Inder: el fracaso del estatismo

(0)
25 de abril de 1998  

A mediados de la década del cuarenta se creó el Instituto Mixto Argentino de Reaseguros, como una forma de intervención estatal en ese sector. El organismo se transformó posteriormente en el Instituto Nacional de Reaseguros (Inder). A partir de 1953 se estableció en su favor el monopolio del reaseguro.

En esa época se creía que un organismo estatal reasegurador evitaría el drenaje de divisas que significaba para la balanza de pagos del país el giro al exterior de las primas de reaseguros. Se pensaba, además, que colaboraría en el desarrollo de un sector asegurador privado argentino.

Cualquiera haya sido el juicio que se pudiese tener sobre estos propósitos, los resultados no pudieron ser más catastróficos.

El sistema monopólico de reaseguro, contrario a los principios purificadores de la sana competencia, generó un sistema asegurador argentino divorciado de los conceptos de eficiencia y productividad. En su lugar reinaba el favoritismo, cuando no la corrupción, proliferando los aseguradores incompetentes o insolventes.

En la década del ochenta, el Inder entró en un proceso de acelerado deterioro y llegó a una falencia patrimonial que se trasladó, en reacción en cadena, a las entidades de seguros argentinas. Mientras tanto, en una increíble paradoja, el Estado persistía en obligar a las aseguradoras a contratar sus reaseguros en una sociedad en bancarrota, cuyas reservas había dilapidado y cuyo capital no reponía.

Este fracasado experimento de estatismo y monopolio todavía hoy continúa afectando severamente al sector asegurador. Nueve años después de iniciada la desmonopolización, el Estado no ha terminado de liquidar las obligaciones pendientes del Inder. El proceso continúa en un lento desarrollo, dentro de una maraña de regulaciones, a ritmo burocrático, mientras la falta de pago de los siniestros reasegurados genera serios problemas financieros a las compañías, que debieron afrontarlos sin el auxilio reasegurador. En una interminable agonía, se suceden las falencias de compañías, con un claro perjuicio para los asegurados y para los terceros damnificados por los siniestros.

Actualmente, el Gobierno está tomando las acciones adecuadas para fomentar la competencia, abriendo el registro de entidades aseguradoras, con mayores requisitos de capital y reservas. Pero, simultáneamente, es necesario que asuma el costo de los gruesos errores políticos del pasado y que termine, de una vez y para siempre, la liquidación del Inder. Solamente entonces la actividad aseguradora podrá desenvolverse en la forma sana que exige la economía de un país civilizado.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios