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Señal de Cristina Kirchner al peronismo

En el acto por el 17 de octubrela candidata reivindicó la concertación con otros partidos; Moyano quedó en segundo plano
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18 de octubre de 2007  

Perón y Evita, ausentes sin aviso. Ninguno de los dos formó parte ayer del discurso con el que la candidata presidencial del oficialismo, Cristina Kirchner, recordó el Día de la Lealtad peronista. Por el contrario, eligió reivindicar la concertación plural que impulsa con el radicalismo. Todo en un acto en el que la liturgia justicialista estuvo representada sólo con una tímida entonación de la marcha y con la presencia, en un segundo plano, de los sindicalistas.

Cuando faltan 10 días para las elecciones, el Gobierno armó ayer un acto en una escuela fábrica de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), en La Matanza, donde el protagonismo lo tuvo la campaña. Además de la primera dama, hablaron el candidato a gobernador bonaerense Daniel Scioli, y el ministro de Trabajo y postulante a diputado por la Capital, Carlos Tomada, organizador del encuentro. El presidente Néstor Kirchner acompañó sin pronunciar palabra alguna.

Debajo del escenario quedó el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, y el resto de la cúpula sindical. Una fuente oficial transmitió ayer a LA NACION que el Gobierno buscó marcar una "sustancial diferencia" con el acto que el año pasado organizaron los gremios en la Quinta de San Vicente, que terminó con Emilio Quiroz, chofer del hijo de Moyano, disparando en medio de cientos de militantes que participaron del traslado de los restos del general.

"Lindo acto", le dijo Cristina Kirchner al Presidente por lo bajo cuando subió al escenario (una hora y 20 minutos más tarde) y vio a unos 100 invitados especiales sentados prolijamente al sol del mediodía, y los trabajadores detrás y en las calles, que en total sumaban unas 1500 personas.

No faltaron ayer los colectivos escolares estacionados en los alrededores que sirvieron para trasladar a la gente hasta la fábrica. Llevaban pegados afiches de Fernando Espinoza, intendente de La Matanza.

La candidata arrancó su discurso con las "similitudes climáticas" entre el 17 de octubre de 1945 y ayer, en un día en el que el sol extremo dejó a más de uno con la nariz colorada. "En aquél, millones de argentinos, socialistas, radicales, conservadores, se identificaban con un hombre, pero en la esencia se identificaban con la patria", dijo. "Esta concertación que hoy ofrecemos incorpora a hombres y mujeres de distintas historias con un objetivo común", prometió.

Después elevó el tono de voz al extremo y lanzó: "Hagamos aprendizaje histórico. Que nadie nos vuelva a dividir". Y enseguida reconoció que si gana las elecciones tendrá dificultades. "No quiero engañar a ningún argentino y a ninguna argentina: siempre hay dificultades, pero lo importante es la actitud frente a la vida", se sinceró, en medio de los aplausos.

No hizo mención alguna a los sindicatos ni a su propuesta de pacto social. "Este 17 de octubre nos encuentra con un modelo político en el cual todos, trabajadores, empresarios, comerciantes, estudiantes, intelectuales, nuestros ancianos, han vuelto a sentirse incluidos y representados", detalló.

"Está todo bien"

Pero a pesar de la omisión, al menos Moyano buscó mostrarse en sintonía con la Casa Rosada. "Hablo seguido con Cristina, está todo bien", dijo el dirigente gremial a LA NACION al terminar el acto. Y aunque dudó al responder, como pensándolo, sostuvo que el llamado a la concertación que hizo la candidata es "un desafío inteligente que se debe hacer".

Este año, el líder de la CGT se quedó fuera de la organización del acto central. Quien puso la logística fue el jefe de la UOM, Antonio Caló, un hombre que aparece como el preferido del kirchnerismo para disputarle el poder al dirigente camionero.

Voceros del líder cegetista se quejaron horas más tarde del metalúrgico. "Ni siquiera tuvo la cortesía de saludar ni respetar la jerarquía de Moyano como jefe de la CGT", dijeron. Ante el supuesto desaire, fue Caló quien desmintió la acusación: "Es una mentira. Apenas llegó Moyano le di un abrazo. Soy muy amigo de Hugo".

Para disipar rencores, la candidata bajó del escenario y saludó a ambos. Después fue el turno de los trabajadores. Esta vez, Kirchner no la acompañó y se metió en un auto. Ella, en cambio, hasta se trepó a una valla para dar besos. Ya más de la mitad de los militantes había emprendido la retirada.

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