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Un final que esconde una cantidad de paradojas

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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18 de septiembre de 2007  

Festejan los Kirchner y se eclipsa Roberto Lavagna. Pero las elecciones chaqueñas que, hasta el momento, consagraron gobernador electo a Jorge Capitanich abren en la provincia una situación difícil de interpretar con categorías convencionales. Todas las fotos están allí corridas. Nada es, del todo, lo que parece. En cada fuerza anida una contradicción que la modera. Sorprende menos el empate.

El proceso que desembocó en la virtual victoria de Capitanich comenzó en marzo. La primera semana de ese mes, el líder del radicalismo local, Angel Rozas, visitó el despacho del gobernador Roy Nikisch, de su propio partido, para comunicarle que competiría por la gobernación. Nikisch no lo enfrentó. Su conducta es, hasta hoy, un enigma. Aspiraba a la reelección, atesoraba una imagen competitiva, había conseguido el apoyo tácito de muchos intendentes peronistas. Pero el gobernador se resignó a la retirada. Apenas insinuó que no apoyaría la candidatura de Roberto Lavagna, oficial en la UCR. Lo tentaban desde la Casa Rosada. Pero Nikisch tampoco se animó a convertirse en un radical K. En ese duelo íntimo quedó cifrado el destino electoral de la provincia.

En Chaco gravitó la ley no escrita que imperó en Tierra del Fuego o en la Capital Federal: la fractura dramática de los oficialismos permite que el poder cambie de manos. Nikisch no colaboró con la campaña de Rozas y los peronistas que pensaron en asociarse con él se liberaron de cualquier compromiso. Capitanich le debe menos a la Casa Rosada que a esta pelea entre radicales.

* * *

Este legislador del PJ pensó su carrera con una hipótesis derrotista. Creyó que enfrentaría a Nikisch y se postuló para la gobernación, pero también para la senaduría nacional, que se disputará el 28 de octubre. Además, podía esperar poco del gobierno central. A pesar de los servicios prestados en la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara alta, los Kirchner nunca contaron a Capitanich entre los suyos. Lo postergaron como a su colega rionegrino Miguel Pichetto, el jefe de bloque. El legislador chaqueño inscribió sus candidaturas a nombre de Chaco Merece Más. No del Frente para la Victoria, que en esa provincia está representado por José Mongeló, un diputado que pasó los últimos 30 días explicando por qué el Presidente no viajaba a apoyar al candidato del peronismo. Mongeló pretende la senaduría nacional y se postuló para octubre con una lista propia.

Debilitado el respaldo de la Nación, Capitanich apostó a atravesar la fisura que se abría en el campo contrario. Comenzó a proponerse, aunque de modo subliminal, como el continuador de Nikisch.

Así, mientras el radical Rozas prometía cambiar la política educativa -a cargo de Sofía Nikisch, la esposa del gobernador-, el candidato peronista aplaudía lo realizado por el gobierno.

Capitanich elogió también el saneamiento de las finanzas provinciales y la calidad administrativa de la gestión. Cuando castigó, hizo blanco en "los ocho años de Rozas" y no en los 12 que gobernó la UCR. El candidato radical, en cambio, auguraba que "el 10 de diciembre el pueblo volverá al gobierno". Se hizo difícil en el Chaco identificar quién representaba al oficialismo y quién a la oposición.

El cruce de alineamientos produjo un resultado inesperado. Sobre todo para los encuestadores: la consultora que presta servicios para Rozas desde hace más de una década se equivocó por el 16 por ciento en el resultado de boca de urna.

* * *

Ahora el cuadro de fuerzas es casi disparatado. Capitanich ya no competirá en octubre. En su reemplazo queda Elena Corregido, la segunda de la lista para el Senado nacional. Será una de las boletas locales en las que figurará Cristina Kirchner, beneficiaria ahora del malquerido Capitanich. La otra es la de Mongeló, enfrentado al nuevo gobernador, pero titular del Frente para la Victoria local.

Será interesante observar la escenografía que refleje estas afinidades y conflictos, modificados ahora por el triunfo, cuando la primera dama visite Resistencia el 5 de octubre. No hay mejor amalgama que el éxito.

En el radicalismo, en cambio, las listas compartidas esconden la guerra. Nikisch competirá por la senaduría y llevará, a pesar de sus dudas iniciales, a Lavagna en su boleta. Que no espere solidaridad alguna de Rozas. Salvo por el detalle de que en la nómina de diputados nacionales aparecen los íntimos amigos del -hasta ahora- derrotado del domingo pasado.

Las paradojas del Chaco se proyectan sobre la peripecia nacional. Los Kirchner pueden mostrarse optimistas. Aunque dependan de Capitanich, al que menospreciaron hasta ahora (la mente vuela, irrefrenable, hacia Daniel Scioli). Lavagna ve peligrar un bastión que creía seguro. Entre quienes lloraban con Rozas en la madrugada del lunes estaba su compañero de fórmula Gerardo Morales, presidente de la UCR.

También la situación de Elisa Carrió es rara. En Chaco pasó casi toda su vida. Allí vive su familia y es donde más la conocen. Pero ARI, el domingo, sacó 3,86% de los votos.

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