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Sospechas sobre la santidad del padre Pio

Revelan objeciones de Juan XXIII
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30 de octubre de 2007  

ROMA.- Cuatro notas escritas por Juan XXIII relativas a informaciones recibidas sobre el padre Pio, reveladas por el historiador Sergio Luzzatto en el libro Padre Pio. Milagros y política en la Italia del novecientos , despertaron un vivo interés y nuevas polémicas sobre el sacerdote franciscano canonizado en 2002.

En su libro, de próxima aparición y cuyo contenido ya fue anticipado en la prensa italiana, el autor revela testimonios que sacan a la luz las diversas miradas que en la propia Iglesia había sobre la figura de este santo muy popular en Italia y en otras partes del mundo, incluida la Argentina.

Las severas acusaciones, que incluyen relaciones con una mujer, no habrían sido atendidas durante los procesos de beatificación y canonización aprobados por Juan Pablo II.

"Hoy recibí informaciones gravísimas de monseñor Parente con respecto al padre Pio y San Giovanni Rotondo", escribe Roncalli el 25 de junio de 1960, en una de sus notas personales reveladas por Luzzatto.

"Con la gracia del Señor, yo me siento calmo y casi indiferente como frente a una enorme y dolorosa locura religiosa, un fenómeno preocupante que se encamina hacia una solución providencial" son las palabras del pontífice, que desde hacía tiempo pedía informaciones sobre el sacerdote franciscano.

"Lo siento por el padre Pio, que de todas maneras tiene un alma que hay que salvar y rezo intensamente por él", dice Juan XXIII en sus anotaciones, en las que revela, alarmado, el descubrimiento de parte de sus informadores de "relaciones íntimas e incorrectas con mujeres que constituyen su guardia pretoriana".

Hacía meses que el papa Roncalli recibía informaciones sobre el círculo de mujeres que rodeaba al sacerdote, un tema que lo preocupaba mucho más que los estigmas que el padre tenía en las manos, en los pies y en el cuerpo.

Según el autor del libro, Juan XXIII escribió en sus anotaciones personales palabras de fuego, al sentir que "lo que sucede en San Giovanni Rotondo es un inmenso engaño" y "un desastre para las almas". El informador del papa era Pietro Parente, asesor del Santo Oficio, quien a pedido del propio Juan XXIII había grabado algunas conversaciones en San Giovanni Rotondo, donde el sacerdote recibía ya miles de fieles, no sólo de Italia sino de todo el mundo.

Los apuntes de Juan XXIII son una de las partes más importantes del libro de Luzzatto, un laico de origen judío ajeno a los ambientes religiosos, que durante seis años estudió la vida del sacerdote de Pietrelcina.

El investigador evoca la desconfianza que el sacerdote franciscano, de carácter hosco y esquivo, despertó en los pontífices Benedicto XV y Pio XI. Pio XII alentó la devoción, fuertemente contrastada por Juan XXIII. Su sucesor, Pablo VI, le dio "plena libertad" para cumplir con su ministerio y con la gran obra de la Casa Alivio de los Sufrimientos, un moderno hospital al que hoy acuden pacientes de todo el mundo. Por su parte, Juan Pablo II siempre fue muy devoto del sacerdote de Pietrelcina y en su pontificado lo elevó al honor de los altares.

Los problemas para el padre Pio habían comenzado en 1920, cuando el Santo Oficio había enviado al padre Agostino Gemelli, un jesuita médico y psicoanalista, fundador de la Universidad Católica, a examinar al sacerdote con los estigmas que tanto preocupaba al Vaticano.

El veredicto del padre Gemelli fue lapidario: "Se trata de un hombre enfermo", un místico de clínica psiquiátrica. Más tarde, el hallazgo de que el sacerdote hacía uso secreto de ácido fénico, una sustancia fuertemente irritante, para curarse las heridas de los estigmas, provocó la sospecha de que se tratara de un caso de autolesiones.

Estos temas tratados en el libro de Luzzatto ya se conocían, advirtió el estudioso católico Vittorio Messori en el Corriere della Sera , aunque considera que la obra tiene "una gran seriedad investigativa y contempla en toda su importancia el fenómeno del padre Pio".

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