A 80 años del primer cruce aéreo de los Andes

Proeza: el argentino Luis Cenobio Candelaria fue el primer aviador que logró cruzar, en un solo vuelo, la cadena montañosa.
(0)
13 de abril de 1998  

Casi al finalizar la segunda década del siglo, un teniente de la aeronáutica argentina partió rumbo a la puesta del sol hasta lograr la proeza de trazar de un solo vuelo la primera ruta del cruce de la cordillera de los Andes. Tenía 25 años.

Hace 80 años, la mole andina fue testigo de aquel 13 de abril de 1918, cuando el monoplano Morane Saulnier, modelo Parasol, del teniente Luis Cenobio Candelaria se elevó, a las 15.30, frente a la cordillera y en territorio argentino para unir en vuelo Zapala (Neuquén) y Cunco (Chile), después de dos horas y media de navegación que demandaron los 230 kilómetros recorridos.

Desde ese rincón de la Patagonia, Candelaria rubricó sus sueños encima de 300 kilogramos de madera revestida de lino y un motor Le Rhone de 80 HP para desarrollar no más de 140 kilómetros por hora, sin otros instrumentos que medidores de agua y aceite, arrojo y temple.

Al despedirse, le dijo a su mecánico Miguel Soriano: "Si no vuelvo, buscame en la cordillera".

La Primera Guerra Mundial estaba llegando a su fin en Europa, y el cruce en avión de las cumbres cordilleranas no ofrecía ninguna protección a los pilotos que permanecían a la intemperie, expuestos al azar del destino meteorológico.

Arturo Bradley y Angel María Zuloaga habían cruzado los Andes en globo en 1916; Los Tamarindos recibieron el último esfuerzo de Jorge Newbery para realizar la primera travesía argentina, y Pedro Zanni evitó milagrosamente un mismo final.

En Chile se anunciaba simultáneamente el intento de la hazaña hacia nuestro país.

Los preparativos

Candelaria empezó entonces a observar detenidamente el horizonte, recuperó un avión llamado Mendoza que se encontraba en un hangar sin hélice y con roturas en su fuselaje y serios daños en el motor y tras una serie de tentativas infructuosas abrió el camino del cielo de los Andes.

Por imposición de su frágil maquina y con la inquebrantable voluntad de los visionarios, proyectó su raid por la zona menos elevada, no obstante cobró altura, siempre con el sol de frente, hasta alcanzar los 4000 metros sobre el nivel del mar.

Desafió las bajas temperaturas, las turbulencias violentas de la región montañosa y el desconocimiento del punto de llegada, pero mantuvo firme el timón del Morane hasta que, al llegar a Blaima, la densa niebla lo obligó a buscar un lugar donde descender. Luego de atravesar el río Allipen, divisó la localidad de Cunco.

Había partido del suelo argentino a las 15.30 y, a las 18, el Morane tocaba tierra chilena.

El aparato volcó y sufrió desperfectos, pero el teniente Candelaria había cumplido su hazaña, que provocó el unánime reconocimiento de dos pueblos.

El propio Candelaria dijo en su informe:"Una vez detenido bruscamente el aparato, me vi cabeza abajo, colgando de las correas, mientras de las tapas de los tanques salía nafta en abundancia. Con algunos esfuerzos y colgándome del asiento pude desprender, presuroso, las correas y deslizarme entre el fuselaje y las alas, llegando a tocar tierra primeramente con las manos. Me hizo el efecto de volver gateando a la vida...

"La primera mano que estreché -continuó Candelaria en su escrito- fue la del señor Eustaquio Astudillo, que se hallaba acompañado por otras personas.

"El señor Astudillo no pudo menos que expresarme su admiración, al mismo tiempo que me sacaba de dudas diciéndome: "Es usted el primero que pasa, señor. Es muy grande lo que ha hecho"."

En el atardecer del sábado 13 de abril de 1918 el macizo andino fue vencido, pero Zapala sería el punto inicial y final de su histórica travesía.

Falleció en San Miguel de Tucumán, el 23 de diciembre de 1963, y respetando sus deseos fue sepultado en el cementerio de Zapala.

En su tumba fue grabada en un mármol blanco una sola inscripción:"13 de abril de 1918".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios