Cuarenta años de música clásica Camerata Bariloche

La mejor orquesta de cámara de la historia del país festejó en su lugar de nacimiento
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19 de septiembre de 2007  

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- En términos estrictos y, por lo tanto, también limitados, la Camerata Bariloche es una orquesta de cámara de música clásica. Pero esta definición peca de una estrechez insalvable porque omite, al menos, dos componentes agregados esenciales: aquel que indica que es la mejor orquesta de cámara de la historia del país y ese otro que prescribe, sin temor a la duda, que la Camerata es uno de los más importantes emblemas culturales argentinos. Ahora, después de una gira que la llevó por varias ciudades patagónicas, la Camerata ofreció dos conciertos únicos y profundamente conmovedores que no pueden ser contabilizados meramente como dos recitales más. El primero tuvo lugar el domingo a la noche, en la catedral de Bariloche y, el otro, anteayer, en la Biblioteca Sarmiento, un lugar cargado de simbolismos, ya que ahí nació el conjunto hace cuarenta años.

De sus integrantes actuales, el único que estuvo en aquel célebre concierto inaugural es Andrés Spiller. Con voz pausada y todavía emocionado por estos conciertos, el oboísta recuerda cómo se gestó el alumbramiento. "El mentor de la idea fue Alberto Lysy. El origen hay que rastrearlo en los Festivales Internacionales de Música de Cámara que él organizaba en Buenos Aires, para los cuales convocaba a músicos argentinos y extranjeros, muchos de los cuales también extendían su actuación como docentes en el camping musical de Bariloche. En 1967, a Lysy se le ocurrió reunir esas dos experiencias y, después de ensayar una semana en el chalet Soria Moria de la Fundación Bariloche, con el nombre de Camerata Bariloche, ofrecimos un concierto en la Biblioteca Sarmiento, exactamente el 17 de septiembre."

En contra de lo que puede suponerse, en aquella oportunidad no hubo ninguna orquesta tocando, sino que el recital fue una sucesión de obras de cámara. "En total, éramos unos diez músicos que nos alternábamos en el escenario para hacer diferentes piezas. Además de Lysy, estuvieron Claus Adams, el chelista del Juilliard Quartet, el clarinetista Michael Webster y músicos argentinos como Tomás Tichauer, Oleg Kotzarev y Eke Méndez. Después realizamos una gira por Rosario, Santa Fe y Córdoba para terminar en Buenos Aires. Pero ya en Rosario se sumaron más músicos y se conformó una orquesta de cuerdas, pero sólo para acompañarlo a Alberto en algún concierto para violín y cuerdas."

Spiller cuenta cómo fue lo que siguió a aquel instante inicial. "Lysy quería que el grupo trabajara tanto en la Argentina como en Europa y, de entrada, organizó giras por el exterior, financiadas por la Fundación Bariloche. En una de esas giras fue cuando se conformó, definitivamente, la Camerata como la conocemos hoy, y la razón principal del abandono de los grupos pequeños de cámara fue que los empresarios que nos contrataban no querían que de un grupo numeroso de músicos sólo tocaran todos juntos algunos minutos. Así quedó establecida la orquesta."

Con profusión de detalles y recordando con precisión fechas y lugares, Spiller hace un recuento de cuarenta años de historia a partir de los hechos que produjeron sus sucesivos directores. "Después de Lysy llegó Rubén González, con quien nos consolidamos en el país. Con él llegamos hasta Japón y también tuvimos nuestra primera experiencia en Estados Unidos. A mediados de la década del 70, Rubén se marchó y llegó un nuevo concertino, Elías Khayat. Bajo su dirección nuestro repertorio se asentó en el barroco. Seguimos realizando viajes memorables por Europa, uno de ellos por seis repúblicas de la Unión Soviética. Por último, desde hace más de una década, Fernando Hasaj es quien conduce nuestros destinos artísticos."

Renovación

Al respecto, cuenta Spiller: "La llegada de Fernando se dio por una necesidad imperiosa, casi vital. Habíamos cumplido un recorrido importante pero necesitábamos una renovación. Nos habíamos quedado en un formato de pocas variantes y pensamos que Hasaj podía conducir ese cambio. Después de todo, Fernando no sólo era un gran violinista sino que poseía una formación musical completísima. Con él, sin dejar el barroco y el clasicismo, ampliamos el espectro hacia los siglos XIX y XX. Demostramos al público y a nosotros mismos que todavía teníamos mucho para dar".

Cuando se lo inquiere a Spiller sobre la popularidad de la Camerata, inmediatamente recuerda a Gabriel Pigna, "un empresario, ya fallecido, que hizo que extendieran el horizonte hacia otros campos. Nos embarcó en proyectos con músicos populares e insistió para que fuéramos a tocar a todos los lugares. Así, nos hemos presentado en el Colón y en infinidad de grandes teatros internacionales, pero también en la Iglesia de San Cayetano o en la sede de YPF de Tartagal para una comunidad que se emocionaba ante Mozart o Vivaldi".

Lo inquirimos sobre cuáles han sido los aportes de la Camerata. "No puedo señalarlos todos, pero me parece que todos parten de una propuesta, que fue apostar siempre a la excelencia. En el país, hemos funcionado como modelo para imitar o para competir. E invariablemente hemos hecho todo con profesionalismo y sin escatimar esfuerzos. Con esa actitud, hemos ofrecido infinitos conciertos, realizado más de veinte giras internacionales y nos hemos presentado ante muchísima gente. También querría destacar como otra contribución más el hecho de haber dado a conocer obras argentinas en todo el mundo, ya que siempre hemos atendido y tomado en cuenta a nuestros compositores."

Por último, y aun en momentos de gloria como el de este aniversario, Spiller considera oportuno señalar que, a pesar de todo, la Camerata es un organismo frágil, cuyo futuro no está asegurado y que depende de financiamientos que nunca se sabe si llegan. "Pero soy optimista. Aunque no esté yo tocando dentro de diez años, la Camerata va a festejar sus cincuenta."

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