maschio contó cómo era Stábile: "No nos pedía nada raro, nos daba libertad para jugar. Era muy tranquilo. A mí siempre me pedía que me desmarcara". Esta misma definición podría oírse casi de manera textual de cualquier jugador del actual seleccionado sobre Alfio Basile. Aquellos Carasucias no son una página ajada de la historia. A 50 años de la gesta, otra generación la refresca y le está rindiendo tributo.

cmauri@lanacion.com.ar

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