En medio siglo, siempre llegó más lejos

El periodista sufría una neumonía; sus restos fueron inhumados ayer en un cementerio de Pilar
Marcelo Stiletano
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13 de agosto de 2007  

Si se suman todas las entrevistas y los encuentros que mantuvo a lo largo de cuatro décadas con excepcionales figuras mundiales de los más diversos ámbitos y actividades, Roberto Maidana -cuyo fallecimiento se produjo anteayer, a los 79 años, en una clínica privada del barrio de Villa Urquiza, tras una larga enfermedad- deja a partir de su excepcional trayectoria en el periodismo radiofónico y, sobre todo, televisivo, un legado equivalente a la memoria sonora de la segunda parte del siglo XX que seguramente no tiene parangón en la Argentina.

La cifra de hechos y personalidades con los que tomó contacto en momentos clave de la historia mundial para muchos de ellos será difícil de superar de aquí en adelante por una sola persona, incluso en estos tiempos globalizados en los que viajar por todo el mundo y disponer de tecnología para transmitir desde cualquier rincón del planeta son posibilidades muchísimo más accesibles que las que existían en su tiempo. Cuando Maidana, que siempre llegaba más lejos que todos, se había ganado por mérito propio y la consideración general un reconocimiento como el periodista más versátil y completo del medio.

La lista asombra: los hermanos John y Robert Kennedy, el Pandit Nehru, Golda Meir, Yitzak Rabin, Fidel Castro, Anwar el-Sadat, Ernesto Guevara, Moshe Dayan, Henry Kissinger, Indira Gandhi y Menahem Begin, en la política; Federico Fellini, Vittorio Gassman, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Jorge Amado, Luis Federico Leloir, Bernardo Houssay, Werner von Braun en las artes y en las ciencias; Pelé, Cassius Clay y Juan Manuel Fangio, en el deporte.

En primera instancia, podría decirse que supo llegar a ellos a partir de su excepcional capacidad para hablar a la perfección cuatro idiomas extranjeros (inglés, francés, portugués e italiano). Pero al fin y al cabo, ese talento no era más que el valiosísimo accesorio de su perspicacia para acercarse amistosamente a interlocutores encumbrados y muchas veces inaccesibles, y a distintas herramientas (sagacidad, audacia, agudo ingenio para sortear situaciones adversas) que siempre supo usar de la manera más oportuna.

Así, con el espíritu risueño y el buen humor que lo caracterizaba (hasta llegó a utilizar en crónicas humorísticas firmadas con el seudónimo de Chacato), contaba por ejemplo cómo aprovechó un saludo colectivo con Sadat para retenerlo más de lo imaginado mientras le estrechaba la mano para obtener de él un pequeño y esclarecedor reportaje. O cómo se las ingenió para permanecer más de un día en cercanías del departamento parisiense ocupado por el ayatollah Khomeini hasta que logró su palabra. O cuando en Manchester se puso el mismo buzo usado por el plantel de Estudiantes para "colarse" en el vestuario y hacer desde allí las notas con el equipo que acababa de ganar la Copa Intercontinental.

"Siempre tengo la valija hecha", decía en cada entrevista que se le hacía, entre los años 60 y 80, cuando era el periodista más "viajado" sencillamente porque nadie podía hacer lo que estaba a su alcance. De hecho, la primera vez que apareció ante una cámara de TV fue en el exterior, mientras se jugaba el Mundial de fútbol de Chile, en 1962, pero los viajes que más recordaba fueron dos: el que hizo en 1969 a Estados Unidos para acompañar desde allí con su relato la llegada del hombre a la Luna y la visita a México, diez años después, del papa Juan Pablo II.

Lucía con orgullo testimonios fotográficos de esos acontecimientos (y otros, como el encuentro con el Che Guevara en Punta del Este), prolijamente ordenados entre la mesa de trabajo y la biblioteca de su departamento de siempre, muy cerca de la iglesia del Socorro. Allí vivía solo desde comienzos de 1999, tras el fallecimiento de su esposa y entrañable compañera María Antonia Singla, con quien tuvo dos hijos, Roberto Adrián (también periodista) y María Inés.

Entre esos recuerdos ocupaba un lugar preferencial el retrato en blanco y negro del equipo inicial que integró en Telenoche junto a Mónica Cahen d Anvers y Sergio Villarruel, punto de partida, en los años 60, de la impar carrera televisiva de Maidana, que alcanzó sus mejores momentos en la pantalla de Canal 13. Allí llegó de la mano de Carlos Montero e hizo cuatro años de locución en off antes de aparecer ante las cámaras y adquirir vuelo propio por su facilidad de palabra, su capacidad para analizar en pocas palabras complejos hechos internacionales y su talento como corresponsal en cualquier lugar del mundo.

Sabía como pocos, además, vestir una noticia curiosa con humor y sumarse con el mismo entusiasmo y conocimiento a cualquier transmisión deportiva. De hecho, había decidido en 1954 abandonar los estudios de abogacía para sumarse al equipo de transmisiones deportivas de Alfredo Aróstegui. Hasta que perdía en esa materia toda objetividad cada vez que le tocaba seguir con fervor, desde su platea, cada partido que Chacarita Juniors, el club de sus amores, jugaba como local.

Antes de llegar a la televisión, Maidana había trabajado en las redacciones de El Mundo y Democracia , pero siempre estuvo más interesado en la radio. Siendo adolescente, dio su primera prueba como locutor en Splendid, emisora en la que trabajó durante muchísimos años.

Con el tiempo, se afirmó en TV y llegó a ser una figura irreemplazable en la División Noticias de Canal 13, trabajo al que sumó aportes a recordados ciclos periodísticos como Mónica presenta . En 1979, llegó a ser el periodista mejor pago de la Argentina, con 15.000 dólares de ingresos mensuales.

Con todo ese reconocimiento llegó a Canal 7 (por entonces, ATC, cuando todos los canales eran oficiales en tiempos del gobierno radical de Raúl Alfonsín) y allí ocupó la gerencia de Noticias, hasta que un año después el directorio encabezado por Miguel Angel Merellano le pidió la renuncia luego de un muy cuestionado reportaje que en los pasillos del canal se le hizo al general Ramón Camps, que había estado allí junto al ex presidente de facto Alejandro A. Lanusse por orden del entonces juez Carlos Daray, que investigaba la desaparición de Edgardo Sajón, secretario de Prensa y Difusión con Lanusse.

La entrevista, que hizo Alberto Muney, nunca llegó a salir al aire, pero Maidana, como responsable del área, resultó despedido, pese a que llegó más tarde a dialogar sobre el tema con el propio Alfonsín. Cuatro años después, la Justicia ordenó a ATC indemnizarlo con diez meses de sueldo actualizados.

Volvió a Canal 13, condujo más tarde un ciclo periodístico ( 100 noticias ) por Canal 11 y más tarde incursionó en América y la señal de cable CVN, pero sin el predicamento de antes. A fines de los 90, conducía un programa de turismo por cable y era corresponsal de una emisora cordobesa, con lo que ratificaba un amor por la radio que continuó hasta hace poco, con un programa en una radio local de Palermo.

Puntual, metódico, inquieto, de prodigiosa memoria, Maidana había nacido en el barrio porteño de Floresta, donde se crió, el 1° de julio de 1928. Decía que el político italiano Giulio Andreotti fue el entrevistado que más lo había impresionado y siempre lamentó que fuera Sophia Loren la única que lo dejó plantado para una entrevista. Y se acostumbró en los últimos años a evocar con una sonrisa lo que al principio le molestaba bastante: la fama de "mufa" con la que fue identificado durante mucho tiempo. "Es un complot planeado por unos tipos que me quisieron desacreditar en el momento en que yo empezaba a tener cierto reconocimiento." Nunca los nombró.

Fanático del jazz, del dibujo y de los tratados sobre antropología, se convirtió en 2003 en miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo. "Sería difícil trazar la semblanza de un periodista argentino cuya trayectoria profesional de más de medio siglo estuviera tan jalonada como la de Roberto Maidana por hechos que forman ya parte de la historia de la humanidad", dijo allí José Claudio Escribano, al iniciar sus palabras de presentación.

En ese momento, más de un memorioso debe de haber recordado lo que dijo una vez alguien tan ocurrente como Maidana, el boxeador Oscar Bonavena: "El día que abandone la profesión, va a haber trabajo para 20 periodistas".

El sepelio se realizó ayer, en el Parque Memorial. Sus restos fueron despedidos por el presidente de la Academia Nacional de Periodismo, Bartolomé de Vedia. También asistieron el doctor José Claudio Escribano, ex presidente de la institución, y José Ignacio López, secretario.

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