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Abogados de medio pelo

Por Horacio M. Lynch Para LA NACION
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10 de agosto de 2007  

Los abogados reciben en nuestro país la mitad de la formación que en los desarrollados. La educación académica, aunque despareja, no es tan preocupante como que no reciben formación práctica, que en aquellos países demanda dos o tres años en instituciones especiales. Aquí la práctica se aprende de otros más experimentados, en pocos casos muy bien. En otros no tanto, y muchos nunca la aprenden, aunque igual ejercen privadamente o en la Justicia, con graves costos sociales y económicos.

Al ser una profesión que, como la medicina, combina una ciencia con un arte, no basta con saber derecho para ser abogado, como no se es médico sabiendo sólo teoría, y parece necesario revisar aquel paradigma.

La situación de los que se matriculan preocupa a la Federación Argentina de Colegios de Abogados, FACA, aunque quizá no tanto por déficit de formación práctica como por títulos irregulares. El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires impulsa un comité para colaborar con FACA. Se analiza establecer un control para revisar la solvencia del candidato. Pero más grave que algunos títulos irregulares es la inexperiencia, pues, salvo excepciones, todos carecen de práctica para ejercer sin control.

Hay quienes cuestionan la supervisión de un título universitario habilitante. Pero esta propuesta tiene antecedentes: de 1815 a 1872, la Academia de Jurisprudencia enseñaba la práctica a los licenciados de las universidades, que luego rendían examen ante las Cámaras de Justicia. En 1854, un decreto permitió la matriculación sólo acreditando experiencia. En los EE.UU., hasta el siglo XX los abogados se formaban en el trabajo, y pocos concurrían a la universidad. El gran presidente Abraham Lincoln fue un eximio abogado, surgido de la práctica. Hoy, en la Argentina, ocurre exactamente lo contrario.

España ha dictado en 2006 la ley de acceso, que impone a los licenciados en Derecho una etapa obligatoria de formación práctica, para que no queden fuera de la Comunidad Europea. El mundo marcha en esa dirección, y es necesario que nuestros abogados no sean discriminados.

Como dato positivo, registramos una experiencia pionera en el mundo, desde que en 1980, el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia, Fores, lanzó su programa de entrenamiento para abogados. Suma 27 años de experiencia en un programa que, en siete intensivos meses, concreta la difícil tarea de convertir a un egresado en un abogado cabal. Ha formado un equipo de investigación (Grupo Lincoln) para recopilar información internacional sobre la formación profesional. Sus resultados apoyan el esfuerzo de la FACA y del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.

Allí se analizará el examen de admisión (y, quizá, de sus reválidas periódicas) en cuanto a sus modalidades y a quién correspondería tomarlo, pues además de los colegios profesionales están interesadas las universidades, las academias, la Coneau y, particularmente, la Corte Suprema de Justicia. En los EE.UU., el examen para matricularse dura tres días, el último de los cuales se concentra en la ética, aspecto que aquí casi no se enseña.

La preparación de los futuros magistrados y abogados es tema central de la Justicia, pues su buen funcionamiento depende de la calidad de sus mujeres y hombres. Y ello debe interesar a la Corte Suprema.

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