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Un peronista pragmático que habla con todos y no se pelea con nadie

Martín Dinatale
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29 de octubre de 2007  

Como un latiguillo constante Daniel Scioli dice: "Yo hablo con todos y no me peleo con nadie". La frase se convirtió en su estilo de vida y hasta ahora le dio buenos resultados en la política: desde 1997 fue dos veces diputado; luego fue vicepresidente; hoy ganó la gobernación bonaerense y es muy probable, aunque no lo diga en público, que intente ser candidato a presidente en 2011, siempre que la suerte lo acompañe.

Y a Scioli la suerte parece acompañarlo en su zigzagueo político. Sobrevivió al menemismo, al duhaldismo y cuando todos pensaban que los Kirchner lo abandonaban se le aferró para sostener la candidatura de Cristina Fernández desde Buenos Aires.

El electo gobernador bonaerense, que nació en 1957 en un hogar de clase media porteño, tuvo la misma suerte en el deporte hasta que sufrió un accidente. Desde 1986 practicó motonáutica y ganó 8 campeonatos mundiales. Pero en 1989, cuando corría en el río Paraná, tuvo un accidente y perdió su brazo derecho. Desde allí, su vida cambió. Comenzó a trabajar como asesor de negocios de la compañía suiza Electrolux. Su empresa familiar de electrodomésticos Scioli Internacional había quebrado.

Dicen quienes lo conocen que el accidente lo convirtió, tras varias sesiones de psicoterapia, en una persona desafiante y optimista. Su primer desafío fue saltar a la política cuando en 1997 Menem lo convocó para ser diputado.

Scioli fue un ferviente menemista. Pasó a formar parte de la farándula y a figurar en un semanario político y en revistas de chismes, sobre todo si de comentarios sobre su esposa y modelo, Karina Rabolini, se trataba.

Le costó adaptarse a la liturgia peronista. Al principio no conocía ni la letra de la marcha. Pero se aggiornó rápido e incorporó un discurso que roza lo superficial y evita la confrontación, como anoche, que habló llanamente y con tono optimista. Adoptó también el pragmatismo del PJ con una visión empresarial que lo ayudó a presentarse como eficiente y a hacer de los cargos una plataforma de marketing político.

En Diputados entabló una gran amistad con Hilda "Chiche" Duhalde y se posicionó en la Comisión de Deportes. En 2001, cuando el menemismo estaba en decadencia se aferró a Duhalde y logró su reelección como diputado. Luego estallaría la crisis y se posicionaría en la Secretaría de Deportes en la Casa Rosada con el caudillo bonaerense.

¿Cuál es el verdadero Scioli? ¿El que defendió el modelo menemista o el que se sustentó en el PJ bonaerense y Duhalde para llegar a la vicepresidencia acompañando a Néstor Kirchner en los comicios de 2003? Nadie lo sabe. Su transfiguración a veces sorprende a sus allegados. Lo mismo que su templanza para enfrentar vendavales.

Con Kirchner en el poder tuvo que sortear en silencio el vapuleo presidencial, que se hizo público por mostrarse en favor de un aumento de tarifas en las empresas de servicios públicos.

Distanciamiento

En agosto de 2003, el Presidente lo despojó a Scioli del manejo de la Secretaría de Deportes, sus ex asesores fueron investigados por la Oficina Anticorrupción y fue denunciado en el recinto del Senado por la primera dama por liderar una supuesta operación de prensa para desprestigiarla. Aquel hecho nunca se comprobó, pero el vicepresidente se llamó a silencio, evitó confrontar con los Kirchner y se dedicó de lleno a la tarea que más le gusta jugar: la de hacer relaciones públicas.

Usó su traje de vicepresidente para ocupar el espacio que Kirchner rechazaba. Invitaciones a las embajadas, viajes protocolares y almuerzos con empresarios. Scioli entabló así un diálogo fluido con la embajada de los Estados Unidos y con diplomáticos europeos con los que el Presidente nunca dialogó. A la vez, convirtió al Senado en un centro de atracción al entregar premios a figuras como Sandro o Maradona.

Scioli jamás formó parte de la mesa chica de decisiones del Gobierno y muchas veces se enteró por los diarios de medidas que tomó Kirchner.

En 2005 se preparó para la pelea porteña. Armó un equipo de 120 asesores en su casa del Abasto. Pero la necesidad de los Kirchner hizo que convocara a Scioli por ser uno de los políticos con mejor imagen. Hubo borrón y cuenta nueva. Le pidieron que desanduviera su pelea porteña para meterse en la batalla bonaerense. Su pragmatismo lo convirtió en un experto del conurbano. Volvió a ser un ferviente kirchnerista aunque sus allegados dicen que sigue hablando con Menem y Duhalde.

Hoy tiene en su haber el poder que dan los votos. Habrá que ver si desde La Plata logra mantener su lema de hablar con todos y no pelearse con nadie.

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