Antín, el maestro que no tuvo maestros

Realizó 10 films, dirigió el Instituto Nacional de Cinematografía y preside la Fundación Universidad del Cine
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30 de diciembre de 2007  

Resulta que el hombre que últimamente auspició las películas paradigmáticas del joven cine argentino y que en esa condición produjo seis largometrajes, más de mil cortos y cerca de 1500 videominutos, afirma que como director de cine nunca tuvo éxito. Manuel Antín, orgulloso director de la Fundación Universidad del Cine (FUC) realizó diez films y sólo uno, Don Segundo Sombra, reunió a 3 millones de espectadores en 15 semanas de exhibición céntrica. Pero eso es historia: sucedió a fines de la década del 60. A fines de diciembre pasado, en la entrega de los premios del concurso Telefé Cortos, Antín recibió un inesperado pero justificado premio por parte de sus discípulos, que lo aplaudieron desde el escenario. Unos días después, ante LA NACION, aseguró que seguía conmovido por aquel tributo de jóvenes realizadores formados en su centro, como, entre otros, Albertina Carri, Rodrigo Moreno, Paula Hernández, Damián Szifrón, Ariel Rotter y muchos más. "En esos directores me encontraba a mí mismo cuando joven. Cada uno de ellos me recuerda una etapa de mi vida e, incluso, la búsqueda de mi destino. Yo no tuve maestros. Sólo fui desde la década del 50 un hijo literario de Julio Cortázar", afirma quien se inició como escritor y desde 1960 realizó La cifra impar , Circe e Intimidad de los parques , películas cuyo origen fueron textos de Cortázar. Durante años permaneció conectado con Cortázar a través de la correspondencia y, en algún momento, cuando el escritor vio la versión de La cifra impar (basada en "Cartas de mamá", incluido en Las armas secretas ) lo gratificó con un agradecimiento también impar: "Pibe -le dijo-, recién ahora entendí mi cuento".

En 1982, comenzó a militar en el radicalismo y cuando Alfonsín fue elegido presidente lo invitó a ponerse al frente del Instituto Nacional de Cinematografía, cargo en el que estuvo hasta 1989, un período en el que, afirma Antín, se hicieron grandes películas que ganaron más de 200 reconocimientos internacionales, uno de ellos de porte singular, en 1986, el Oscar a La historia oficial , de Luis Puenzo, como mejor película en lengua no inglesa. "Allí aprendí el oficio de ayudar a hacer cine, que es lo mismo que hago en la Universidad. Pero ahí también dejé de mirarme el ombligo y comencé a pensar en los otros. Cuando asumí, una de las primeras cosas que pedí fue un fax (todavía no existía Internet) para enviar informaciones a todo el mundo. Había que darlo a conocer, internacionalizar el cine argentino", dice.

En 1991, ya alejado de la función pública, creó la FUC y desde entonces se graduaron cerca de 2000 alumnos. En este momento cursan 1000 alumnos; 460 de ellos extranjeros, más de 200 europeos y americanos. Antín define así su escuela: "Un puente para los jóvenes; un órgano de fomento, de producción, con un extraordinario equipamiento. No debe haber una escuela de cine en el mundo donde se ponga tanto énfasis en la enseñanza de materias humanísticas". Y de este modo retrata a sus alumnos: "Jóvenes en estado de cine, que consiguieron altísima ocupación laboral, llenaron los canales, las productoras. Pero también alumnos seriamente afectados por una instrucción previa muy mediocre".

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Pero ¿qué pasa con una industria que es capaz de generar (como ocurrió en 2007) 80 producciones anuales que no cuentan con el necesario respaldo de público? Antín aclara que, salvo en Francia, por una política de autodefensa natural, ningún país ve su propio cine. Y eso, según él, tiene una explicación clara: "Hay una virtual dominación del cine de Hollywood que ha invadido la mayor parte de los espacios de exhibición". Y agrega: "Lo que falla entre nosotros es el modo de encarar la exhibición. Los norteamericanos tienen claro desde hace muchos años que buena parte del presupuesto de una película tendrá que dedicarse a la promoción, que no sólo quiere decir publicidad. Por eso, en la carrera incluimos una materia que consideramos fundamental y que es Producción Ejecutiva".

No pocas personas -ciudadanos que están cercanos o no al mundo del cine- se resienten por el hecho de que créditos oficiales provenientes de un fondo de fomento que se solventa con un porcentaje del valor de cada entrada vendida, más aportes de canales de televisión y de videoclubes, financien películas argentinas que luego, en muchos casos, son casi totalmente ignoradas por el público. Antín rechaza esta crítica: "Eso a mí no me hace ruido. Me haría ruido, en cambio, que el cine argentino no existiera. Por suerte que está nuestro cine, que explica a este país bastante inexplicable en tantos aspectos". Para Antín, la tarea de fomento cinematográfico que lleva a cabo la provincia de San Luis merece el calificativo de ejemplar y recomienda su aplicación a otras provincias. "Les iría mucho mejor como provincias y a nosotros como país", añade.

Aunque no hace tanto pensaron con uno de sus hijos (Juan, director de cine animación, realizador de Marcano el marciano ; su otra hija, María Marta, es la secretaria de extensión de la escuela) la posibilidad de realizar la obra magna de Cortázar, Rayuela , en un formato que dé posibilidades de participación digital, Antín asegura que no tiene ganas de volver a dirigir. "Es algo para que lo hagan los jóvenes", apunta y revela lo que será el siguiente proyecto importante de la escuela. En algún momento de 2008 inaugurará en el mismo pasaje Giuffra, en San Telmo, una sala de cine arte de 250 butacas, a la que el público podrá acceder gratuitamente.

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